- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- Consultor financiero
Como directivo de tu organización, al no dejar saber a la gente bajo tu dirección que te sentís satisfecho con el nivel de trabajo que están logrando, es probable que observes en ellos un debilitamiento emocional y asertivo.
Hoy en día muchos jóvenes (principalmente de la generación Z), no van a trabajar solamente por las compensaciones monetarias que van a recibir, sino que también las no monetarias adquieren una singular relevancia para ellos (oportunidad de asistir a congresos, seminarios, cursos de capacitación, que puedan emitir opiniones, sugerencias y recomendaciones viendo sentirse parte del equipo), además de la posibilidad de tener un horario flexible que les permitan seguir sus estudios universitarios.
Cuántas veces quedamos sorprendidos cuando súbitamente nos llama nuestro jefe y nos dice: “Sabés Enzo que no estamos conforme con tu rendimiento”, y sin embargo él ya lleva dentro de la empresa casi dos años y desde que ingresó a la compañía nunca le han dado ningún tipo de retroalimentación, para poder ver sus errores y tratar de revertirlos a tiempo.
No hay mejor cosa para un funcionario que tener un jefe que sea lo suficientemente abierto y comunicativo y que en tiempo y forma vaya dando feedback acerca de la performance del equipo, pues es la única forma de asegurarnos de que estamos haciendo bien o mal las tareas que nos encomiendan y corregir nuestros puntos débiles en caso de ser necesario.
Son pocos los que se acercan a sus subordinados y les dan una palmadita en la espalda para alentarlos y decirles que el trabajo encomendado va a salir bien, por más que esté aún en proceso.
Las posibilidades que como subordinado puedas hacerlo bien son mucho mayores si has recibido un elogio o aliento con antelación, pues eso automotiva y fortalece la inteligencia emocional y asertiva.
El sueño de todo buen directivo es poder construir un gran equipo y uno de los objetivos es lograrlo a través de la inversión en recursos lo más reducido posible.
Elogiar es gratis, pero efectivo, simple es hacerlo y no te insumirá casi ningún tiempo dentro de tus tareas diarias, siempre y cuando el empleado se lo merezca al estar dando una contribución efectiva y eficiente a la organización.
Cuanto mayor responsabilidad le des a tu gente, cuanto más confíes en ellos, los elogies y los animes cuando sea necesario, la contrapartida positiva será mayor.
La virtud de liderazgo encierra valores como la humildad y sencillez. Antes que estar demostrando poder, sería más beneficioso que tus subordinados se den cuenta que eres también parte del equipo de trabajo, pues tu éxito será el del mismo y viceversa.
No cuesta nada alabar cuando corresponde. Es un don que debería ir impregnado dentro de la piel de un buen directivo.
Pero difícil resulta muchas veces, pues creemos que haciéndolo estaremos viendo disminuida nuestra capacidad de poder sobre ellos.
Crear una atmósfera de trabajo saludable es lo recomendable, pues actúa directamente en beneficio de nuestra inteligencia emocional y asertiva y contribuye a que podamos ser mucho más empáticos.
Muchas veces los directivos no nos damos cuenta de que echar una mano animando al empleado, también al que no es muy eficiente y proactivo, coadyuvará a crear un mejor clima laboral.
En cualquier equipo de trabajo no debería estar ausente un aire de ayuda, de compañerismo, debiendo ser activamente promovido y elogiado cuando necesario fuere.
En toda organización se dan objetivos y metas cualitativas y cuantitativas.
Somos parte del mismo y es probable que cumplirlo de buena forma podría ser el de otros dentro de nuestra empresa y así sucesivamente.
Es bueno saber que formamos parte de un equipo de trabajo, en donde entre todos deberíamos de estirar “el carro para adelante”, pues de lo contrario en vez de nadar y alcanzar la costa podremos hundirnos todos juntos.