• Por Benjamín Livieres
  • Analista político

La deuda del IPS asciende en la fecha a 1.262,3 millones de dólares. Sí, leyó bien; una cifra similar a la que el Estado paraguayo mantiene con las farmacéuticas y empresas de la construcción. Sin embargo, aunque los números asustan, la previsional cuenta con recursos y herramientas para hacer frente a la situación, resultando un verdadero misterio por qué no apela a ellos para hacer frente a la crisis en curso y así responder a las necesidades de los asegurados, a todas luces insatisfechas.

Las obligaciones financieras con los bancos, en concepto de préstamos, operaciones de fideicomiso y cesiones de derechos de cobro, representan USD 882,8 millones, mientras que el monto adeudado a los grandes proveedores de medicamentos e insumos alcanza la suma de USD 379,5 millones.

Esto lo saben desde hace 3 meses tanto Isaías Fretes, como el Consejo de Administración y la legión de asesores que lo rodean, incluyendo a economistas hostiles al Gobierno que integran su “primer anillo”. Pero de entonces a esta parte los resultados se reducen a nada, ni una idea para afrontar la tormenta y al menos mitigar los padecimientos de quienes recurren a los servicios de salud.

La explicación es siempre la misma. “Se precisan reformas estructurales”, dicen. Efectivamente estas también son necesarias, pero al reducirse a simple retórica se convirtió en el justificativo de la inoperancia. Y los reiterados pronósticos apocalípticos, en la antesala de pedidos de autorización al Congreso para contratar más préstamos del mismo tipo de los ya contraídos en el sistema financiero, agravando aún más el problema en vez de resolverlo.

Las soluciones hay que buscarlas en otra parte y deben ser de aplicación inmediata, con el eje puesto en los intereses de la institución y el bienestar de los asegurados, no de los bancos y los proveedores. Esto no significa desconocer las obligaciones ni mucho menos, sino partir de dicha premisa para aprobar la medida que fuere.

Expertos en la materia, cuyas opiniones generalmente no son tomadas en cuenta, proponen diversas alternativas para saldar las deudas y superar el actual desabastecimiento. Una de ellas consiste en la emisión de bonos soberanos del Estado para saldar todo o parte de los USD 700 millones que adeuda al IPS. Otra, la emisión de bonos de la previsional (no soberanos), a tasa baja y a largo plazo, aprovechando la calificación del Paraguay como “país con grado de inversión”.

También plantean negociar con los bancos, en los que el IPS tiene depositados USD 2.180 millones, un crédito al mayor plazo posible y a una tasa no superior al 1%. ¿Así de bajo? Sí, después de todo esto le prestarían su propio dinero y recibirían otro punto porcentual adicional al obtenido por los créditos ya concedidos, que serían cancelados. Y del mismo modo, sugieren acordar con los proveedores de medicamentos e insumos hospitalarios una quita de la deuda, a cambio de saldarla en su totalidad.

Por la complejidad del tema en cuestión, difícilmente exista “una bala de plata” para remediarlo. Lo más probable es que la fórmula adecuada surja de una combinación de todas o algunas de las medidas propuestas, salvo que existan otras mejores, en cuyo caso deberían ser socializadas de urgencia.

Lo que no debemos aceptar son las “salidas convencionales”, rápidas, tipo más préstamos de bancos como los vigentes y seguir con el “bicicleteo”, ni la inercia de la actual parálisis, porque eso sí destruiría la previsional y terminaría de liquidar los derechos de sus asegurados.

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