- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
En la guerra moderna, el vencedor no siempre es el que más munición dispara, sino el que mejor sabe estrangular. La gran estrategia de Beijing para convertirse en la potencia hegemónica global no se basa en el desembarco masivo de tropas al estilo del siglo XX, sino en una implacable política de asfixia logística y la creación de hechos consumados. El objetivo final es claro: dominar su mar adyacente, romper el cerco de la primera cadena de islas, empujar a Estados Unidos hacia la segunda cadena y adueñarse del vasto océano Pacífico.
Este libreto de vencer sin combatir no es nuevo. En 1982, Margaret Thatcher viajó a Beijing, con el aura de hierro de su victoria en las Malvinas, dispuesta a negociar la retención de Hong Kong. Deng Xiaoping, el arquitecto de la China moderna, la desarmó sin mover un solo soldado. Le recordó una realidad geográfica implacable: la colonia británica dependía casi en su totalidad del agua dulce y los alimentos de la provincia continental de Guangdong. Una simple orden de cerrar la llave de paso del acueducto, y Hong Kong caería en el caos en cuestión de días. El Reino Unido entendió que la isla era indefendible, devolviéndola en 1997, un destino de sumisión que Macao siguió frente a Portugal en 1999.
Hoy, esa misma “llave de paso” se está construyendo en medio del océano. Lo que China hizo con el agua dulce en los ochenta lo replica ahora con las rutas del comercio global. La militarización de atolones filipinos como Mischief Reef y las recientes y alarmantes obras de dragado en Antelope Reef no son simples disputas por corales. Son “portaviones insumergibles” creados de la nada; mojones de concreto y radares que adelantan su frontera marítima para ahogar lentamente a sus vecinos.
El blanco más evidente de este cerco es Taiwán, sometido a un asedio de “zona gris” que busca su colapso psicológico y comercial antes que una costosa invasión militar. Pero el mapa de la asfixia es mucho más amplio. Al dominar estas aguas, China sostiene un garrote sobre la yugular económica de Corea del Sur y de Japón, naciones que dependen críticamente del libre tránsito por esos mares para sobrevivir.
La ambición no se detiene ahí. La retórica nacionalista en Beijing ya comienza a deslizar “ambigüedades históricas” sobre la soberanía de la mismísima Okinawa, la prefectura japonesa que funciona como el principal escudo defensivo de las democracias en la región. Si China logra consolidar este mar interior como un lago propio, el repliegue de Estados Unidos será inevitable. Perder la primera cadena de islas marcaría el fin del estatus de Washington como garante de la seguridad global.
Este dragón no escupe fuego; simplemente quita el aire. Pero, ¿qué ocurre cuando esta probada estrategia de dominar los “nodos logísticos” cruza el mundo, sale del mar de China y aterriza silenciosamente en los puertos sudamericanos o en nuestra propia hidrovía Paraguay-Paraná? Ese es un tablero de ajedrez donde nuestro país tiene demasiado en juego, y un rompecabezas más profundo que comenzaremos a armar en detalle desde el próximo fin de semana.
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Villate confirma que sanción de China ratifica la estrategia tecnológica de Paraguay
El ministro de Tecnologías de la Información y la Comunicación (Mitic) Gustavo Villate, interpretó las restricciones impuestas por Beijing como una confirmación de la estrategia tecnológica y diplomática impulsada por Paraguay.
En una extensa publicación, el ministro defendió la cooperación con Taiwán y cuestionó las sanciones por sus vínculos con las decisiones soberanas del país. Anunció que acelerará los proyectos conjuntos.
En un comunicado divulgado en sus redes sociales, Villate defendió el derecho de Paraguay de establecer sus alianzas diplomáticas y sus condiciones de seguridad tecnológica.
“Es una sanción que confirma el camino”, encabeza su descargo, respecto a la sanción que recibió el pasado 12 de octubre, por parte del Gobierno de la República Popular China.
Entre esas sanciones se contempla que no puede ingresar a este país, a Hong Kong ni Macao; además cualquier bien que tenga allí queda congelado y ninguna organización o persona en China puede hacer transacciones ni cooperar con Villate. “Su vocera fue franca sobre el propósito. Dijo que son medidas de advertencia y disuasión”, señaló.
