• Por Benjamín Livieres
  • Analista político

El cartismo está de parabienes. Los resultados de las últimas internas municipales ratificaron y ampliaron notoriamente su hegemonía política en la ANR, así como el liderazgo de Horacio Cartes, que sigue creciendo en influencia a 8 años de haber dejado la Presidencia de la República.

Los números son irrefutables y trascienden cualquier relato. Los candidatos de Honor Colorado triunfaron en el 90 % de los distritos electorales por márgenes muy amplios, incluyendo Asunción, y representarán a su partido en 240 de los 263 municipios que estarán en disputa en octubre próximo. Y otro dato por demás relevante. Obtuvieron 1.055.000 votos, del universo total de 1.400.000 electores que participaron del acto comicial, frente a tan solo 221.000 logrados por todos los sectores de la disidencia, juntos, sumidos ahora en una crisis profunda a raíz de tamaña derrota.

La capital fue epicentro de lo que algunos, erróneamente, anunciaban como “la madre de todas las batallas”, inducidos tal vez por el hecho de que todas las fuerzas antioficialistas se unieron para derrotar al cartismo. Sin embargo, el triunfo de Camilo Pérez fue abrumador, al cosechar el 61,34 % de los votos, frente al 32,83 % de Arnaldo Samaniego. Una diferencia tan grande que facilita la unidad colorada en torno a Camilo y la Lista 1 con miras a las elecciones venideras, como de hecho ya está ocurriendo.

Los números que arrojaron estas votaciones también destruyeron relatos internos y externos al Partido Colorado. El llamado al “voto castigo al cartismo” no tuvo repercusión alguna o, si la tuvo, se aplicó a sus promotores, a juzgar por el muy modesto caudal electoral que consiguieron. Y lo mismo con respecto a la “bajísima participación” de los republicanos en su interna, difundida por casi todos los medios a lo largo de la jornada electoral, cuando la realidad demostró luego que fue superior al 50 %, por encima de los índices que arrojaron eventos anteriores de la misma naturaleza y ni qué hablar en comparación con los registrados en los partidos de oposición.

Esta “marea cartista” tiene múltiples consecuencias que merecen ser analizadas a profundidad. Por una cuestión de espacio, nos referiremos en esta ocasión a las dos que revisten mayor relevancia: Su incidencia en las relaciones entre el partido y el gobierno, por un lado, y en la definición de la política electoral, así como de la chapa presidencial que representará al oficialismo, por el otro.

Respecto a lo primero, es una obviedad que la hegemonía casi absoluta de Honor Colorado demostrada en las urnas implica una mayor capacidad de incidir en la gestión de gobierno, algo hasta ahora no ejercido por dicha corriente. Y también supone la necesaria disposición del Ejecutivo a escuchar reclamos y/o iniciativas que partan de ámbitos del partido, cuyas chances electorales para el 2028 están subordinadas en gran medida al desempeño del gobierno. En cuanto a lo segundo, tan obvio como lo anterior, es el liderazgo de Horacio Cartes, engrandecido tras estas elecciones, que lo reconfirma como “gran elector” de la chapa que representará a la ANR en las internas del 2027 y las generales del 2028.

Las “buenas nuevas” del pasado domingo vienen, pues, acompañadas de mayores obligaciones. En el acierto de sus respuestas radica las probabilidades de que el presidente Peña, llegado el momento, entregue la banda presidencial a otro oficialista.

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