- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- Consultor financiero
En todos los órdenes de la vida hay una ley que debe regir favorablemente: predicar con el ejemplo.
El que nos recomienda un traje debe llevarlo y el que nos indica que una novela es sugestiva o que un libro es interesante, para que su recomendación surta efecto y tenga razón de ser, debe haberlo leído.
En los negocios esta cualidad constituye un punto esencial, es un factor decisivo para la obtención del éxito; el comerciante que no sea el primer convencido de la bondad de los productos que los vende está condenado al fracaso.
Un individuo piensa en un negocio; un pequeño establecimiento en una arteria concurrida, en la que la afluencia de público hace concebir halagüeñas esperanzas.
Si siente entusiasmo, si está plenamente convencido de que podría obtener buenos resultados, arregla con gusto y arte sus escaparates, pone el alma en la organización de la empresa, cuida hasta los más pequeños detalles, comunica su convicción a los empleados a sus órdenes y en todos los semblantes se nota el ansia de servir, el afán de cumplimentar al primer cliente que ingrese al establecimiento.
Si no está convencido de que el éxito coronará sus esfuerzos, trata los asuntos del establecimiento con desgano, deja que en los escaparates se eternicen las mercancías, comunica su desidia y disgusto a los dependientes y sirve de mal grado al cliente, pensando que su esfuerzo es nulo, ahuyentando con su trato seco y desabrido a las personas que ingresan a la tienda.
El entusiasmo es el factor decisivo para el éxito; él allana las dificultades, cada obstáculo constituye un incentivo para redoblar los esfuerzos.
Quien pretenda triunfar, quien quiera labrarse una posición, deberá tener como norma el entusiasmo, deberá hacer su trabajo con convicción, seguro de que es apto para el lugar a que aspire. Es el factor del éxito; sin él difícilmente podría lograrse nada.
El entusiasmo en las empresas es un motor clave que mejora el rendimiento, la innovación y el clima laboral al aumentar el compromiso, la motivación y la productividad de los empleados, inspirar el trabajo en equipo y fomentar una actitud positiva hacia los desafíos, con beneficios que se extienden a la satisfacción del cliente y el cierre de ventas
- Incrementa el rendimiento y la productividad: los empleados entusiastas trabajan con más energía, se concentran mejor y se involucran más en los objetivos, lo que eleva la productividad general de la empresa.
- Mejora el ambiente laboral: crea un entorno colaborativo, reduce la conflictividad y la ansiedad, y fortalece la comunicación y el trabajo en equipo.
- Fomenta la innovación y la creatividad: la pasión y la curiosidad natural que acompañan al entusiasmo impulsan a los trabajadores a ver los desafíos como oportunidades y a proponer nuevas ideas.
- Potencia el liderazgo: los líderes entusiastas inspiran y motivan a sus equipos, transmitiendo confianza y compromiso, lo que es crucial para alcanzar la excelencia.
- Impacta en las ventas y el cliente: el entusiasmo del equipo de ventas se contagia a los clientes, generando confianza y cerrando más negocios.
- ¿Cómo se manifiesta el entusiasmo?
- Efecto contagio: la pasión de un individuo se transmite a sus compañeros, creando una cultura de entusiasmo en toda la organización.
- Activación cerebral: desencadena la liberación de dopamina, mejorando el estado de ánimo, la concentración y la capacidad de resolver problemas.
- Actitud proactiva: implica energía, disposición para asumir retos y ver obstáculos como oportunidades de crecimiento.
¿Cómo fomentarlo?
- Estableciendo objetivos claros y pequeños que generen satisfacción al cumplirse.
- Empoderando a los empleados para que se sientan importantes y se desarrollen dentro de la empresa.
- Creando una cultura donde todos se sientan responsables de contagiar y mantener el entusiasmo.