Al respecto, el funcionario paraguayo remarcó que no tiene bienes en ese país, por lo tanto, el efecto práctico es limitado, por lo que no lo toma de forma personal. No obstante, señaló que el mensaje merece una lectura atenta, porque habla más de las decisiones que tomó el gobierno paraguayo, antes de las que haya hecho él personalmente.
“Bajo la Ley contra Sanciones Extranjeras de China, a un funcionario de otro país se le pueden congelar o incautar bienes por las opiniones que sostiene en su propio país, mediante una decisión que la misma ley declara definitiva, sin tribunal y sin defensa. En una democracia, la propiedad privada y la libertad de opinión están protegidas justamente frente a ese tipo de poder. Esa es la diferencia de fondo entre nuestros sistemas de gobierno”, remarcó.
Denuncia de operaciones cibernéticas
Villate explicó que Beijing lo acusa de difundir “desinformación” sobre ciberataques. Sobre el punto, aclaró que el Mitic publicó, junto con el Gobierno de los Estados Unidos, una declaración conjunta sobre operaciones cibernéticas maliciosas vinculadas a la República Popular China y dirigidas contra instituciones del Estado paraguayo.
“Beijing también me acusa de haber visitado Taiwán y de recibir a sus autoridades. El Paraguay tiene relaciones diplomáticas ininterrumpidas con Taiwán hace 69 años, y cooperar con un país amigo no es una provocación, es política exterior soberana. Llamar ‘peones’ a los ministros de dos naciones democráticas dice más de quién sanciona, que de quiénes son sancionados”, expresó.
El titular del Mitic sostuvo que detrás de esta presión hay decisiones técnicas, no políticas, que cualquier otro país consideraría parte de sus derechos soberanos. Indicó que en la licitación 5G del Paraguay se pidió garantías de que ningún gobierno extranjero tuviera una influencia indebida sobre las empresas que construyen estas redes.
“Aplicamos el mismo criterio al data center nacional que financia el Banco Interamericano de Desarrollo, porque la seguridad de la cadena de suministros es seguridad nacional. Y ahora aplicamos ese enfoque al software, en especial a la inteligencia artificial. La IA es como un niño: aprende lo que uno le muestra, y un modelo entrenado bajo un sistema autoritario carga con esos sesgos”, comentó.
Yguazú Digital y respaldo internacional
Villate destacó el proyecto Yguazú Digital, una iniciativa binacional de inteligencia artificial con Taiwán, que, según afirmó, podría alcanzar una dimensión comparable a la de Itaipú. Además, defendió los criterios técnicos y de seguridad aplicados en la selección de proveedores tecnológicos y cuestionó que China sancionara a un funcionario paraguayo por decisiones vinculadas a estos procesos.
El ministro señaló que Taiwán y Belice también rechazaron las sanciones impuestas por Beijing, mientras que el Departamento de Estado de Estados Unidos manifestó su oposición a las medidas de coerción contra países del hemisferio por ejercer sus derechos soberanos.
“En estos tres años aprendí que el servicio público exige decisiones cuyo impacto se mide en décadas. Esta sanción es, en el fondo, una certificación de que lo que venimos haciendo desde el 2023 es el camino correcto. Por eso mi respuesta es seguir trabajando, y con más fuerza. Vamos a acelerar cada proyecto con Taiwán: Yguazú Digital, el Parque Tecnológico, la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay y el sistema nacional de información en salud, que ya funciona en 1.000 establecimientos públicos”, enfatizó.
Finalmente, indicó que las naciones soberanas no necesitan coincidir en todo para tener relaciones constructivas, pero la reciprocidad y el respeto a la independencia no se negocian.
“El año próximo, Paraguay y Taiwán cumplirán 70 años de relaciones ininterrumpidas, y esa relación nunca va a estar sobre la mesa de negociación. La Libertad no se negocia, ni se congela, ni se sanciona. El Paraguay es una democracia que decide por sí misma, y vamos a seguir construyendo nuestro futuro junto a quienes comparten esos valores”, concluyó.
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Afirman que China popular busca intimidar a Paraguay con sanciones
Gustavo Villate indicó que la sanción se da en torno a la función pública que ejerce actualmente y no sobre sus actividades en el ámbito profesional.
El ministro de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic), Gustavo Villate, calificó como una tentativa de “intimidación” las recientes sanciones impuestas en su contra por el Gobierno de China popular. La medida de Pekín responde a las acciones de cooperación e impulso de alianzas estratégicas que la cartera estatal mantiene con la República de China (Taiwán).
