- POR LA LIC. SELVA RIQUELME
- Comunicadora y activista por los derechos de las personas con discapacidad
La diversidad es inherente a la vida misma, nuestra mayor riqueza. Sin embargo, en el sector de la discapacidad, solemos ser metidos en una misma bolsa, ignorando que cada realidad posee sus propias necesidades, lenguajes y formas de ser abordada.
No queremos segregación ni una mera integración superficial; exigimos una sociedad plenamente inclusiva y equitativa que nos respete en nuestra singularidad y nos brinde a cada uno lo que le corresponde para que nadie quede afuera.
Reconocer estas diferencias, no obstante, jamás debe fragmentarnos. No podemos vivir en islas, defendiendo solo nuestra propia realidad –como la discapacidad visual, en mi caso– e ignorando las batallas ajenas. Si anhelamos incidir de verdad en las políticas públicas y hacer cumplir el mandato de la Convención, “Nada sobre nosotros sin nosotros”, la unidad es nuestra única estrategia de supervivencia y dignidad.
Cuando un grupo golpea puertas por una ley o un derecho, todos debemos ponernos la camiseta de la discapacidad. Las reivindicaciones comunes nos abrazan y la conquista de un sector es el triunfo de todo el colectivo. Solo mediante la empatía activa, la solidaridad, la sororidad y la consideración mutua derribaremos las barreras que nos excluyen.
Si cada quien tira para su lado, el silencio del olvido seguirá ganando. Pero si tejemos nuestras diferencias en una sola voz inquebrantable, la justicia social dejará de ser una utopía para convertirse en el suelo firme donde todos, sin excepción, podamos caminar.