• POR EL DR. JUAN CARLOS ZÁRATE LÁZARO
  • MBA
  • Consultor Financiero

Uno de los ejes estratégicos pri­marios desde el punto de vista de riesgos de crédito se refiere a que las instituciones financieras deben con­tar dentro de su plantilla con un equipo de funcionarios que muestren la capaci­dad y experiencia necesaria de análisis crítico de las principales áreas de riesgos de sus clientes, observando proactividad en la detección oportuna de potenciales problemas que puedan suscitarse en los créditos desembolsados.

Se rigen por los parámetros establecidos en su proceso crediticio institucional y la Resolución 1/08 del BCP vigente a la fecha, que engloba las clasificaciones adversas y porcentajes de previsiones de las deu­das de los clientes que operan tanto den­tro de la banca corporativa como de con­sumo (retail).

El negocio de estas entidades no debe cir­cunscribirse al otorgamiento de créditos de corto plazo, destinados a financiar necesidades de capital de trabajo, sino también estar enfocadas a préstamos de mediano y largo plazo y que incorpo­ren además a las pymes para poder lle­var adelante los planes de crecimiento/expansión de sus actividades, cuidando no caer en el error de tomar un préstamo de corto plazo, cuando que en el fondo el propósito real se concentra en financiar inversiones en activo fijo o de capital estructural, donde la fuente primaria de repago de estos últimos provienen de las utilidades y no del producido de sus facturaciones.

Coyunturas desfavorables a nivel macro­económico afectando en forma directa a nuestra microeconomía, como aconteció con la pandemia sanitaria, han obligado a muchas empresas y entidades financie­ras a tener que refinanciar o reestructu­rar sus deudas para evitar desmejorar las clasificaciones de sus activos de riesgos, derivado de factores incontrolables como ha sido el covid-19.

Necesitamos seguir expandiendo y for­taleciendo nuestra economía al igual que la gestión de nuestras empresas, no solamente para satisfacer la demanda del mercado doméstico, sino apuntando a un mayor crecimiento hacia afuera, lo cual podrá seguir dándose en la magnitud deseada si las instituciones financieras locales apuestan con confianza, en las mismas y en la capacidad profesional y carácter de los que tienen a su cargo la responsabilidad de dirigirlos.

Resulta difícil decir que para una enti­dad financiera no existe riesgo crediti­cio pues se da hasta en países de primer mundo con niveles tecnológicos, huma­nos y desarrollo macro y microeconómico son superiores al nuestro. Riesgo CERO en la práctica no existe. Lo importante es que, a través de mecanismos de evalua­ción y seguimiento adopten una actitud proactiva y no reactiva.

Para la detección oportuna de señales que muestren debilidades en la estruc­tura de un crédito (persona jurídica y/o física) es recomendable que se tenga en cuenta los siguientes aspectos que puedan tornar los riesgos de créditos a niveles no superiores a los norma­les. a) factores gerenciales; b) factores financieros; c) factores industriales y d) factores de negocios; e) mucho “sen­tido del olfato”.

Una gestión exitosa de los créditos pro­blemáticos depende de su pronto recono­cimiento y que a veces no se dan porque algunas entidades descuidan o no prio­rizan al nivel necesario la observancia de los criterios básicos que lo engloban la concesión de préstamos sin un propó­sito claro y definido. En créditos hay un axioma que dice: No hay tasa de interés que pueda compensar razonablemente una financiación mal estructurada.

Esperamos que el actual gobierno le pueda dar toda la fuerza, proactividad y profesionalismo al crecimiento cuali/cuantitativo de nuestra economía, pues a nivel país tenemos suficiente poten­cial muchos de ellos dormidos, por falta de apoyo e incentivos que apunten a un proceso de industrialización cada vez más fuerte, diversificado y expansivo.

Ahora, que hemos accedido al grado de inversión, es de suponer que todo sería mucho más factible, debiendo las auto­ridades económicas dar a los potencia­les inversionistas extranjeros el marco necesario de seguridad jurídica y que la debilidad estructural de nuestras insti­tuciones puedan ser superadas teniendo dentro de su plantilla a capital humano de calidad, dejando atrás las prebendas y populismo que mucho daño ya nos han hecho.

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