• Víctor Pavón (*)

El Leviatán es la serpiente mítica citada en las Sagradas Escrituras y que representa al Estado, según Thomas Hobbes en su magnun opus publicada en 1651, plenamente vigente.

Los apologistas de los impuestos, en el presente, están dispuestos a alimentar cada vez mejor al Leviatán. Su declarado interés por contar con más tributos crear nuevos impuestos les hace notar exacerbada pasión. Si aumentar y crear nuevos impuestos significa provocar recesión, menos ahorro, inversión y desempleo, aun así están dispuestos a conseguir su propósito.

Los apologistas de la furia fiscal cuyo verdadero propósito es meter la mano en los bolsillos del trabajador, del empresario, de las familias, productores, comerciantes, toda persona física y jurídica, consideran exiguo lo que ya se paga. Eso del 10, 10, 10 en nuestro país es cosa del pasado, dicen. Desde luego, no les interesa el mal gasto. Les encanta la coerción estatal.

Tampoco a los apologistas de la furia fiscal les tiene sin cuidado hacer notar al público sobre la naturaleza de los tributos. Seducidos por las falacias del socialestismo, prefieren ser escuchados por los políticos a quienes por supuesto les interesa contar con más dinero de otros, lo que explica el despilfarro y la riqueza malhabida en toda época y lugar.

La furia fiscal de elevar los impuestos consiste en extender la alfombra de privilegios poniendo obstáculos a la formación del ahorro y la inversión privada, único modo de lograr el progreso en cualquier lugar del mundo.

Tampoco a los intelectuales del social estatismo y a sus seguidores les interesa cómo se forma el ahorro y la inversión; les desagrada que la ciudadanía comprenda sobre cómo se elevan los salarios reales y se crean más empleos.

La furia fiscal es un anhelo social estatista. Significa que otros deben trabajar, ahorrar e invertir más. A sus apologistas tampoco les interesa que su propuesta entorpezca el progreso económico, con menos disponibilidades para la gente de adquirir bienes y servicios.

A los apologistas de la furia fiscal les resulta indiferente que los tributos, cualquiera sea y en el país que sea, sean parte en el mundo global de hoy de ventajas comparativas y competitivas que todo país requiere para atraer capitales. Cuanto más simple, menos alícuotas y menos burocracia exista en un sistema tributario, la tendencia será de incentivar el ahorro para la inversión así como también elevar la recaudación del erario, cuestión esta última, por cierto, que más preocupa a los apologistas de la furia fiscal: alimentar al Leviatán.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”

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