- Por Nicole Mischel
- Corresponsal
- Medio Oriente
Nación media
En Jerusalén, ciudad donde la diplomacia adquiere un peso simbólico e histórico incomparable, la Embajada del Paraguay en Israel celebró los 215 años de la Independencia paraguaya con una recepción que fue mucho más que un acto protocolar: se convirtió en una demostración palpable del fortalecimiento estratégico, humano y político entre Paraguay e Israel.
El embajador del Paraguay en Israel, Alejandro Rubin Cymerman, recibió a altas autoridades israelíes, miembros de la Knesset, representantes diplomáticos, empresarios y líderes de diversos sectores, en una tarde marcada por el tono cercano, la confianza mutua y una visión compartida de futuro.
Durante su discurso, Rubin recordó que el 14 y 15 de mayo representan para el Paraguay la afirmación histórica de un pueblo decidido a vivir con libertad, soberanía y dignidad. Pero más allá de la evocación patriótica, el embajador proyectó una imagen moderna y dinámica del Paraguay ante Israel: un país estable, competitivo, abierto al mundo y con creciente protagonismo internacional.
“El Paraguay no está empezando a cambiar, viene cambiando hace tiempo”, expresó Rubin, destacando el posicionamiento del país sudamericano como una plataforma seria para la inversión y el desarrollo en América Latina, con estabilidad política y económica, abundante energía, capacidad productiva y más de quince años de crecimiento sostenido.
Uno de los ejes centrales fue el notable crecimiento del intercambio económico entre ambas naciones, particularmente en el sector cárnico. El embajador reveló que las exportaciones paraguayas de carne hacia Israel prácticamente se duplicaron durante el último año y podrían superar este 2026 la barrera de los 300 millones de dólares, consolidando a Israel como uno de los socios comerciales más relevantes para el Paraguay en la región.
Rubin agradeció especialmente a los empresarios e importadores israelíes que han apostado por el Paraguay, subrayando que el objetivo es que la carne paraguaya no sea percibida simplemente como un producto, sino como una marca nacional asociada a calidad, confianza e identidad.
Sin embargo, el mensaje paraguayo fue más allá de la agroindustria. El embajador invitó al ecosistema israelí a mirar hacia sectores como tecnología, energía, agua, logística, servicios e innovación aplicada, apostando a una nueva etapa donde la amistad política se traduzca en inversiones, cooperación y proyectos concretos.
La velada alcanzó uno de sus momentos más significativos con la intervención del ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, quien decidió dejar a un lado el discurso formal y hablar desde la cercanía y la espontaneidad. Micrófono en mano, sin leer un guion y en un tono relajado, Saar transmitió algo que en diplomacia suele tener un valor profundo: sentirse entre amigos.
“Mi oficina está cerca”, bromeó el canciller israelí al referirse a la decisión paraguaya de mantener su embajada en Jerusalén, antes de destacar con seriedad lo que definió como un acto de valentía diplomática de Paraguay en tiempos complejos para Israel.
Para Saar, el traslado y permanencia de la embajada paraguaya en Jerusalén representa un gesto histórico que Israel “nunca olvidará”. Recordó que Paraguay fue el sexto país en trasladar oficialmente su embajada a Jerusalén y afirmó que decisiones como esa demuestran quiénes permanecen al lado de Israel incluso en momentos difíciles.
“Nosotros invertimos en nuestros amigos”, expresó el canciller, dejando claro el valor estratégico que Israel otorga hoy a la relación bilateral con Paraguay.
Saar elogió además el potencial económico paraguayo y la visión de desarrollo impulsada por el presidente Santiago Peña, a quien llamó públicamente “mi amigo”. “Deseo para Paraguay lo mejor”, afirmó, reiterando que la relación debe fortalecerse no solo entre gobiernos, sino también entre pueblos.
“El verdadero reto es seguir siendo amigos, seguir fuertes, gente con gente”, dijo el ministro israelí. “Yo siempre seré vuestro amigo”.
La tarde también tuvo espacio para la calidez latinoamericana y el humor diplomático. En medio de bromas sobre el próximo Mundial de Fútbol, y recordando el origen argentino del canciller israelí, el embajador Rubin desafió a Saar preguntándole públicamente por quién apoyaría en el partido entre Paraguay y Estados Unidos. Entre risas y diplomacia, el canciller respondió con picardía que “ambos son aliados” y que “ambos son ganadores para Israel”.
Más allá de los discursos y los gestos simbólicos, la relación entre Paraguay e Israel posee una profundidad histórica singular. Ambos países comparten la memoria de haber sobrevivido a tragedias existenciales que amenazaron su propia continuidad nacional: Paraguay tras la devastadora Guerra de la Triple Alianza e Israel tras el Holocausto. Dos naciones pequeñas que, pese a las heridas de la historia, reconstruyeron su identidad, su soberanía y su futuro.
Ese vínculo también tiene raíces diplomáticas trascendentales. En 1947, el voto paraguayo en las Naciones Unidas fue determinante para la aprobación de la resolución que abrió el camino a la creación del Estado de Israel, un hecho que continúa siendo profundamente recordado en Jerusalén.
Hoy, décadas después, esa cercanía histórica se transforma en una alianza moderna basada en valores compartidos, cooperación estratégica y confianza política mutua.
La recepción por los 215 años de la independencia paraguaya no solo celebró la historia de un país. También confirmó que, en un escenario internacional marcado por tensiones y redefiniciones geopolíticas, Paraguay e Israel continúan construyendo una relación sólida, cercana y con una visión compartida hacia el futuro.

