• Por Arturo Peña
  • arturo.peña@nacionmedia.com

La historia del fútbol está repleta de momentos inolvidables, grandes hazañas, derrotas que duelen y mucho y también tiene sus hechos insólitos.

Y si de hechos insólitos hablamos, Paraguay es protagonista.

Como todos sabemos, la Albirroja se convirtió días atrás en la primera selección en la historia en recibir la expulsión de un jugador por taparse la boca. El hecho disparó mucha polémica, mucho análisis sobre la nueva reglamentación de la FIFA, que se aplicó a Miguel Almirón. Y es que, sin querer darle mucha vuelta, la regla deja varias dudas sobre su aplicación, especialmente tras lo ocurrido después con la estrella inglesa Jude Bellingham, quien hizo el mismo gesto en el partido ante Ghana, pero no fue sancionado. Según las explicaciones fue porque el contexto no era de una discusión –lo de Almirón tampoco, a mi parecer– y porque el jugador ganés al que Bellingham se dirigió no mostró ninguna reacción.

Alguno dijo por ahí: ¡Paraguay jeyma! (¡Paraguay ya otra vez!). Y es que alguna tradición ya tenemos con este tema de lo insólito.

Cómo olvidar, por ejemplo, el caso de la “monedita de Uberlandia”, que nos dejó sin la posibilidad de jugar la final de la Copa América de 1983. En esa edición, la Albirroja debía enfrentar a Brasil en la fase semifinal, cruce que se definió en dos partidos, de local y luego de visitante. En el primero, en Asunción, se registró un empate de 1-1. El segundo se disputó en la ciudad de Uberlandia, Brasil, con resultado de 0-0. Lo llamativo fue que en vez de una definición por penales ante la igualdad en puntos y goles, la Confederación Sudamericana de Fútbol determinó que el campeón se definiría al azar.

Mediante una moneda, en el vestuario local, se dio trámite al sorteo. Un hecho que generó más confusión fue que en una primera información se dijo que Paraguay había ganado. Pero el festejo se cortó de golpe al llegar otra versión de que finalmente era Brasil la que se quedaba con el pase a la final. Fue una espina que quedó clavada en la historia de la selección paraguaya.

Volviendo al escenario de los mundiales, no podemos dejar de recordar el Mundial de Francia de 1998. Paraguay llegaba con un gran equipo liderado por José Luis Chilavert. La Albirroja clasificó segunda en su grupo por lo que en octavos debía enfrentar a Francia. El 28 de junio, en Lens, Paraguay y Francia se veían las caras en un partido del que no se podía firmar un resultado. A pesar del dominio francés, la Albirroja dio una gran muestra de resistencia y también tuvo sus ocasiones de gol. Tras el empate en el tiempo normal fueron al alargue y en el minuto 113 se dio el suceso por el que, a pesar de perder, Paraguay pasaba igual a la historia: el francés Laurent Blanc metió un sorpresivo remate que se coló en el portal defendido estoicamente por Chilavert. El tanto marcó el final del encuentro. Por primera y única vez se aplicaba la regla del gol de oro (en nuestro folclore, “el que mete gana”).

Ante la existencia de la regla nada se podía decir sobre su aplicación. Sin embargo, quedó flotando la pregunta de qué hubiera pasado si se llegaba a los penales ante Francia.

El gol de oro ya no se usó, quizás porque generó un efecto contrario, debido a que los equipos empezaron a cuidarse más en los tiempos de descuento y restaron fuerza ofensiva. Lo mismo podríamos observar de las nuevas reglas que implementa ahora la FIFA. ¿Se ha evaluado el impacto suficientemente?

El fútbol no es estático, como toda actividad se dinamiza, se proyecta para mejorar, como en el caso del uso de la tecnología. Pero también es esencia y pasión. Es lo que es en gran medida gracias al hincha, el que paga las entradas, ve los partidos por TV y compra las camisetas. Combinar equilibradamente esencia, modernidad y negocio es el gran desafío.

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