“La lectura que yo tengo es que, la medida es una forma que tiene de intimidar la República Popular de China respecto a las acciones que estamos llevando adelante; en ese sentido, yo no lo tomo de forma personal”, refirió ayer al programa “Arriba hoy”, del canal GEN y Universo 970 AM/Nación Media tras su sanción. Indicó que la sanción se da en torno a la función pública que ejerce actualmente y no sobre sus actividades en el ámbito profesional: “Yo vengo del sector privado y vengo trabajando ya desde hace muchísimo tiempo en toda la industria de tecnología, así que, evidentemente las acciones que llevamos a cabo desde las instituciones lo que sienten que les está afectando, ellos se basan en una China unificada”.
El secretario de Estado destacó que las relaciones diplomáticas y de cooperación entre Paraguay y Taiwán se han fortalecido con el Gobierno encabezado Santiago Peña, y esta sería la razón de la molestia de China.
“Nosotros tenemos relaciones diplomáticas con la República de China (Taiwán) desde hace 69 años, el año que viene cumplimos 70 años de relaciones ininterrumpidas y lo que hicimos nosotros desde la llegada del presidente Peña es justamente incrementar la cooperación y las relaciones que tenemos con la República hermana de Taiwán, creo que de alguna manera eso afecta la política que tiene la República Popular de China”, refirió.
Villate agregó que “de todas formas es un mecanismo que básicamente avala, una certificación de que lo que venimos haciendo desde el año 2023 es el camino correcto”.
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El muro geográfico y democrático que frena a China Popular
- Juan Carlos Dos Santos G.
- Editor y columnista internacional
- Fotos: Gentileza
Una superpotencia económica atrapada por la geografía. A pesar de contar con la armada más numerosa del planeta, los barcos y submarinos de China no pueden salir al océano abierto sin pedir permiso. El responsable es un arco de islas, estrechos vigilados y bases aliadas –con Taiwán y Okinawa como ejes críticos– que actúan como un tapón militarizado
Para entender la vulnerabilidad de este cerco, es necesario mirar hacia el norte del archipiélago, específicamente a las islas Nansei y la prefectura de Okinawa. Esta región alberga el estrecho de Miyako, una de las pocas y valiosas vías marítimas internacionales de aguas profundas que permiten el acceso directo al Pacífico abierto. Para la Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN, por sus siglas
en inglés), cruzar por aquí es una necesidad logística; para Japón y Estados Unidos, es una línea roja.
Consciente de esto, Beijing no busca una invasión anfibia tradicional en este sector, sino un quiebre por saturación. A través de incursiones casi diarias de cazas, bombarderos y buques de guerra, China somete a las Fuerzas de Autodefensa de Japón a una constante guerra de desgaste psicológico y operativo, buscando normalizar su presencia en aguas que Tokio considera soberanas.
INTERCEPTANDO DESDE OKINAWA
Durante mi estadía en Okinawa, a comienzo de octubre del año pasado, fui testigo en primera línea de cómo, al menos en dos y hasta en tres ocasiones diariamente, cazas japoneses (F-15) y aeronaves especializadas en guerra electrónica y antisubmarina (P-3C Orion) dejaban la base aeronaval de Naha para ir en busca de intrusos, ya sean aviones, barcos espías disfrazados de pesqueros, guardacostas artillados o incluso submarinos chinos, que amenazaban con ingresar al espacio aéreo japonés o a sus aguas territoriales.
A toda esta situación, la respuesta japonesa ha sido contundente: la progresiva militarización de sus islas periféricas con baterías de misiles antibuque de última generación y radares de alerta temprana demuestra que el eslabón del norte está lejos de ceder fácilmente.
TAIWÁN, LA CLAVE
Si Okinawa es el tapón del norte, Taiwán es la pieza maestra de todo el tablero. Ubicada exactamente en el centro de la Primera Cadena de Islas, esta isla democrática representa el obstáculo más formidable para las ambiciones globales de Beijing, pero también su objetivo más codiciado.
No se trata solo de una cuestión de orgullo histórico o control tecnológico; es, ante todo, un imperativo geográfico. Occidente peca de ingenuo al creer que China desea apropiarse de Taiwán, ya sea por supuestos sentimientos nacionalistas, por historia o por semiconductores. El secreto del deseo de China sobre Taiwán es geográfico, al ser la pieza fundamental que detiene su deseo expansionista.
PERO… ¿POR QUÉ TAIWÁN?
