• POR MATÍAS ORDEIX
  • Socio del Club de Ejecutivos del Paraguay.

Nuestro país está despe­gando y a gran velocidad. Ya no somos un destino des­conocido: hoy captamos la atención de inversores regionales e internaciona­les. Hemos crecido, mejo­rado la calidad de vida de muchas personas y redu­cido la pobreza en los últi­mos años. Los números macro y el clima de nego­cios nos posicionan como un país atractivo y compe­titivo en la región.

Este viento de cola debemos aprovecharlo al máximo, porque no sabemos cuánto tiempo podrá sostenerse si no actuamos en consecuen­cia. Y es justamente ahí donde aparecen los gran­des desafíos. Cuando los inversores profundizan en nuestra realidad cotidiana, surgen pendientes impor­tantes en lo social, institu­cional y en infraestructura.

En lo social, seguimos en deuda en educación y salud. En educación, es funda­mental una transforma­ción profunda: programas más prácticos y adaptados al mundo actual, incorpo­rando tecnología, inteligen­cia artificial, inglés, finan­zas y administración desde etapas tempranas. Es clave también impulsar carreras cortas, técnicas y oficios, con salida laboral concreta. Todo esto debe ir acompa­ñado de una mejor forma­ción, evaluación continua y remuneración docente acorde a la responsabili­dad que implica formar a las nuevas generaciones.

En salud, el desafío es orde­nar el sistema desde la base: reducir burocracia, elimi­nar cargos innecesarios y enfocarse en lo esen­cial: médicos, enfermería, infraestructura y acceso a medicamentos. La terceri­zación de servicios comple­mentarios, junto con una mayor descentralización, puede mejorar significati­vamente la eficiencia, redu­cir costos y acercar solucio­nes reales a la gente.

Un problema transversal que nos afecta profunda­mente es la corrupción, de carácter sistémico y exten­dido. No es solo responsa­bilidad del sector público; también el sector privado muchas veces participa y se beneficia. Combatirla requiere decisiones firmes, empezando por la digitali­zación total de procesos en el Estado y municipios, generando trazabilidad, transparencia y reduciendo la discrecionalidad. A esto se suma la necesidad de controles efectivos y san­ciones reales.

El crecimiento sostenido también exige infraes­tructura adecuada. Conta­mos con abundante ener­gía, pero fallan las redes de distribución. Se nece­sita inversión sostenida en rutas, avenidas y mante­nimiento urbano. El pro­blema no es únicamente la falta de recursos, sino su mala asignación, ejecución y control.

Finalmente, el transporte público sigue siendo una deuda crítica. Miles de tra­bajadores pierden horas cada día en condiciones precarias, afectando su calidad de vida y producti­vidad. Es urgente avanzar en soluciones estructurales como tren de cercanía, sis­temas de transporte masivo modernos y una reorgani­zación integral del sistema.

Si queremos sostener el crecimiento, atraer inver­siones y generar oportu­nidades reales, el compro­miso debe ser conjunto: gobierno, sector privado y sociedad. Pero, sobre todo, hace falta decisión, conti­nuidad en las políticas y una visión de país de largo plazo que trascienda los gobier­nos de turno.

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