• POR BENJAMÍN LIVIERES
  • Analista político

La turbulencia política desatada últimamente en filas oficialis­tas, en medio de la cual se eviden­ciaron apetencias personalistas de las más variadas índoles, arrojó un primer resultado claramente positivo, que de otra forma tal vez no se hubiera dado: la confirmación de la candidatura presi­dencial de Pedro Alliana.

Todos recordarán aquella expresión usada por Horacio Cartes en la plenaria de Honor Colorado realizada en la Con­mebol, en noviembre de 2025. “Ahora es el momento, Pedro”, lo que se hizo ofi­cial a finales de la semana pasada y tuvo efectos muy concretos. Por un lado, puso en marcha un proceso de reorde­namiento interno en torno a su figura, en un momento en el cual no eran pocos los que, de manera insensata, se lanzaron a impulsar sus propios proyectos, tratando de aprovechar el espacio que había dejado HC, alejado temporalmente de la política activa por prescripción médica. Por el otro, porque Alliana, ahora más empo­derado, podrá actuar con mayor efecti­vidad como bisagra entre el oficialismo partidario y el Ejecutivo, para canali­zar las demandas del primero y acordar con Santiago Peña los cambios y ajus­tes que exigen el momento, a lo que en esferas del gobierno llaman “segundo tiempo”. Y a esto podría agregarse un tercer aspecto. Mario Abdo y su candi­dato, Arnoldo Wiens, ya no están solos en la cancha.

Disipadas las amenazas internas que se cernían sobre Honor Colorado –al menos una parte importante de ellas–, habida cuenta que ahora la candidatura ya no se discute y hasta los “díscolos” deberán amoldarse a esa nueva realidad, Alliana se enfoca en defender los programas exi­tosos del Gobierno, que siempre lo hizo, pero también en destacar los desafíos que tienen por delante Santiago Peña y él mismo, en su doble condición de vice­presidente y candidato. Al respecto, citó expresamente áreas del Ejecutivo que requieren cambios o ajustes, como Salud (asumimos que eso también incluye al IPS), Educación (de muy pobre resul­tado pedagógico), Obras Públicas (en el ojo de la tormenta desde hace más de un año) y Seguridad (siempre presente en el reclamo ciudadano).

Lo que hace el vicepresidente es ponerle nombre a reparticiones en donde se debe mostrar resultados que hasta ahora no son satisfactorios, tal como reclamó Car­tes en uno de los pasajes más destacados del discurso pronunciado justamente en aquella asamblea de la Conmebol, en la que se dirigió al presidente de la Repú­blica para decirle, sin rodeos, que de eso dependía la continuidad del coloradismo en función de gobierno y que sea un diri­gente de Honor Colorado quien maneje las riendas del Estado.

Esta será, en definitiva, su mejor cam­paña electoral. No la entendida como los actos que celebran las diversas fuerzas políticas para mostrar “musculatura” y conquistar, que las realizará más ade­lante, como todos. Su mejor campaña será, sin dudas, afianzar su perfil como promotor, junto al presidente, de los cambios que deban hacerse en lo que resta del mandato, sean estos de políti­cas públicas y/o de personas, a los efec­tos de mejorar la calidad de vida de los paraguayos.

No hablamos de soluciones mágicas, que no las hay. Pero sí de acciones concretas, cuyos primeros frutos, por más modes­tos que sean, generen expectativas ciu­dadanas en que el país avanzará hacia el camino del bienestar. De esto dependerá sus reales chances electorales y, como dijo Cartes, que un exponente de Honor Colo­rado sea el próximo presidente.

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