DESDE MI MUNDO

  • Por Carlos Mariano Nin
  • marianonin@gmail.com

Hace frío. Son los últimos días tal vez. El cartel de una estación de servicios marca 12 grados, pero en la televisión advierten que la sensación térmica es aún más baja: quizás diez o un poco más.

Como cada mañana, conduzco al trabajo, pero me dan ganas de no haber salido de casa. Las calles están vacías a simple vista. Pero un ejército de sombras deja al descubierto que el frío castiga con dureza a los más pobres.

Y me preocupa.

Me preocupan los indígenas. Me preocupan los niños en las calles y sé que es casi imposible ponerme en su piel, sentir el frío hasta el dolor y no tener esperanzas.

Es una realidad cotidiana. Y, sin embargo, pienso que no estamos haciendo lo suficiente.

Cuando llegue al trabajo, ese ejército será parte de una estampa habitual.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, casi un millón de personas viven en situación de pobreza monetaria en Paraguay. Son 985.126 personas, el 16 % de la población. De ellas, unas 147.000 viven en pobreza extrema.

Pero los números no dicen que tienen frío, tampoco dicen que tienen hambre.

Los números tampoco dicen cuántos niños pasan la noche en la calle, debajo de un techo improvisado o buscando refugio donde pueden.

Y los pobres siempre están desprotegidos.

También hay que reconocer que desde el Gobierno se están impulsando iniciativas como “Semillas del Futuro”, el programa de primera infancia promovido por el presidente Santiago Peña, que contempla la construcción de cien Centros de Atención Integral en todo el país, con servicios de salud, nutrición, estimulación temprana y acompañamiento a las familias. Es un paso importante.

Pero todavía falta mucho. Porque mientras construimos centros para cuidar a nuestros niños, hay otros que siguen pasando frío en las calles.

Me pregunto: ¿se habrán vacunado? ¿Tendrán un lugar donde dormir esta noche? ¿Habrá alguien que pueda llevarlos a un hospital si se enferman?

Manejo por la avenida General Santos y veo moverse las estadísticas.

Silenciosas sombras pidiendo monedas.

“Estamos estancados en un reclamo repetitivo hasta el cansancio”.

Las bajas temperaturas afectan principalmente a los niños, a las personas asmáticas, alérgicas, a los adultos mayores y a las embarazadas, que deben aumentar los cuidados para prevenir infecciones respiratorias.

Y parece un chiste de mal gusto, pero ¿cómo se lo decís al que no tiene nada? ¿Cómo le decís que se abrigue cuando no tiene una frazada? ¿Cómo le decís que se quede en casa cuando la calle es su casa?

El día pasa más de prisa de lo que yo quisiera. La noche va cubriendo todos los rincones.

Va terminando mi jornada y regreso a casa.

La historia se repite a la inversa, pero con los mismos protagonistas y el mismo desenlace.

El día desnudó una realidad que un manto de oscuridad volverá a tapar para el común de la gente.

Pero la oscuridad no hace desaparecer el frío. Tampoco el hambre.

No hace desaparecer a esos niños.

Y mientras nosotros cerramos las puertas de nuestras casas buscando calor, en la calle cientos de niños intentarán sobrevivir a una nueva noche.

Pero esa… es otra historia.

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