• Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Vivimos tiempos indudablemente desafiantes para criar hijos con capacidad de poder escalar en la vida. La falta de identidad, los complejos, los vicios y el mismo sistema les empuja a la mediocridad. Pero más allá de que ellos sean exitosos según términos humanos, es fundamental estar seguros de que son salvos, que conocen a Cristo y desean vivir una vida de dependencia hacia Él.

Formar hijos con fundamentos bíblicos es una tarea activa e indelegable que requiere intencionalidad diaria, ejemplo propio y amor constante para modelar su identidad en Cristo.

La Biblia presenta la crianza no como un conjunto de reglas rígidas, sino como una relación diaria orientada a guiar el corazón de los hijos hacia Dios.

Los pilares claves para la crianza bíblica son varias, pero si tenemos una enseñanza constante y aprovechamos los momentos cotidianos para hablar de Dios, al levantarse, al comer o al caminar, integrando la fe con naturalidad en el día a día (Deuteronomio 6:7).

No tenemos que delegar lo espiritual. Debemos asumir que la formación espiritual es responsabilidad directa de los padres, no de la escuela, la iglesia o las pantallas.

El moldear con el ejemplo es fundamental. Se sabe que los hijos aprenden más con lo que ven de lo que escuchan. El peso de la autoridad es fundamental. Viva los valores bíblicos antes de exigirlos; los hijos aprenden más de lo que ven en casa que de los discursos.

La disciplina con gracia es otro aspecto importante. Corrija para restaurar y guiar el corazón, evitando la ira, los gritos o el castigo humillante que amarga el espíritu (Efesios 6:4).

Una de las cosas que más carece esta generación es afirmación e identidad. Tenemos que orar y declarar en público y privado el valor que su hijo tiene para usted y para Dios, protegiendo su autoestima (Colosenses 3:21).

Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. La instrucción temprana es fundamental porque el niño es como un cemento fresco, lo que marques al principio quedará para toda la vida.

La instrucción temprana es fundamental. Según Deuteronomio 6:6-7 dice: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

En Efesios 6:4 también encontramos un principio fundamental en una disciplina equilibrada sin ser injustos, sino equilibrados. Tenemos que establecer límites claros pero equilibrados, sin injusticia y dice: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.

El Salmo 127:3 dice: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. Nunca tenemos que tomar la vida de nuestros hijos como una carga, tenemos que sentirnos bendecidos y privilegiados de tenerlos. Sí, es un desafío, tiene sus luchas, pero son una bendición de Dios para nuestras vidas.

Si queremos ser exitosos en algo, debería de ser poder formar a nuestros hijos en una espiritualidad profunda, convicciones firmes, valores fuertes y un carácter maduro.

Los padres que logran esto, aunque no hayan podido dar todo lo material a sus hijos, pueden considerarse exitosos y una tarea culminada. Debemos volver a poner las prioridades en orden en esta generación que tanto carece de padres instructores, más aún si nos consideramos padres cristianos.

Etiquetas: #hijos#desafíos

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