- Por Carlos Mariano Nin
- Columnista
- marianonin@gmail.com
Hay una silla que nadie volvió a ocupar, una cama que quedó tendida, un plato que, quizá, todavía alguien guarda en la cocina, porque a veces cuesta aceptar que ya no hace falta ponerlo en la mesa.
Y me da vueltas una pregunta que no aparece en ninguna estadística: ¿quién le explica a un niño que mamá no va a volver?
Hasta agosto en Paraguay 17 mujeres fueron víctimas de feminicidio.
Diecisiete nombres, historias que alguna vez tuvieron un cumpleaños, sueños, discusiones, abrazos, planes para el domingo y alguien que las esperaba en casa.
Y hay un número que me golpea todavía más fuerte: 33 hijos quedaron detrás de esas mujeres. 24 de ellos son menores de edad.
Detrás de cada uno hay una infancia que cambió para siempre.
Al final, cuando una madre es asesinada, no muere solamente la mujer.
Se rompe una familia, se quiebra la infancia.
Los números del Ministerio Público sobre feminicidios dados a conocer esta semana cuentan que 13 de las víctimas eran madres. Algunas murieron dentro de sus propias casas; otras, en la vía pública. Fueron asesinadas con armas blancas, armas de fuego, golpes y asfixia.
Pero ninguna estadística puede contar lo que sucede después.
Los números no pueden registrar el momento en que un niño pregunta por su madre, ni se puede medir el silencio de una casa después del crimen.
Nadie, absolutamente nadie puede poner en una planilla el miedo con el que una hija volverá a escuchar una discusión, tampoco podrá explicar cómo se aprende a crecer cuando la persona que debía enseñarte a vivir fue arrancada de tu vida.
Y entonces aparecen otras cifras.
25 tentativas de feminicidio. Son las mujeres que sobrevivieron y que tuvieron una segunda oportunidad.
Hoy deberíamos aprender a ver las señales, a enseñarle a nuestras hijas que las discusiones, las peleas pasadas de tono y los golpes no son normales. Que el control a veces se disfraza de amor, de celos presentados como preocupación.
En todos los casos el principal error es esperar a que ocurra la tragedia para entender que había señales.
Los datos dicen que los principales agresores fueron parejas y exparejas.
Eso también debería obligarnos a mirar más cerca.
En la mayoría de los casos el peligro no está en una calle oscura ni viene desde un desconocido. A veces tiene la llave de la casa, conoce la rutina… y alguna vez hasta dijo “te amo”.
Por eso hablar de feminicidio no puede ser solamente hablar de mujeres asesinadas.
Tenemos que hablar de prevención, de educación, de protección.
De intervenir antes. De entender que una amenaza no es una exageración cuando quien la recibe tiene miedo.
Pedir ayuda no debería convertirse en una carrera contra el tiempo.
Hoy hay 17 mujeres menos. Pero también hay 33 hijos que tendrán que aprender a vivir con una ausencia que ellos nunca eligieron.
Veinticuatro son niños.
Y cuando pienso en ellos, me cuesta volver a mirar estas cifras como simples números.
Debemos dejar de contar a las mujeres muertas y los niños huérfanos.
El desafío es conseguir que la próxima estadística sea cero.
Que ninguna silla quede vacía para que ningún niño tenga que aprender tan pronto el significado de la palabra feminicidio.
Una vida salvada no aparece en ninguna estadística. Pero alguien vuelve a casa.
Una madre vuelve a abrazar a sus hijos.
Y una silla... vuelve a estar ocupada.
Pero esa es otra historia.
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Jesús y las mujeres
- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
Se suele escuchar acusaciones al cristianismo con respecto al trato y lugar que este da a la mujer. Muchos acusan al cristianismo de ser una religión machista y hasta misógina.
Sin embargo, podemos encontrar en la vida de Jesucristo que ningún líder espiritual en la historia defendió, honró y levantó tanto a la mujer como Él lo hizo. Él les dio apertura para que sirvan a Dios y no sean marginadas del ministerio.
La relación de Jesús con todo tipo de mujeres en los evangelios es asombrosa.
Muchas mujeres ayudaban a Jesús en su ministerio (Lc 8.1-3). Salvó a una mujer adúltera de ser apedreada y la perdonó (Juan 8.1-11). Puso a las mujeres como ejemplo de perseverancia y conquista (Lucas 18.1-8). Sanó a una mujer con flujo de sangre que le había tocado, liberándola no solo de su enfermedad física, sino también de la discriminación y aislamiento social (Marcos 5.25-34).
