• Víctor Pavón (*)

Mi artículo del pasado fin de semana “Elevar el déficit fiscal es una amenaza para el país” fue objeto de críticas. Algunas consideraron acertadas mis conclusiones y otras no. Estas últimas se centraban en la excesiva importancia que otorgo al largo plazo dejando de lado, dicen, el presente escenario de urgencia que requiere la inmediata respuesta de elevar el tope del déficit.

Considero que dejar de lado los efectos a largo plazo por una urgencia que, por cierto, no es tal, lleva al inmediatismo, a depender de la coyuntura. Este inmediatismo implica abdicar de las reglas institucionales ante un escenario coyuntural, abriendo nuevas medidas que se sumarán una tras otra. Se abrirá la caja de Pandora expresada en la mitología griega, por el cual una decisión aparentemente inofensiva luego se convierte en un problema complejo y de irreparables daños.

Si se decidiera aumentar el tope del déficit fiscal, la primera y sencilla pregunta consiste en ¿Cómo se pagará el déficit?. La respuesta puede darse aumentando la recaudación, bajando los costos estatales, así como elevando los impuestos o crear nuevos; aumentar la deuda hasta una política monetaria más elástica acorde a los “nuevos tiempos”.

¿Cuál de estas posibilidades se dará si se autoriza aumentar el tope fiscal? Todas ellas están sobre la mesa. Se podrá disponer de una de ellas o todas juntas, dependiendo nuevamente de la “coyuntura”. Como se podrá disponer de más dinero, el gasto público inexorablemente aumentará. Las “buenas intenciones” justificarán cualquier decisión en el gasto y más cuando la coyuntura domina el escenario político.

Las reglas institucionales como la Ley de Responsabilidad Fiscal no son del agrado de políticos y burócratas. Les conviene el cortoplacismo, dado el corto horizonte que tienen de seguir en el Estado. La presión por los resultados electorales incentiva los ánimos de congraciarse con votantes y grupos de presión.

Surgen los beneficios a corto plazo y se ignoran los de mediano y largo plazo. Sin embargo, los costos como el de elevar el tope del déficit fiscal determinan el futuro. Además, ¿por qué no dejar al siguiente gobierno se encargue de enfrentar el problema de aprobar nuevos impuestos, más deudas e inflación?

Un ejemplo ilustra la situación. Muchos todavía creen que con una ley de alquileres que establezca un tope en el precio de los departamentos y casas, será de beneficio para los sectores de menores ingresos. La ley forzaría a que los propietarios no oferten sus propiedades a un precio mayor al legislado.

Sin embargo, pronto el precio exigido por ley hará que los propietarios oferten menos casas y departamentos e incluso preferirán venderlos. Habrá menos oferta de casas y alquileres, caerá la calidad de las mismas y la gente de menos recursos serán los primeros en ser perjudicados.

Llevar a cabo una medida a corto plazo sin considerar los efectos sistémicos a largo plazo es un error grave. Es lo que sucederá si se eleva el tope del déficit fiscal. Se abrirá la caja de Pandora, en apariencia inofensiva, para luego convertirse en altos costos a ser pagados por la población.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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