- Por Juan Carlos Dos Santos G.
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El multilateralismo padece de una severa crisis de coherencia. Este mes, la Asamblea Mundial de la Salud vuelve a sesionar en Ginebra bajo la premisa de no dejar a nadie atrás. Una retórica impecable que choca de frente con la silla que, por décimo año consecutivo, se le niega a Taiwán debido a las presiones de China continental.
Lo paradójico es que no se está dejando fuera a un receptor de ayuda, sino a un proveedor neto de soluciones. En un mundo donde la medicina digital es la última frontera contra el colapso hospitalario, Taiwán destaca con trece hospitales inteligentes calificados entre los mejores del planeta en este 2026 y un despliegue masivo de inteligencia artificial aplicada a la clínica médica.
No es una disputa abstracta sobre mapas o soberanías no ejercidas. Es una barrera ideológica instalada en medio del laboratorio global. Al prohibir la participación de Taiwán en los canales oficiales de la OMS, la comunidad internacional acepta voluntariamente amputarse una parte de su capacidad de respuesta científica. Una decisión política que debilita la seguridad sanitaria de todos, solo para complacer los intereses de un solo actor.
En el tablero internacional actual, la salud ya no se gestiona solo con vacunas y camillas; se gestiona con big data, nubes de información y telemedicina.
Y es precisamente ahí donde la exclusión se vuelve un absurdo. Ante el colapso demográfico y la falta de médicos, Taiwán automatizó y digitalizó su sistema sanitario con una eficacia envidiable.
Los datos de este año son elocuentes: más de medio centenar de productos de IA médica validados regulatoriamente operan en sus hospitales, optimizando desde diagnósticos oncológicos hasta la toma de decisiones críticas en tiempo real. Es un ecosistema maduro que no busca el reconocimiento internacional por cuestiones de ego de Estado, sino que ofrece una infraestructura de cooperación que ya funciona con sus vecinos regionales.
Mantener la puerta cerrada de la OMS por presiones políticas no debilita a Taiwán, que ha demostrado autosuficiencia de sobra. A quien debilita es al sistema multilateral. La pregunta incómoda que la salud global debe responder en Ginebra no es si Taiwán necesita al mundo, sino hasta cuándo el mundo puede permitirse el lujo de ignorar las soluciones de Taiwán.