- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza / AFP
Sé que una buena parte de mi vida (nuestras vidas) está en los data center (centros de datos)que operan la big tech.
Cada mañana, al levantarme al igual que con cada anochecer, Alexa (el asistente de Amazon) –que me llama por mi apodo, aunque cuidadosa de las formas no deja de llamarme “señor”– me reporta. Clima, calidad del aire, el tránsito urbano. No olvida nada. Interactúo con las distintas inteligencias artificiales generativas intensamente.
Con ellas, cotidianamente, tengo en tiempo real mis valores vitales. Presión arterial, ritmo cardíaco, nivel de oxígeno en sangre, cuánto (y cómo) duermo, cuántos pasos doy cada día. Todo a y en la nube. Con Android Auto, Google Maps y el GPS, sé a dónde voy y a dónde fui. Sé que una buena parte de mi vida (nuestras vidas) está en los data center (centros de datos) que operan la big tech.
John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973), a quien miles conocemos como J.R.R. Tolkien o, simplemente, Tolkien, británico, nacido en Orange, colonia británica, hoy Sudáfrica, no es solo el creador de “El señor de los anillos”. También fue catedrático en Oxford, docente y, el 28 de marzo de 1972, la reina Isabel II lo nombró comendador de la Orden del Imperio.
De sus conocimientos e imaginación emergieron Frodo, el portador del anillo; Aragom, el heredero del trono de Gondor, y muchos más. Todos habitaron en él. Y, para que quede claro –particularmente a quienes no vieron la saga de “El señor de los anillos”– también por su creación sabemos de los Palantiri, aquellas siete piedras indestructibles, esféricas que creara Fëanor en la Primera Edad hasta que Elendil las llevó hasta la Tierra Media.
PIEDRAS VIDENTES
Desde entonces, las recordamos como las “piedras videntes” con las que quienes están dotados de gran fortaleza mental pueden comunicarse y ver el “futuro/pasado”. ¡Enorme poder! Ciencia ficción. ¿Ficción? En esa categoría un par de plataformas vuelven a ofrecer, por estos días, “El señor de los anillos” y, con la re-presentación, el poder de las Palantiri vuelve, parece volver... o, por qué no, desde algún lugar se procura que así sea no olvidarlas.
En tiempos de incertidumbres ver (y poder saber) de pasado/futuro puede parecer salvífico. JFM, colega académico y periodista, profundamente religioso y creyente, cuyos textos (de alta pluma) se publican en numerosos portales, sostiene que “cuando se habla de comunicación estratégica se asegura que todo mensaje que no se interpreta, se apropia” y, en ese contexto, “cuando emerge un suceso con alto impacto emocional verificado (...) distintos actores intentan traducirlo rápidamente a su propio marco de sentido (porque) no les interesa tanto comprender lo que fuere, sino que procuran conseguir que encaje en sus relatos”.
Señala además que “los fenómenos que generan conexión genuina (con las audiencias, con los públicos, con la opinión pública) siempre serán disputados porque, aunque algunos actores los incomprendan en profundidad (y, aun así) se necesita capturar su potencia simbólica”.
PODER Y CONOCIMIENTO
La obra de Tolkien, sin dudas, vincula poder con conocimiento y, desde el conocimiento, sugiere que se puede poder. “Todo ejercicio de poder depende de una estructura de conocimiento que lo sustente”, explicó Michel Foucault (1926-1984).
Shoshana Zuboff (75), profesora emérita de la Escuela de Negocios de Harvard, en 2019, con un trabajo de investigación académica formidable, advirtió sobre la monetización de los datos personales que las empresas tecnológicas realizan con el aporte de cada usuario de los servicios que ofrecen en las redes que se construyen sobre la internet.
“La era del capitalismo de la vigilancia” (Paidós) llamó a su obra. Aquel texto hoy aparece como “premonitorio”. Mucho más en este presente en el que pocas parecen ser las personas que evitan entregarse a los que los algoritmos les piden y luego de que el pasado 4 de setiembre, líderes y lideresas de las llamadas “big tech” cenaran en Washington amuchadas en torno del poder global formal.
PROYECTO POLÍTICO
Allí convergieron Apple, Alphabet, Microsoft, Meta, Oracle, OpenAI y AMD. Entre ellas y en ellas están aquellas y aquellos jóvenes que incubaron en el Valle del Silicio y, por estos tiempos, se autoperciben poderosos y procuran consolidarse como tales.
De hecho, dos de ellos, Alexander C. Karp (59) y Nicholas W. Zamiska (59), a través de un libro que titularon “La república tecnológica: poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente (The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West)”, lanzaron días atrás un claro proyecto político. Para algunos analistas y críticos, con ese lanzamiento, siete años más tarde confrontan y confirman a Shoshana Zuboff que, antes de finalizar 2026, volverá a publicar.
¿QUÉ ES EL “CAPITALISMO DE LA VIGILANCIA”?
