- Víctor Pavón (*)
Impulsada por el presidente Horacio Cartes, desde el año 2013 contamos con la Ley 5098 de Responsabilidad Fiscal. Esta normativa se convirtió en regla institucional. Pocas legislaciones adquirieron un rol institucional de resultados tan beneficiosos para el país.
En foros y seminarios internacionales, la normativa se constituyó en hecho llamativo. Un ejemplo a tomar en cuenta con el “made in Paraguay”. En un contexto global caracterizado por la competitividad y la alta eficiencia de los mercados, nuestro país consiguió dar un paso decisivo.
Se estableció un límite al déficit fiscal. La Administración Central no puede superar el 1,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), el gasto público toma en cuenta la tasa de inflación interanual, con una programación del presupuesto enmarcado en un horizonte de mediano plazo.
De igual modo, la legislación consideró situaciones de emergencia como una recesión severa o una catástrofe nacional, motivos que autorizan superar el límite del déficit. Todavía más, esta regla fiscal de limitar el déficit se relaciona con el dinero, haciendo que la estabilidad monetaria –de responsabilidad del Banco Central– tenga un apoyo que antes no contaba.
Nuestro país fue logrando dos elementos que muchas veces no son debidamente apreciados y los tecnócratas desprecian a la fecha. Estos dos elementos son la sostenibilidad fiscal y la estabilidad monetaria. La Ley de Responsabilidad Fiscal es una barrera para cualquier intento populista. Esta normativa emite señales positivas a los mercados, nacional y extranjero.
Con el espíritu emprendedor de productores, comerciantes e industriales, trabajadores y empresarios, logramos como país ingresar a las ligas mayores pese a su mediterraneidad, rodeado de dos países de influencia como Argentina y Brasil.
Paraguay está logrando mostrarse al mundo confiable, serio y predecible. De hecho, el gobierno actual de Santiago Peña desde el inicio de su gestión tuvo como uno de sus objetivos reducir el déficit fiscal, incrementado durante el gobierno anterior.
La reducción del déficit fiscal se está dando. Sin embargo, a la fecha las ideas equivocadas presionan por todas partes. Están instalando en la agenda pública salir de la regla fiscal. Pretenden subir el tope del déficit. Se abrirán las puertas del infierno. Y la expresión infierno no la menciono como figura retórica que la literatura otorga. Cambiar la regla fiscal tendrá efectos dañinos comparables con el Averno de suplicios y quebrantos.
A los promotores de esta malsana idea de elevar el tope fiscal no les interesa la población, les interesa el Estado en lugar del individuo. A sus impulsores les tiene sin cuidado el futuro de cada paraguayo y extranjero que trabaja, ahorra e invierte en el país.
El incremento en el tope del déficit fiscal pronto traerá consigo el aumento de impuestos (que tanto anhelan), endeudamientos y una política monetaria laxa, supeditado a la coyuntura.
Quedará en el recuerdo el 10-10-10 impositivo. Los efectos serán devastadores. ¡Justo en el momento en que Paraguay empieza a despegar! Espero que el Gobierno no pise esta cáscara de banana puesta por los que desean su fracaso para señalarlo como el que destruyó una de las columnas de la estabilidad y progreso de la nación.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.