Restauró a prostitutas como María Magdalena y la mujer que mojó sus pies con perfume (Mateo 26.6-13). Una mujer decente no podía tocar físicamente a un rabino, ¡cuánto más no debería hacerlo una prostituta! Sin embargo, Él la dejó, pues un hombre tan íntegro y libre de pasiones pecaminosas no podía darle cabida en su ser ni al prejuicio ni a la concupiscencia.
Sanó a la hija de Jairo, resucitó al hijo de la viuda de Naím, porque se compadeció de ella más que del difunto (Lc 7.13). Sanó a otra mujer en un día de reposo –algo no permitido por los fariseos– de un espíritu de enfermedad (Lc 13.10). Puso como ejemplo de caridad y devoción a la ofrenda de una mujer viuda (Lc 21).
Habló con una mujer cinco veces divorciada y actualmente concubinada, para que fuera la más grande evangelista y su primera seguidora en Samaria (Juan 4.1-42). Es interesante notar que la mujer samaritana se sorprendió de que un rabino judío le dirigiera la palabra, más aún a ella, por ser samaritana (pagana) y una mujer de mala reputación. Jesús rompió todos los prejuicios y entabló una conversación liberadora con ella.
Abolió la poligamia, condenó el adulterio y fue un paso más allá: prohibió a los hombres siquiera fantasear o “ratonear” o ser “babosos” (no hay nada peor que un “baboso”, dicen las mujeres) con una mujer que no fuera su esposa, lo cual hizo y hace que el hombre respete y honre a su mujer, no avergonzándola al mirar a otra que no fuera ella (Mateo 5.27, 28). La igualó en derechos y en importancia como al hombre delante de Dios (Gálatas 3.28).
Ordenó a unos de sus discípulos que protegiera a su madre, teniendo cuidado de ella antes de que Él muriese (Juan 19.25-27). Las puso en el ministerio y se preocupó de las viudas y huérfanos, enseñándonos que el ayudar a una mujer desamparada era la verdadera práctica religiosa (Stg 1.17). Atendió las necesidades de las mujeres paganas, como aquella que clamó que sanara a su hija epiléptica, y perdonó sus pecados (Mateo 15.21:28).
Sus primeras apariciones después de resucitado fueron a las mujeres (Juan 20). Comparó a la mujer con la Iglesia y ordenó a los hombres honrar proteger y amar como a sí mismos a sus mujeres y como Él amó a la Iglesia, al punto de morir por ella. Les dio la bendición de ser “coherederas de la vida” junto con Él (1 Pedro 3.7).
Todas las mujeres del mundo, creyentes y no creyentes, le deben mucho a Jesús. A lo largo de su ministerio y vida, Él hizo mucho por las mujeres: las atendió, las sanó, se preocupó de sus necesidades y les dio una identidad y un lugar como hijas de Dios.
Toda mujer que quiera sentirse dignificada, valorada, amada y respetada, encuentra en las enseñanzas de Cristo gran consuelo y esperanza.
Jesús, un verdadero visionario de los derechos de las mujeres.
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Feminicidio: un flagelo anclado en el machismo estructural de la sociedad
- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Archivo / Gentileza
Derribar aquello de que el hombre manda/mujer obedece es clave para enfrentar el flagelo del feminicidio. La violencia de género tiene en estos crímenes su desenlace más extremo, la punta del iceberg. Subyacen allí controles cotidianos, humillaciones, aislamiento, amenazas, dependencia económica, miedo, celos naturalizados, violencia psicológica, golpes, acoso, persecución, silencios familiares e instituciones que llegan tarde. Aquí el análisis de tres especialistas.
El cuadro social determina comportamientos, coinciden las especialistas consultadas para este informe. El machismo estructural es la respuesta principal al por qué se sigue matando de la manera aberrante que se vio en el profusamente televisado caso de Deisy Giménez.
Entendiendo esto, se preguntó por qué el duro castigo previsto no detiene estas acciones, a qué se debe la insuficiencia de lo punitivo. Raquel Samudio, del departamento de Psiquiatría y Psicología Forense del Ministerio Público, explica que “la mayoría de los feminicidas no tienen una enfermedad mental que anule su comprensión o su voluntad, saben lo que hacen. Entonces, atribuir esto a un trastorno desplaza la responsabilidad y además estigmatiza a las personas que tienen un sufrimiento mental que en la mayoría de los casos son víctimas y no victimarios”.
“El agresor no hace un cálculo racional de los costos, actúa desde una lógica “si no es mía no es de nadie”. Entonces, la pérdida de control sobre la mujer lo vive como algo intolerable. Por esto es que no es raro que después se autoeliminen porque no es que les importe el castigo, sino que su objetivo es eliminar ese objeto que perdieron. Entonces esto también es muy importante porque la respuesta no puede ser solo penal, tiene que ser preventiva y tiene que ser temprana”, señala.
