• Por Víctor Pavón (*)

El proyecto de ley presentado por el diputado José Rodríguez para modificar algunos artículos de la Ley n.° 5723/2016 que declara como área silvestre protegida bajo dominio público al Parque Nacional Médanos del Chaco, volvió a mostrar la incidencia del ecologismo, el movimiento político global ambiental en contra del bienestar humano.

El ecologismo expone dos principios rectores: el de no regresión y de conservación. El de no regresión significa que las políticas ambientales no tienen retroceso y, por el principio de conservación entienden que los recursos naturales y la diversidad ecológica deben protegerse para las presentes y futuras generaciones.

Para el ecologismo el Parque Médanos del Chaco, por ejemplo, debe seguir como está. No le interesa que el país sufra desabastecimiento, no cree empleos ni aumente los salarios reales. La población debe pagar más caro por la energía. Nada de exploraciones y explotaciones de recursos naturales para mejorar la condición humana.

El ecologismo considera que el medioambiente está por encima del ser humano. Es similar al paganismo del mundo antiguo que rendía culto a la naturaleza, por ende, no toma en cuenta que el hombre para sobrevivir y prolongar su vida debió dominar la naturaleza. Para lograr este propósito, el ser humano dispuso de su mente creativa para fortalecer su dignidad y valores.

¿De qué serviría no tocar un árbol si ello impide sembrar y cosechar para obtener más alimentos? ¿De qué serviría contar con un parque natural si no se pueden disponer de los recursos naturales el desarrollo? Más importante aún: ¿Por qué los burócratas y ecologistas deben decidir sobre sus prójimos?

Todo ello tiene respuesta. Colocar a la naturaleza sobre el ser humano se lleva a cabo mediante la fuerza “legal” del Estado. Se impide así el uso del conocimiento, de la cooperación y del capital para el bienestar humano.

En los hechos, ningún progreso hubiera sido posible desde la antigüedad a la fecha, sin la libertad, la propiedad privada y la ciencia, para enfrentar los desafíos y rigores de nuestra existencia y de la naturaleza.

Al ecologismo le encanta el colectivismo. La herramienta estatal les permite mandar sobre otros. Tampoco les interesa la realidad, prefieren un mundo imaginario bajo el supuesto que todo está dado.

Y no es así, la sobre vivencia y mejores condiciones de vida de los seres humanos no serían posible sin el esfuerzo diario, la creatividad e innovación dispuestos en inversiones y tecnologías para alimentos y energía; todo ello mediante la cooperación de la libertad y la propiedad privada.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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