- Por George Leal Jamil
- Professor de FDC, Brasil
Nuevamente –esta es al menos la “tercera ola” que promete tal resultado– la generación de códigos de software debería volverse más fácil, totalmente bajo el control del cliente, prescindiendo de los inmensos y burocráticos fundamentos de lenguajes y entornos de programación y desarrollo. Como he dicho, es la tercera vez. Tuvimos la promesa de los lenguajes estructurados, que serían cercanos a la estructuración lógica natural. Estos lenguajes ya no se utilizan (Algol, Pascal y derivados, después de cierto éxito inicial) y el desarrollo en plataformas como C# y los recursos web tomaron un camino que, nuevamente, exige conocimiento especializado.
Posteriormente, y aún muy vigente, llegó la agilidad. Surgida como una propuesta de desarrolladores de software –el “manifiesto ágil”, elaborado por programadores y analistas destacados–, buscaba adecuar la Ingeniería de Software a principios más simples, inmediatos e interactivos, involucrando a clientes y usuarios. ¡Excelente propuesta! Comunicación más frecuente, producción de incrementos (piezas de código con evaluaciones modulares, individuales), incremento de código, entregas progresivas, entre otros principios. La simplicidad era uno de los fundamentos. Pero… con el tiempo tenemos cursos de larga duración, certificaciones exigentes, fusión con corrientes de calidad total que generan pesadas cargas de documentación, modelos de estructuración de equipos de producción, entre otras iniciativas muy cuestionables. El lenguaje volvió a tornarse inaccesible, el principio de simplicidad fue olvidado y la agilidad perdió gran parte de su atractivo inicial. Lamentable.
Ahora existe un frente importante, denominado con entusiasmo “vibe coding”, que anuncia, mediante la disponibilidad de plataformas, aplicaciones y recursos, que el código puede ser generado “por quienes nunca han programado ni programarán”. El avance es innegable; viene para eliminar las dificultades de comunicación, el aislamiento de la producción de “cajas negras” tecnológicas alejadas del cliente final. En nuestro diálogo en el programa PAEX de la FDC, siempre interactuamos con nuestros alumnos sobre la necesidad de comprender el recorrido del cliente mediante, por ejemplo, el análisis de datos, para construir posicionamientos de valor diferenciados y con potencial en la retención y el desarrollo. La producción tecnológica que no dialoga con el mundo de los clientes siempre corre el riesgo de generar distanciamiento, con perjuicios para ambas partes de una negociación.
El “vibe coding”, sin embargo, se apoya en la introducción masiva de recursos de inteligencia de datos en las organizaciones. Muchas veces sin proyectos, sin planificación y sin planes, con la promesa de generar artefactos de código de forma simplificada, que ya no requerirán toda la burocracia, tecnicismo y opacidad de las tecnologías cerradas. Los errores cometidos al creer que las soluciones tecnológicas debían ser únicamente tecnológicas –y no también de negocio–, sin generar una comprensión mutua, han dado lugar a este escenario favorable a una ruptura.
Sin embargo, al analizar esta ruptura –o disrupción, una innovación en la construcción de estos elementos básicos de proposición de valor, los códigos computacionales– basados en recursos aún inmaduros de inteligencia artificial –no solo por ser recientes, sino también por su uso, en ocasiones, para atender demandas inmediatas de gestores y empresas–, observamos algunos riesgos que deben ser identificados.
En primer lugar, es necesario comprender que una pieza de código es un “ser vivo”, no un elemento estático. El código debe traducir reglas de negocio, formas y señales de entrada experimentadas por el usuario y, finalmente, respuestas comprensibles. Cualquier cambio en este contexto, desde el inicio hasta el final del uso del código, requiere ser acompañado por mantenimientos gestionables, registrados y formales. Sin dicho registro, incluso en entornos de producción de software, observamos, ocasionalmente, la incapacidad de identificar con precisión cuál fue la última versión del código implementada en una solución, lo que generalmente conduce a diagnósticos costosos, repetitivos e improductivos.
Otro factor, que ya se ha manifestado de formas particulares en las otras olas, es la descentralización forzada de las fuentes de información. Después de todo, los códigos producidos tratarán y generarán hojas de cálculo, tablas, diagramas, figuras y, como innovación, audio y video como salidas de sus procesos. Sin considerar la necesidad de identificar a quién generó estas partes para su mantenimiento y actualización, encontramos una particularidad ya conocida: la fragmentación, separada por departamentos o unidades funcionales, de carácter particular (por ejemplo, la enorme cantidad de hojas de cálculo en las empresas). Si algún día (y ese día siempre llega) necesitamos integración, la situación se vuelve difícil. Es necesario encontrar todas las piezas utilizadas en una toma de decisiones, consultar, evaluar, analizar, integrar y, solo entonces, decidir. Sin integración, se invierten mucho tiempo y esfuerzo en este trabajo.
Finalmente, el mensaje que más merece atención: ¿será que las llamadas “áreas de soporte”, como la tecnología de la información, están comenzando a atravesar un momento nada “vibe”, en el que sus modelos de negocio, reglas rígidas –a veces poco transparentes y productivas a los ojos de los clientes finales–, pueden ser sustituidos por recursos de IA? La introducción de agentes de IA, como hemos comentado con nuestros interlocutores en el PAEX de la FDC, puede potenciar nuevas formas de fragmentación, generando un enorme mosaico difícil de integrar.
Retomaremos este tema en el futuro, pero se trata de una situación inevitable, provocada, necesaria, pero preocupante desde el punto de vista de la gestión. Finalmente, la ola innovadora ha llegado a las empresas. Y, sin preparación, limitándose a la “vibe”, podemos quedarnos solo en la celebración y perder el control de los procesos.
George Leal Jamil- Profesor Asociado de la Fundación Dom Cabral, en el programa Voicers