De su experiencia, describe que en los feminicidas suelen verse rasgos como “posesividad extrema o celos, baja tolerancia a la frustración, dependencia emocional que muchas veces se disfraza como de dominio, como la necesidad de dominar en realidad porque dependen emocionalmente de la otra persona y creencias rígidas sobre los roles de género”. También se dan “antecedentes de violencia previa, en algunos casos hay consumo de sustancias, que no es en sí misma la causa de la violencia, pero sí la agrava”, agrega.
HISTORIAS EN BUCLE
Myrian González desde hace más de 20 años es redactora del capítulo “Derecho de las mujeres a vivir libres de violencia” para el informe anual de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy).
Describe entonces que el feminicida “se ciega ante lo que considera una afrenta a su hombría. Muchas veces le da vergüenza que otros hombres le consideren inútil, débil, por permitir que la mujer sea ‘juru guasu’, no baje la cabeza, no se calle, denuncie, le abandone”, describe.
“Según mi análisis, no es que sufre por amor, porque le dejaron, ni porque tiene algún descontrol psíquico. Lo que le pasa es que ve en peligro su hombría, él no puede actuar como un pelele, el mandato cultural masculino le dicta que él es el que manda sobre su novia o mujer. Siente que se le rompe el mandato tradicional del macho, del hombre de la casa”, dice describiendo el cuadro.
EDUCACIÓN
González, que es directora del Centro de Documentación y Estudios (CDE), entiende que “un problema principal es la ausencia, la falta de una educación igualitaria, que es responsabilidad del Estado”.
Agrega que la “educación machista es resultado de esa cultura que valora de manera diferenciada a mujeres y hombres. El Estado, con sus ministerios y políticas públicas, es responsable de no promover la educación igualitaria. Esto es, mirando la realidad con perspectiva de igualdad de género”, describe.
“Se debe visualizar, comprender y aceptar que esas diferencias entre mujeres y hombres generan discriminación y desigualdades y que estas se traducen en que las niñas tienen que portarse bien y no “tentar” a los varones, las mujeres deben obedecer a sus esposos para que no se enojen, las jóvenes no tienen que provocar sexualmente a los hombres vistiéndose de x forma, ni salir solas o a la noche. Esta es la cadena que somete a mujeres y envalentona a los hombres”, apunta llamando a la transformación de esta matriz.
IRRESPONSABILIDAD ESTATAL
Monserrat Fois es antropóloga social y preside la Asociación Paraguaya de Investigadoras Feministas (APIF). Considera que una de las dimensiones más graves del problema “es la abrumadora irresponsabilidad del Estado porque no estamos frente a un fenómeno desconocido ni mucho menos inexplicable. Existen décadas de investigación en estudios de género, en sociología, antropología, en derecho y en políticas públicas que permiten comprender cómo se producen y reproducen las violencias contra las mujeres”.
Yendo a los datos, recuerda que “en Paraguay, solamente en 2025 hubo 37 feminicidios y más de 37 mil víctimas registradas de violencia familiar. En lo que va de 2026, ya van 20 feminicidios y 28 tentativas de feminicidios. Es decir, detrás de los casos extremos que llegan a los medios existe un universo muchísimo mayor de violencia cotidiana”, describe.
“Entonces, no me estoy refiriendo solamente a que una institución haya actuado mal ante una denuncia concreta, sino a gobiernos que, teniendo evidencia disponible, deciden escuchar a sectores políticos y religiosos que cuestionan sistemáticamente las políticas de género basados en prejuicios, supersticiones, odio o miedo y desoyen el conocimiento acumulado generado por investigadoras, académicas, funcionarias públicas y organizaciones feministas”, apunta.
TRAZABILIDAD
Explica entonces que hay estudios e informes internacionales que permiten generar una trazabilidad sobre eventuales agresores: “Esto no significa, por supuesto, que podamos saber con certeza qué agresor va a matar ni en qué momento. Pero sí nos está diciendo que existen trayectorias y señales de riesgo que pueden ser identificadas y que deberían activar respuestas estatales diferenciadas”.
Insiste en que “antes que hablar de ‘combatir el feminicidio’, el Estado necesita construir capacidad para identificar trayectorias de violencia antes de que se vuelvan letales”.
