- Por Arturo Peña Villaalta
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El 29 mayo de 1985, en el estadio de Heysel, en Bruselas, se disputaba la final de la Copa de Campeones de Europa entre la Juventus de Italia y el Liverpool de Inglaterra. El escenario se vio colmado por 60 mil almas. Antes del inicio, hinchas ingleses, los temidos Hooligans, comenzaron a crear disturbios y generando avalanchas. Una se llevó por delante a cientos de personas que terminaron aplastados contra las vallas: 39 muertos y 600 heridos.
Tres años más tarde, el 15 de abril de 1989, en el estadio Hillsborough, en Sheffield, nuevamente el Liverpool era protagonista, ahora en una semifinal de la FA Cup inglesa contra Nottingham Forest. Fallas en los mecanismos de seguridad –investigaciones confirmaron la negligencia– ocasionaron la superpoblación en uno de los sectores. Otra avalancha acabó con la vida de 96 aficionados.
Luego de Heysel, la UEFA prohibió a los clubes ingleses competir en copas europeas durante 5 años. Esto representaba un duro golpe para el país y su enorme tradición futbolera.
Las tragedias que involucraron a equipos ingleses marcaron un punto de inflexión y una mujer, la primera ministra británica Margaret Tatcher (en el cargo desde 1979 a 1990), fue quien puso el punto y aparte.
El fenómeno Hooligan ya venía creciendo desde los 60 y 70, adquiriendo incluso tintes xenófobos. La polémica “Dama de hierro” colocó este problema y el de la inseguridad en el fútbol en general entre los principales, y aplicó duras medidas para cambiar el escenario y la mala imagen que se había ganado el fútbol inglés.
En 1989 Tatcher implementó la Ley de Espectadores de Fútbol, que daba atribuciones para controlar el ingreso de espectadores a los partidos y prevenir la violencia. Se restringió el acceso a personas con antecedentes.
Otro puntal fue el Informe Taylor. Tras la tragedia de Hillsborough, el gobierno encargó al juez Peter Taylor que investigara el suceso. Su informe derivó en una serie de medidas que apuntaban a una profunda modernización de los estadios y mecanismos de seguridad. Se establecieron asientos individuales de forma obligatoria –no mas público de pie–, se recomendó el uso del circuito cerrado y se endurecieron las penas contra los violentos, entre otras medidas. Reportajes señalan que la Policía incluso infiltró personal en las barras para anticiparse a los sucesos. El proceso fue complejo y extenso y también tuvo sus sombras, ya que una de las medidas fue elevar los costos de las entradas, lo que alejó a las clases más bajas de los estadios.
Las cifras comenzaron a mostrar la reducción de la violencia y las detenciones y prácticamente la desaparición de los Hooligans como grupos activos y organizados. Todo esto marcó el camino hacia la creación de Premier League, para muchos, la mejor liga del mundo.
Hechos de violencia esporádicos muestran que el germen sigue latente en Inglaterra, sin embargo, es innegable el logro en el combate al flagelo a partir de una firme política de gobierno.
Cada país tiene su realidad y eso condiciona la forma de afrontar los problemas, es cierto. No todas las recetas son aplicables en todas partes, pero lo que se puede leer de la experiencia inglesa es que la problemática no se puede ver de forma separada, solo como una cuestión de barras versus policías. Y también que sin la determinación –no solo de los clubes, sino del propio gobierno– y la inversión suficiente, no se cambia nada.
El tema trasciende lo deportivo. En cuanto a las garantías de seguridad, los que asistimos a algunos partidos sabemos de primera mano que hay mucho por hacer en infraestructura en los estadios. Así como también son evidentes las falencias en cuanto a protocolos de las fuerzas de seguridad. Falta mayor preparación.
En cuando a la inseguridad generada por las barras, de Cerro, Olimpia, Luqueño, Guaraní o el club que sea, además de cualquier perfil sicológico o sociológico que se le quiera dar, no es un secreto que varios de estos grupos se manejan dentro de la criminalidad. Están las pruebas: drogas, asaltos, armas, asesinatos. El hecho de que entre hinchas se enfrenten a tiros y haya víctimas fatales no puede explicarse con fanatismo. Es obvio que hay factores mucho más poderosos detrás.
Pero mientras no se ponga el punto y aparte, es solo esperar a otro episodio más para los mismos debates y los mismos discursos. Hoy la discusión en la que están enfrascadas las directivas de Olimpia y Cerro es sobre quién se queda o no con los tres puntos. Los hechos violentos ya pasaron a un segundo plano.