- Por Laura Ramos
- Presidente del Club de Ejecutivos del Paraguay
Paraguay ha construido en los últimos años uno de sus principales atributos económicos: la estabilidad macroeconómica. En una región caracterizada históricamente por fuertes desequilibrios, inflación y volatilidad monetaria, nuestro país logró posicionarse como una economía predecible y confiable para invertir, producir y hacer negocios.
Sin embargo, hoy comienza a surgir una preocupación creciente en distintos sectores empresariales: la incertidumbre respecto al comportamiento futuro del tipo de cambio y sus efectos sobre la competitividad de la economía paraguaya.
El debate no pasa únicamente por la suba o baja del dólar. También importa cómo evoluciona el guaraní frente a otras monedas de la región. En los últimos meses, el guaraní mostró una apreciación relativa superior a la observada en varios países vecinos, generando preocupación en sectores exportadores, industriales y comerciales que ya advierten impactos sobre márgenes, costos y capacidad de competir.
Para una economía abierta como la nuestra, la competitividad cambiaria sigue siendo un factor relevante. Cuando los costos internos crecen en dólares y nuestros vecinos mantienen monedas más depreciadas, inevitablemente aparecen presiones sobre precios, rentabilidad y decisiones de inversión.
Esto afecta especialmente a sectores productivos que generan empleo formal y exportaciones, pero también repercute en toda la cadena económica: logística, comercio, servicios e inversiones. Muchas decisiones empresariales se toman considerando expectativas cambiarias de mediano plazo. Cuando existen dudas sobre la sostenibilidad de ciertos niveles relativos de tipo de cambio, las empresas tienden a actuar con mayor cautela.
Naturalmente, la discusión cambiaria no puede separarse del desafío de preservar estabilidad de precios y credibilidad monetaria. En un contexto donde la inflación sigue siendo una variable sensible para hogares, empresas y expectativas económicas, cualquier medida debe equilibrar competitividad con prudencia macroeconómica de largo plazo.
Paraguay no debe renunciar a los principios de estabilidad y disciplina económica que tanto valor han generado para el país. La estabilidad sigue siendo un activo estratégico y uno de los factores que explican el creciente interés internacional en nuestra economía.
Pero justamente por eso, hoy resulta más importante que nunca fortalecer el diálogo técnico entre autoridades económicas y sector privado para monitorear impactos sectoriales, preservar competitividad y evitar distorsiones que puedan afectar inversión, producción o empleo.
El desafío de esta nueva etapa no es solamente mantener estabilidad. También es lograr que esa estabilidad conviva con condiciones que permitan al país seguir siendo competitivo frente al mundo y frente a la región.
Paraguay tiene hoy una oportunidad histórica de consolidar su posicionamiento internacional tras la obtención del grado de inversión. Para aprovechar plenamente ese momento, será clave sostener señales claras, previsibilidad y una visión económica de largo plazo que combine responsabilidad macroeconómica con capacidad de adaptación a un entorno global cada vez más dinámico. Porque la confianza se construye no solo con estabilidad, sino también con competitividad y visión de futuro.

