• POR EMILIO AGÜERO ESGAIB
  • Pastor.

Podemos ver en el libro de Pro­verbios –que fue escrito como instrucción para que una per­sona alcance sabiduría y éxito en esta vida– que, inmediata­mente después de decir que el principio de la sabiduría es el “temor de Dios” (Pr 1.7), en el siguiente versículo se nos da otra instrucción de fun­damental importancia: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la direc­ción de tu madre” (Pr 1.8). Y podemos ver este patrón de disciplina a lo largo de todo este libro. Se sabe que cuando los niños ven a sus padres jun­tos y que se aman, esto pro­porciona un cimiento suma­mente fuerte para el asiento emocional en sus vidas. Es fundamental la presencia de ambos y cada uno cumple un rol único e insustituible. Pero, ¿qué rol deberían cumplir? ¿Qué garantiza el éxito en la crianza de los hijos?

Dos sociólogos de la Universi­dad de Harvard creen haber identificado factores crucia­les para prevenir problemas en niños a partir de los 5 años. El estudio tomó años y consis­tió en un seguimiento a varios niños en distinta situación en cuanto a sus relaciones fami­liares. Determinaron que es preciso en un 90 %, que si se cumplen cuatro factores, sus hijos no tendrán mayo­res problemas emocionales, sociales o de relacionamiento, y mucho menos de vicios y delincuencia. Estos cuatros factores involucran a ambos, padre y madre, en diferentes roles y son:

1) La disciplina, por lo gene­ral, debe ser impartida por el padre, y esta debe ser firme, justa y consistente.

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2) La supervisión de la madre y su presencia es fundamental. La madre siempre debe estar por ahí controlando y sabiendo dónde están sus hijos. Los hijos deben saber que mamá sabe dónde están, aunque ella no esté ahí, y que siempre estará al tanto de lo que hacen.

3) El tercer aspecto dice que los hijos deben ser testigos del amor entre sus padres. Afirma mucho su seguridad ver constantemente a sus padres abrazados, tomados de la mano, demostrando cariño mutuo y tratándose con amor. Parejas que demuestran afecto mutuamente frente a sus hijos, forman familias sanas emocionalmente. Esto hace que los niños se sientan seguros y trae estabilidad a su mundo. También se com­probó que esto hace que vean bien el matrimonio como una opción para sus vidas en el futuro.

4) El cuarto es la cohesión familiar. El pasar tiempos juntos y solos los padres con los hijos compartiendo algo en familia, les da a ellos estabili­dad, seguridad y les hace parte de una comunidad donde se sienten aceptados, protegi­dos, amados, valorados, lo cual redunda directamente en su autoestima y seguridad.

Entonces, estos sociólogos de Harvard descubrieron que cuando el padre está a cargo de la disciplina, la madre está allí para supervisar, demues­tran amor mutuo en la pareja y comparten juntos como fami­lia, existe un 90 % de probabi­lidad de que sus hijos sean per­sonas sanas emocionalmente. Pero lo único que hicieron estos expertos es descubrir lo que la Biblia ya decía hace miles de años.

Por designio de Dios, el marido es la cabeza de la familia, la madre es un apoyo fundamen­tal del esposo, y ellos se aman mutuamente. La Biblia coloca al padre como instructor prin­cipal del hogar y como un pro­veedor de valores (Pr 1.8; 4.1; 6.20). También la Biblia habla sobre un amor evidente que debe haber entre el esposo y la esposa; y el que inicia y esta­blece el amor en la familia y la pareja es el hombre (Ef 5.25-29). El mandamiento básico que Dios da al hombre es “amar a su mujer”, al punto de estar dispuesto a morir por ella. Lo que Dios pide al hombre es un amor sacrificial por su mujer. Así, el hombre la conquista y ella ve que él está dispuesto a todo por ella y su familia.

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