La doctora Shushanaq Zuboff (75) –a los fines de su trabajo de investigación académica, realizado en 2019– lo define y caracteriza en ocho puntos:
1. Nuevo orden económico que reclama para sí la experiencia humana como materia prima gratuita aprovechable para una serie de prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas.
2. Lógica económica parasítica en la que la producción de bienes y servicios se subordina a una nueva arquitectura global de modificación conductual.
3. Mutación inescrupulosa del capitalismo caracterizada por grandes concentraciones de riqueza, conocimiento y poder que no tienen precedente en la historia humana.
4. El marco fundamental de una economía de la vigilancia.
5. Amenaza tan importante para la naturaleza humana en el siglo XXI como lo fue el capitalismo industrial para el mundo natural en los siglos XIX y XX.
6. Origen de un nuevo poder instrumentario (sic) que impone su dominio sobre la sociedad y plantea alarmantes contradicciones para la democracia de mercado.
7. Movimiento que aspira a imponer un nuevo orden colectivo basado en la certeza absoluta.
8. Expropiación de derechos humanos cruciales que perfectamente puede considerarse como un golpe desde arriba: un derrocamiento de la soberanía del pueblo.
LA REPÚBLICA TECNOLÓGICA
Alexander Karp (59) y Nicholas Zamiska (59), a través de @PalantirTech, en la red X, el 18 de abril último, dan a conocer “porque nos lo preguntan mucho (…) ‘La república tecnológica’, en breve”.
1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.
2. Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el más importante, como civilización? Este dispositivo ha transformado nuestras vidas, pero también puede estar limitando y restringiendo nuestra percepción de lo posible.
3. El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dirigente, solo se perdonará si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para la ciudadanía.
4. Se han puesto de manifiesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer exige algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y este poder duro en este siglo se construirá sobre la base del software.
5. La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante.
6. El servicio militar obligatorio debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente abandonar el modelo de fuerzas armadas exclusivamente voluntarias y solo participar en la próxima guerra si todos compartimos el riesgo y el costo.
7. Si un infante de marina estadounidense pide un fusil mejor, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Como país, deberíamos ser capaces de mantener un debate sobre la pertinencia de la acción militar en el extranjero, sin vacilar en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que arriesguen su vida.
8. Los funcionarios públicos no tienen por qué ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que remunerara a sus empleados como lo hace el gobierno federal con los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.
9. Deberíamos mostrar mucha más compasión hacia quienes se han expuesto a la vida pública. La eliminación total del perdón –el abandono de toda tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana– puede dejarnos con un grupo de personas al mando de las que luego nos arrepentiremos.
10. La psicologización de la política moderna nos está desviando del camino correcto. Quienes buscan en la arena política nutrir su alma y su sentido de identidad, quienes confían demasiado en que su vida interior se exprese en personas que quizás nunca conozcan, se sentirán decepcionados.
11. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado impaciente por apresurar, e incluso se regocija con, la desaparición de sus enemigos. La derrota de un adversario es un momento para reflexionar, no para celebrar.
12. La era atómica está llegando a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar.
13. Ningún otro país en la historia del mundo ha promovido los valores progresistas más que este. Estados Unidos dista mucho de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no pertenecen a las élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
14. El poderío estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Muchos han olvidado, o tal vez dan por sentado, que durante casi un siglo ha prevalecido en el mundo alguna forma de paz sin un conflicto militar entre grandes potencias. Al menos tres generaciones –miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos– nunca han conocido una guerra mundial.
15. Es necesario revertir el debilitamiento de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. La pérdida de poderío militar de Alemania fue una reacción exagerada por la que Europa ahora paga un alto precio. Un compromiso similar, y sumamente teatral, con el pacifismo japonés, de mantenerse, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.
16. Debemos aplaudir a quienes intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk por las grandes narrativas, como si los multimillonarios debieran limitarse a enriquecerse... Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente descartado, o tal vez se esconde tras un desdén apenas disimulado.
17. Silicon Valley debe desempeñar un papel importante en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos en Estados Unidos se han mostrado indiferentes ante este problema, abandonando cualquier esfuerzo serio por abordarlo o arriesgarse con sus electores o donantes a la hora de proponer soluciones y experimentos que deberían ser un intento desesperado por salvar vidas.
18. La exposición implacable de la vida privada de las figuras públicas aleja a demasiados talentos del servicio público. El ámbito público –y los ataques superficiales y mezquinos contra quienes se atreven a hacer algo más que enriquecerse– se ha vuelto tan implacable que la república se encuentra con una importante lista de personas ineficaces y vacías, cuya ambición se perdonaría si existiera en su interior algún tipo de convicción genuina.
19. La cautela en la vida pública que, sin darnos cuenta, fomentamos es corrosiva. Quienes no dicen nada malo a menudo no dicen gran cosa.
20. Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos de sus miembros afirman.
21. Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Ahora todas las culturas son iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han resultado mediocres y, peor aún, regresivas y perjudiciales.
22. Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sustancia. En Estados Unidos, y más ampliamente en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión. Pero ¿inclusión en qué?.