Actualmente, la costa continental de China da a mares poco profundos, lo que dificulta enormemente que sus submarinos nucleares salgan a patrullar sin ser detectados por la tecnología acústica de los aliados. Controlar Taiwán rompería la cadena a la mitad y cambiaría las reglas del juego de inmediato.
Al dominar la costa este de Taiwán, la armada china tendría acceso directo a las fosas profundas del Pacífico. Desde allí, sus submarinos podrían desaparecer en el océano abierto, anulando la capacidad de detección temprana de Estados Unidos. Además, la caída de Taiwán generaría un efecto de pinza inmediato sobre sus vecinos.
Con bases aéreas y navales chinas operando en la isla, la prefectura japonesa de Okinawa quedaría cercada y vulnerable por el sur, y las rutas marítimas comerciales que abastecen de petróleo y materias primas a Japón y Corea del Sur quedarían bajo el control absoluto de Beijing. Quien controla Taiwán controla el pulso del Asia-Pacífico.
FILIPINAS, EL ÚLTIMO ESLABÓN DE LA PRIMERA CADENA
En el extremo meridional de la cadena, el escenario cambia de la tensión militar abierta a una guerra asimétrica de “zona gris”. Aquí, el objetivo de Beijing es el estrecho de Luzón –el corredor marítimo entre Taiwán y Filipinas– y la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Manila.
En este sector, ante la imposibilidad de quebrar el cerco por la fuerza, China ha optado por alterar la geografía misma. Mediante el dragado masivo y el relleno de arrecifes y atolones en disputadas aguas filipinas, Beijing ha construido una red de islas artificiales fuertemente militarizadas.
Lo que antes eran rocas semisumergidas, hoy son bases operativas con pistas de aterrizaje capaces de recibir bombarderos, sistemas de misiles antibuque y radares de largo alcance.
Esta estrategia de hechos consumados busca un quiebre silencioso: empujar la presencia naval de Filipinas y sus aliados hacia el este, erosionando la efectividad de la Primera Cadena desde abajo.
Si China consolida el control militar sobre la ZEE filipina, logrará dos objetivos críticos. Primero, flanquear a Taiwán desde el sur, facilitando un eventual bloqueo. Segundo, establecer un corredor protegido para que su flota del Sur pueda deslizarse hacia el Pacífico abierto.
Filipinas, consciente de este peligro, ha vuelto a estrechar filas con Washington, permitiendo el acceso estadounidense a bases clave frente a Taiwán, transformando este frente en un polvorín silencioso. EL VEREDICTO GEOGRÁFICO
La Primera Cadena de Islas sigue en pie, pero sus costuras están bajo una presión sin precedentes. Beijing sabe que mientras este muro insular permanezca intacto, su estatus de superpotencia global estará incompleto.
Cada incursión en Okinawa, cada presión sobre Taiwán y cada isla artificial en Filipinas son golpes de martillo sobre una estructura que, de llegar a romperse, cambiará para siempre el equilibrio de poder en el planeta, abriendo el camino de China hacia el control total del océano profundo.
PRÓXIMA ENTREGA: ¿Y si se rompe la Primera Cadena de Islas?
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Sueño enjaulado: China Popular y su obsesión por el Pacífico
- Juan Carlos Dos Santos G.
- X:@juancads
- Fotos: Archivo/Gentileza
El reloj ya corre. China Popular tiene una fecha marcada en rojo: 2049. Para entonces, se propone haber “reunificado” a Taiwán y desplazado a Estados Unidos como potencia dominante del Pacífico. Pero entre la ambición y la realidad se interpone un archipiélago de islas que funciona como una cadena invisible, y Beijing sabe que debe romperla.
No se puede entender a China Popular sin comprender cómo su política interna dicta su proyección externa y tampoco se puede obviar al objetivo que tiene fecha de caducidad. El 2049 es el límite para la “reunificación” con Taiwán y el desplazamiento de Estados Unidos como superpotencia dominante en la región del Pacífico.
El primer “objetivo” no puede esperar hasta el 2049. China Popular posiblemente ya inicie desde el 2027 la cuenta regresiva para lo que ellos llaman “reunificación”, algo que podría suceder por la vía política o, bien, por la fuerza.
Pero China tiene un gran obstáculo geográfico, aunque parezca increíble para estos tiempos de interconexión digital y globalidad comercial, y se llama Primera Cadena de Islas.
