• Por Benjamín Livieres
  • Analista político

Las municipales, primero y sobre todo las generales de 2028, después, marcarán dos momentos de fundamental importancia para el transcurrir del principal partido de la oposición. No serán “dos elecciones más”. La crisis que afecta al liberalismo, desde hace ya varios años, le enfrenta ahora a la exigencia de encarar seriamente su recomposición, sobre bases muy distintas a las actuales, o continuar con la política que le condujo a esta situación, en cuyo caso correría el riesgo cierto de perder todo protagonismo en el escenario nacional, como le pasó a un familiar ideológico muy cercano, la Unión Cívica Radical de la Argentina.

Respecto a los comicios de octubre próximo, el panorama no es nada alentador ni para el PLRA ni para otras fuerzas de oposición. La fuerte apuesta que hicieron por la victoria de Soledad Núñez en Asunción, concebida como trampolín para las elecciones generales, se fue diluyendo sostenidamente desde el lanzamiento de la candidatura del colorado Camilo Pérez, quien hoy ya le saca una ventaja de entre 12 y 15 puntos, que seguiría ampliándose, según dos de las principales encuestadoras.

Claro, buscarán restar credibilidad a los sondeos, dirán que están arreglados y cosas por el estilo, pero esos datos son congruentes con hechos de la realidad que resultan irrefutables, como los resultados de las internas partidarias del pasado 7 de junio.

En ellas votaron 135.000 colorados, el techo al que llegó la oposición en su mejor momento, que pasó a ser el piso del candidato oficialista, quien se había alzado con un rotundo triunfo. Si a esto sumamos el “efecto tracción” que ejercerá dicho resultado en parte de los 125.000 integrantes del padrón de la ANR que ese día no participaron, así como la unidad de todas sus corrientes internas, el peso de la estructura partidaria, el liderazgo de Cartes –que transfiere muchos votos– y la logística a ser desplegada el 4 de octubre, la proyección de las encuestadoras es más que razonable.

“Pinchado el globo” de su deseada victoria de “SoleNu” en Asunción, a lo que probablemente se sumará el hecho de que los colorados aumentarán la cantidad de municipios bajo su administración, el PLRA se enfrentará al desafío de cómo encarar la campaña para el 2028, asumiendo que los 1.400.000 votos que tuvo la ANR en sus últimas internas (frente a menos de 500.000 de toda la oposición) hace del coloradismo un claro favorito.

De momento, solo se conoce las pretensiones presidenciales de varios de sus referentes, como Ricardo Estigarribia, Carlos Mateo, Eduardo Nakayama, Enrique Salyn Buzarquis, Celeste Amarilla, Víctor Ríos y Diego Zabala. Por ahora. Desde otras carpas opositoras anuncian las postulaciones de Miguel Prieto, Paraguayo Cubas y Kattya González. También por ahora.

¿Qué harán los liberales? ¿Marchar a la zaga de Prieto, otro “globo” al estilo de Soledad, como pretenden Buzarquis y dirigentes pertenecientes al “efrainismo” o reorganizar sus filas, perfilar un proyecto que le otorgue identidad política ante los electores y proyectar sus propias figuras, aunque fuera Celeste Amarilla, valga la ironía?

La elección es obvia. La opción Prieto sería marcar el ocaso definitivo del radicalismo auténtico y, con ello, del tradicional bipartidismo. La segunda, el camino de la recomposición del PLRA como alternativa de poder de cara a futuros desafíos electorales, pero que en este ya le permitirá una sólida representación parlamentaria.

No hay otra disyuntiva. Es relanzamiento o defunción.

Dejanos tu comentario