• Por Aníbal Saucedo Rodas

Como nunca antes, este Mundial de Fútbol de la FIFA nos permitió conocer un contexto inexplorado de muchas de las naciones participantes. Lo que anteriormente se reducía a promocionar los lugares turísticos tradicionales del país organizador o grupo de países organizadores, esta vez, las redes sociales –bien utilizadas– aportaron una mirada enriquecedora sobre cultura (preferentemente cine y literatura) e historia política.

Este enfoque inédito nos llevó a conocer –al menos a la mayoría– las luchas por la independencia en pleno siglo XX. Mediante el libro “En el corazón de las tinieblas”, de Josehp Conrad, sabíamos de las atrocidades cometidas por el rey de Bélgica, Leopoldo II, en el entonces llamado Congo belga. Se mencionan violencia extrema y amputaciones para la extracción de caucho y marfil y la muerte de aproximadamente diez millones de personas en ese territorio, que hoy es conocido como República Democrática del Congo, independizada en 1960. Sin embargo, las revoluciones libertadoras de las antiguas colonias europeas en África seguían su curso inevitable.

La geografía mundial fue mutando con los años. Igual que la historia. Actualmente ya sería imposible –salvo que fuera un alumno de condiciones intelectuales extraordinarias– llenar un mapa en blanco de Europa o el euroasiático, con los nombres de los países y sus respectivas capitales, como nos presentaban los exámenes a mediados de los 70 del siglo pasado. Ya desaparecieron la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Checoslovaquia y Yugoslavia. La URSS se ha transformado en quince repúblicas independientes. Por otro lado, aparecieron República Checa o Chequia y República Eslovaca o Eslovaquia, y por el otro, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Macedonia del Norte y Kosovo. Las nuevas generaciones, no obstante, ya asocian estos nombres con el fútbol. El Mundial 2026 y las plataformas digitales, esta vez, nos mostraron un equipo africano diferente a los tradicionales Nigeria y Camerún: el de Cabo Verde, que no es solamente un país de playas paradisíacas y Josimar José Évora Dias (Vozinha). Es fundamentalmente Amílcar Lopes da Costa Cabral o, simplemente, Amílcar Cabral, líder y mártir del movimiento independentista de este archipiélago situado en la costa occidental de África.

Nació el 12 de setiembre de 1924 en la ciudad de Bafata, Guinea portuguesa, aunque sus padres eran caboverdinos, también colonia de los portugueses. De niño, se traslada al empobrecido lugar de origen de sus progenitores. Uno de sus biógrafos, Balasingham Skanthakumar, miembro de la Asociación de Científicos Sociales de Sri Lanka y de la red del sur de Asia del Comité para la Anulación de las Deudas Ilegítimas, lo define como “anticolonialista y antiimperialista, militante de partido y estratega de la guerra de guerrillas, diplomático, publicista, pensador revolucionario e internacionalista, y una de las figuras marxistas más originales del siglo XX”. En su juventud padeció las sequías de 1941-1943 y 1947-1948, que causaron “entre 30.000 y 45.000 muertes”, lo que habría influido en la decisión de Cabral de estudiar agronomía, beca mediante, en la Universidad de Lisboa. Ahí contactó con la izquierda, que era ilegal, y otros estudiantes africanos de las colonias portuguesas que, luego, se convertirían en los líderes de los movimientos de liberación en Angola y Mozambique. En 1956, en la clandestinidad, y con otros cinco miembros fundaron el Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde. Ante la imposibilidad de conseguir su objetivo por las vías de la fuerza de la razón, en 1963, Cabral organizó la lucha armada, con una prioridad: “Romper el muro del silencio construido en torno a la subyugación de los pueblos africanos de parte de Portugal”. Lo describen como un “pensador crítico y creativo”, con una secuencia que nunca fue separada y alterada en su orden: pensamiento y acción. Cabral solía repetir que “no fue el colonialismo el que introdujo la historia a los pueblos colonizados, sino que el colonialismo interrumpió la historia de los pueblos”.

El 20 de enero de 1973, Amílcar Cabral fue asesinado en Conakry, capital de la República de Guinea. El 24 de setiembre de ese mismo año, Cabo Verde y Guinea-Bisáu alcanzaron su independencia. Más información en el blog “Conversación sobre la historia”. Cabo Verde nos deslumbró con su fútbol. Pero, también, nos iluminó con su historia de coraje, rebeldía y heroísmo. Buen provecho.

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