Este atolladero de islas que comienza en Japón se extiende hasta las islas del sur, como Okinawa, continúa en Taiwán y cierra con el archipiélago de Filipinas, encierra a China y deja al mar Meridional como un lago interno del cual no puede moverse con libertad ni su área de influencia.
LIBERTAD SIN CONTROL
El gran objetivo es romper esa cadena y salir sin ser controlado al Pacífico y, de allí en más, China cambiará su mirada hacia la Segunda Cadena de Islas, la última frontera que permite hasta hoy ser la potencia dominante a los Estados Unidos.
Este pensamiento estratégico fue concebido por Deng Xiaoping, el arquitecto del sistema, el avance y el crecimiento actual de China Popular y es Xi Jinping, su actual líder, el ingeniero que lo está llevando a la realidad.
Deng entendió, tras el caos de la Revolución Cultural de Mao Zedong, que China no podía proyectar poder hacia el exterior si primero no se convertía en un gigante económico.
Su doctrina se resumió en una famosa máxima que guió a la política exterior de Beijing durante tres décadas: “Ocultar la brillantez, cultivar la oscuridad”. En decir: crecer en silencio, no buscar el liderazgo global antes de tiempo, evitar confrontaciones directas con Washington y, sobre todo, asimilar la tecnología y el capital de Occidente.
LA LECCIÓN DE HONG KONG
Bajo este manto de calculada sumisión, Deng diseñó el armazón de la China moderna. Supo que la dependencia logística y la vulnerabilidad geográfica eran los talones de Aquiles del país. La lección de Hong Kong en 1982 –donde demostró que controlando los recursos vitales como el agua se podía doblegar a un imperio sin disparar un solo tiro– fue el laboratorio de una estrategia mayor. Deng sembró las bases económicas para que China pudiera, eventualmente, construir la llave de paso de los mares que hoy la encierran.
Pero el tiempo de la oscuridad cultivada terminó. Con la llegada de Xi Jinping al poder en 2012, el libreto de Deng Xiaoping sufrió una metamorfosis radical. Xi archivó la discreción y la reemplazó por el “sueño chino”, la doctrina oficial que busca el “gran rejuvenecimiento de la nación”. Este concepto no es una mera consigna propagandística para el consumo interno; es un plan de operaciones con objetivos militares y soberanos explícitos. El “sueño chino” dicta que el país debe recuperar el estatus de potencia central que el “siglo de la humillación” le arrebató, y eso requiere, obligatoriamente, el control absoluto de sus periferias de seguridad.
ROMPER LA CADENA
Es aquí donde el diseño arquitectónico de Deng y la ingeniería de Xi chocan de frente contra la geografía. Para que el “sueño chino” se concrete de cara al centenario de la República Popular en 2049, la soga que representa la Primera Cadena de Islas debe ser desatada o rota.
Xi Jinping sabe que mientras el estrecho de Miyako en Okinawa, las aguas de Taiwán y los accesos a Filipinas estén vigilados por radares aliados y baterías de misiles demócratas, el sueño de la superpotencia será solo una ilusión enjaulada.
En la próxima entrega detallaremos todo lo relacionado con la Primera Cadena de Islas, su importancia y las consecuencias de una hipotética ruptura.
DENG XIAOPING, UN CAMALEÓN PRAGMÁTICO
Nacido en Sichuan en 1904 y formado en París, fue el arquitecto que transformó a China sin abandonar el control unipartidista. Lejos del carisma de Mao o su espectacularidad militar, Deng fue un pragmático implacable: comprendió que China no podía competir con Occidente por la fuerza bruta, al menos no todavía, y diseñó una estrategia de expansión silenciosa basada en la dependencia logística como arma política.
Demostró que la apertura económica no buscaba libertad individual, sino fortalecer al Estado. Rompió dogmas colectivistas, creó zonas económicas especiales y atrajo inversión extranjera, resumiéndolo en su frase célebre: “No importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”. Occidente creyó que China se democratizaría; el Partido Comunista chino temió una traición capitalista. Ambos se equivocaron.
Deng usó el capitalismo para enriquecer a China y blindar al Partido Comunista. Cuando Tiananmén amenazó esa estabilidad en 1989, ordenó una represión brutal sin dudar. Falleció en 1997 tras crear un híbrido político monstruoso sin precedentes: el capitalismo de Estado, el motor que le daría a Xi Jinping la confianza para reclamar el control del Pacífico.