Apunta entonces que “en el corto plazo, debemos evitar que una trayectoria de violencia tenga a la muerte al final de la historia. Y en el largo plazo, transformar las condiciones sociales, económicas, culturales e institucionales que producen, permiten y las legitiman. El problema es estructural y, por lo tanto, la respuesta también tiene que tener esa categoría”.
Es hora de actuar.
RESPONSABILIDAD MEDIÁTICA
Lo mediático juega un papel clave en la reproducción del modelo que incuba los feminicidios, pero puede también convertirse en factor de reversión. Todo depende de los ejercicios profesionales y empresariales, entienden las especialistas.
Para la psiquiatra Raquel Samudio, “una cobertura con muchos detalles morbosos del método, de fotos de la víctima, de relatos que romantizan al agresor como que la amaba demasiado o fue un crimen pasional o que terminan culpabilizando a la mujer, revictimiza a las familias. Además, también hay evidencia de que la difusión masiva de estos casos puede asociarse a un efecto dominó en otras personas que ya estaban predispuestas a cometer un crimen”, recuerda.
Apunta a su vez que “los medios también pueden funcionar como un factor protector muy grande cuando nombran el hecho como feminicidio, cuando contextualizan la violencia como un problema social y no como un caso individual, como un hecho privado, cuando muestran las señales de alerta y cuando informan dónde pedir ayuda. El periodismo responsable salva vidas”, recuerda.
Para la antropóloga social Montserrat Fois, “tanto los medios como las autoridades públicas producen sentidos y categorías a través de las cuales interpretamos la realidad. Contribuyen a decirnos qué es grave, qué es normal, qué es excepcional, qué es tolerable y hasta dónde una determinada violencia merece ser considerada un problema público”.
Citando a Rita Segato en su libro “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”, recuerda que no es correcto presentar esta violencia como “algo disperso, anómalo o episódico. Un crimen acá, otro crimen allá, una pareja que discutió, un hombre que perdió el control”, sin reflejar “la estructura que conecta fenómenos que aparentemente no tienen relación entre sí”.
Otro elemento que pone en discusión es la espectacularización de la violencia. “Vimos circular por todas partes el video del feminicidio de Deisy y amanecimos a los días con la noticia de otro feminicidio ocurrido en Canindeyú. Quiero ser muy cuidadosa acá porque no puedo ni pretendo afirmar que exista una relación causal directa entre la difusión de un feminicidio y la comisión de otro. Pero Segato plantea algo muy importante para pensar este fenómeno y es que la propia violencia puede funcionar como una forma de comunicación”.
Agrega entonces que “la violencia no solamente actúa sobre la víctima concreta, puede comunicar poder, mostrar de qué es capaz el agresor, hasta dónde puede llegar, qué capacidad tiene de controlar, castigar o disponer sobre el cuerpo de otra persona. Y cuando los medios o las redes espectacularizan esa violencia pueden, potencialmente, convertirse en parte de la circulación de ese mensaje, ampliar su audiencia”.
Expone ante el caso que “esa exhibición reiterada puede ofrecer repertorios de acción y modelos de potencia con los cuales otros agresores pueden llegar a identificarse. No estoy diciendo que alguien que vea un feminicidio en televisión o en Tiktok automáticamente salga a cometer otro. Sería irresponsable afirmarlo de esa manera. Lo que estoy diciendo es que debemos preguntarnos qué efectos sociales produce mostrar una y otra vez el momento exacto en que una mujer es violentada o asesinada, convertir al agresor en protagonista y hacer circular su acto de poder millones de veces”, apunta.
Entiende que en esa situación el medio deja de ser solamente un canal que informa sobre un crimen corriendo el riesgo de transformarse, “aun sin proponérselo, en parte del dispositivo mediante el cual ese crimen adquiere visibilidad, audiencia y capacidad de comunicar poder. Para mí, ahí está la enorme responsabilidad de los medios y también de las plataformas digitales: informar sin convertir la crueldad en espectáculo”.
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The Pink Edit: una propuesta que une automovilismo y empoderamiento femenino
En el marco de Octubre Rosa, Motor Haus presentó The Pink Edit, una propuesta que busca dar mayor protagonismo a las mujeres en el mundo automotor, tradicionalmente asociado a un público masculino. La empresaria Sol Cartes, organizadora y anfitriona del evento, explicó a La Nación / Nación Media que la iniciativa nació con el propósito de homenajear la fortaleza femenina y crear un espacio más inclusivo.
“Estamos orgullosos de presentarles esta nueva edición, que es 100 % liderada por mujeres y hecha por mujeres”, expresó Cartes, quien explicó que más allá de la conmemoración el evento busca ofrecer una experiencia que aporte valor a las participantes.
