• Marcelo Pedroza
  • Doctor en Psicología y Magíster en Educación
  • mpedroza20@hotmail.com

Y entonces dejó entre sus discípulos el legado de sus ideas. Las voces se expresaron con el devenir del tiempo, y se sostuvo a través de ellas. Cayo Musonio Rufo, profesor de profesores.

La filosofía envuelta en la acción, vibrando desde principios que sostienen al ser. Epicteto fue su pupilo, imaginar sus diálogos lleva a otro mundo mental.

La misión más bella se constituye como una tarea fundamental y se expresa en perfeccionar el alma mediante la virtud. Eso ejercitó Musonio. Pregonó que la naturaleza humana está compuesta por cuerpo y alma, “aunque ambos elementos no poseen igual dignidad”. El cuerpo es necesario para la vida terrena, pero está sometido a la enfermedad, el envejecimiento y la muerte.

El alma racional permite juzgar, orientar y decidir la conducta. Entonces, la educación debe centrarse en el alma. Y en esto la filosofía se manifiesta como “el arte de vivir noblemente“. Aprender filosofía es aprender a vivir, quizá así también se lo dijo a Epicteto.

Musonio Rufo (entre el 20 y el 30 d.C. - entre el 95 y el 102 d.C.), filósofo estoico, romano, que supo de desventuras, las vivió, entre ellas el exilio impuesto por Nerón, por el hecho de enseñar filosofía. Y siempre volvió. Cada vez más fuerte. Hago un paréntisis, pienso en Séneca y otra vez Nerón.

Vuelvo a Musonio, estaba convencido que lo que duele fortalece el carácter. Y por supuesto, lo libera. La educación debe formar el carácter, otro eje clave para lo que es transitar por la tierra. Formar el temple. Alimentar el espíritu de superación.

El cuerpo debe ser cuidado aunque siempre como un instrumento de la virtud, por eso sus descendientes del pensamiento sentencian que manifestó “es mejor fortalecer el alma que fortalecer el cuerpo“. Por ende, la filosofía es la medicina del alma, dado que permite evaluar al juicio, grado notable de profundidad, y después orientar el camino.

“Mujeres y hombres poseen la misma capacidad racional y la misma disposición natural para la virtud, ambos deben recibir la misma formación para vivir dignamente“, inculcaba en aquel tiempo el maestro Musonio.

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