• Jorge Torres Romero

La convención del Partido Colorado dejó una señal política difícil de ignorar. Más allá de las resoluciones formales, el mensaje que quedó instalado fue el de un oficialismo decidido a cerrar heridas internas y concentrarse en un objetivo superior: la continuidad en el poder.

El presidente Santiago Peña fue claro al sostener que la concordia no puede quedarse en una simple frase o en un eslogan de ocasión. Debe traducirse en hechos concretos, en gestos reales y en una convivencia política que permita al partido mirar hacia adelante.

En la misma línea, el presidente de la ANR, Horacio Cartes, reafirmó esa idea al señalar que todos los colorados vuelven a ser lista 1, dejando atrás las disputas propias de las elecciones internas.

Ese mensaje de unidad contrastó con la decisión de Arnoldo Wiens de ausentarse de la convención y, desde afuera, descalificar a sus propios correligionarios tratándolos de corruptos.

Una postura que encontró inmediata respuesta en el vicepresidente Pedro Alliana, quien sostuvo que ese no es el camino y que el objetivo del oficialismo es precisamente construir concordia y no profundizar divisiones.

La política, especialmente en el Partido Colorado, siempre estuvo marcada por el pragmatismo. Esa ha sido una de las principales razones por las que la ANR logró mantenerse durante décadas como la fuerza política con mayor capacidad para conquistar y conservar el poder. Terminadas las internas, la lógica histórica del partido ha sido cerrar filas y construir una mayoría alrededor de un proyecto común.

Por eso resulta llamativo que quienes sufrieron una derrota electoral contundente –cercana a una relación de ocho votos contra dos en las internas– insistan en instalar un discurso basado exclusivamente en la confrontación. Más que una alternativa política, hoy parecen representar a un reducido grupo que aún no logra procesar el resultado de las urnas. Wiens no quiere abrazarte a corruptos, dijo. Sin embargo, es el candidato de Abdo. Los colorados siempre tragaron sapos y culebras, pero hoy algunos de estos bichos se niegan a ser devorados.

Tampoco ayuda que las acusaciones provengan de figuras cuya gestión pública continúa siendo objeto de severos cuestionamientos.

Arnoldo Wiens difícilmente pueda presentarse como árbitro moral cuando su paso por el Ministerio de Obras Públicas dejó episodios que siguen siendo recordados por la ciudadanía: la polémica “pasarela de oro”, el frustrado proyecto del metrobús y una administración que, para muchos, quedó muy por debajo de las expectativas en materia de infraestructura.

Mientras tanto, el oficialismo apuesta a otro libreto. Busca consolidar un mensaje de unidad interna respaldado por una gestión que sostiene y exhibe resultados en materia económica, inversiones, empleo y programas sociales. Esa combinación entre cohesión partidaria y gestión gubernamental constituye hoy su principal activo político.

Si esa estrategia logra mantenerse, el Partido Colorado podría llegar con serias posibilidades de proyectar la continuidad del oficialismo en el próximo período presidencial, con Pedro Alliana emergiendo como uno de los principales nombres dentro de ese proceso.

En paralelo, la oposición enfrenta un desafío distinto. Gran parte de su narrativa política durante los últimos años estuvo centrada en la figura de Horacio Cartes.

Sin embargo, si el eje del debate comienza a desplazarse hacia los resultados de gestión y los indicadores del gobierno de Santiago Peña, deberá construir una propuesta propia capaz de competir más allá de la denuncia permanente.

La convención colorada dejó, en definitiva, una enseñanza política conocida pero vigente: los partidos no permanecen en el poder únicamente por su capacidad de ganar elecciones, sino también por su habilidad para reconstruir la unidad después de las disputas internas. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Etiquetas: #convención#ANR

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