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La jornada, que se realizó en la sede ubicada sobre la avenida San Martín, tendrá un segunda edición el próximo 22 de octubre. En la oportunidad, las participantes tuvieron asesoría personalizada de imagen y colorimetría, con herramientas para identificar los colores que más favorecen a cada mujer y proyectar su estilo personal.
“Queremos que las mujeres que participan se lleven algo bueno para sí mismas”, señaló Cartes, al tiempo de destacar la importancia de generar espacios de encuentro, aprendizaje y empoderamiento femenino.
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Por su parte, Vanessa Borrell, gerente de Marketing de Motor Haus, expresó que The Pink Edit representa una nueva forma de acercarse a las clientas y ampliar la presencia femenina dentro del sector. “Cada vez más las mujeres están fanatizándose con el deporte motor”, afirmó y agregó que la propuesta también busca conectar con aquellas que sienten pasión por los automóviles.
La iniciativa forma parte de un proceso de transformación de la marca hacia una identidad más inclusiva. En ese sentido, el objetivo es que las mujeres encuentren un espacio propio dentro de la comunidad automotriz y puedan expresar su personalidad con confianza, tanto a través de su estilo como de sus intereses.
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Senado pide cumbre de poderes ante el aumento de feminicidios
La Cámara de Senadores aprobó este miércoles en su sesión extraordinaria el proyecto de declaración que exhorta al Poder Ejecutivo a convocar a una cumbre de poderes del Estado para el abordaje integral del hecho punible de feminicidio en la República del Paraguay.
El documento impulsado por la senadora de Cruzada Nacional, Yolanda Paredes, y aprobado por sus pares de forma unánime, refiere que “el feminicidio se presenta como una de las manifestaciones más extremas de violencia contra las mujeres y exige una respuesta estatal integral, coordinada y sostenida, pero lo más importante, con carácter urgente”, refiere.
Agrega que “la persistencia de estos hechos impone la necesidad de evaluar la eficacia de los mecanismos de prevención, protección, investigación y sanción, así como las eventuales falencias en la actuación de las instituciones competentes”.
La iniciativa sostiene que tanto el artículo 60 de la Constitución Nacional, que dispone que el Estado promoverá políticas para evitar la violencia en el ámbito familiar y otras causas que atenten contra su solidaridad, como la Ley N.º 5777/2016 “de protección integral a las mujeres contra toda forma de violencia”, que establece responsabilidades estatales para la prevención, atención y sanción de la violencia contra las mujeres, cuya implementación requiere la articulación efectiva de distintos organismos e instituciones.
“En este contexto, una Cumbre de Poderes permitiría reunir a las máximas autoridades de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, con la participación del Ministerio Público y de las instituciones especializadas, a fin de identificar obstáculos, fortalecer la coordinación interinstitucional y definir medidas concretas de actuación”, expresa.
Señala también que los datos alarmantes arrojan que en el año 2025 se registraron un total de 37 víctimas de feminicidio y 55 víctimas de tentativa de feminicidio, lo que derivó en un saldo de 69 niños que han quedado huérfanos. Con respecto al año en curso, en el 2026 ya se registran 20 feminicidios y 28 víctimas de tentativa de feminicidio, según fuentes oficiales del Ministerio Público.
“Por tanto, se considera necesario exhortar al Poder Ejecutivo a articular los mecanismos para la convocatoria a dicha instancia, en coordinación con las máximas autoridades de los demás poderes del Estado, con el propósito de establecer compromisos institucionales verificables y avanzar en una estrategia integral que fortalezca la prevención de los feminicidios, la protección efectiva de las mujeres en situación de violencia y la respuesta oportuna de los órganos competentes que se orienten a la protección integral de las familias paraguayas", indica la iniciativa.
Juzgados y tribunales especializados
A la vez, el plenario aprobó tratar dentro de 15 días el proyecto de ley para la creación de juzgados y tribunales especializados en violencia contra las mujeres, impulsado por la senadora colorada Lilian Samaniego.
La propuesta tiene como finalidad principal dar celeridad a las renuncias reales y desestimar las falsas. Se plantea que los juzgados y tribunales se encuentren conformados por jueces, fiscales, asistentes sociales, psicólogos, psiquiatras para asistir a las víctimas mediante la coordinación efectiva entre instituciones y la erradicación de la burocracia.
Dicha propuesta había sido objeto de controversia en el Legislativo, donde se sancionó una versión que creaba juzgados especializados de violencia en el grupo familiar, suprimiendo la especificación sobre las mujeres, punto que fue cuestionado por Samaniego. Finalmente, el proyecto de ley terminó siendo vetado por el Ejecutivo.
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