• Por Jorge Torres Romero.

La absolución del exministro de Obras Públicas, Ramón Jiménez Gaona, deja una conclusión política inevitable: el principal responsable de haber enterrado definitivamente el proyecto del metrobús y condenado a más de 300 mil paraguayos a seguir padeciendo un sistema de transporte público indigno tiene nombre y apellido: Arnoldo Wiens.

El hoy precandidato presidencial de Colorado Añetete no solamente carga con el fracaso definitivo de una obra estratégica para Asunción y el Área Metropolitana, sino además con una imputación penal que difícilmente podrá desprenderse del debate político nacional. El metrobús terminó convertido en una ruina urbana, en sinónimo de improvisación, caos y abandono. Pero sobre todo, en la evidencia más brutal de cómo las disputas políticas personales pueden destruir políticas públicas necesarias para la ciudadanía.

La absolución de Jiménez Gaona desmonta parte del relato construido durante años por el abdismo, que buscó concentrar toda la responsabilidad en funcionarios del gobierno anterior. Sin embargo, la realidad política es mucho más incómoda: fue durante la gestión de Arnoldo Wiens cuando el proyecto terminó de morir. Y murió no por imposibilidad técnica, sino por decisión política.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

La obsecuencia de Wiens hacia Mario Abdo Benítez terminó siendo su peor condena. En lugar de actuar con criterio técnico y buscar salvar un sistema de transporte que podía beneficiar a cientos de miles de personas, optó por alinearse ciegamente al ánimo revanchista de un presidente obsesionado con destruir todo lo que oliera al gobierno de Horacio Cartes.

Ese odio político tuvo consecuencias devastadoras. No solamente sepultó una obra multimillonaria; también arrastró a varios colaboradores de Mario Abdo a procesos judiciales y responsabilidades penales mientras el expresidente hoy se refugia cómodamente detrás de sus fueros parlamentarios. Wiens no es el único que terminó pagando el costo de aquella lógica de persecución y demolición política. Otros exfuncionarios abdistas también enfrentan hoy causas judiciales derivadas de decisiones tomadas más por fanatismo político que por racionalidad administrativa.

El caso metrobús simboliza como pocos episodios la miserabilidad política de una administración que prefirió destruir antes que corregir. En vez de mejorar el proyecto, reencauzarlo o transparentarlo, se optó por abandonarlo hasta convertirlo en un monumento al fracaso estatal. Y mientras los ciudadanos seguían perdiendo horas de vida atrapados en colectivos deteriorados, el gobierno libraba su propia guerra interna contra el cartismo.

Arnoldo Wiens hoy carga esa pesada cruz. No solamente deberá explicar por qué el metrobús terminó convertido en chatarra política y urbana, sino también por qué permitió que el resentimiento político se impusiera sobre las necesidades de la ciudadanía.

Porque al final, los grandes perjudicados no fueron los dirigentes colorados enfrentados entre sí. Fueron los paraguayos que siguen esperando un transporte público digno. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Déjanos tus comentarios en Voiz