• POR BENJAMÍN LIVIERES
  • Analista político de NM

“Me acaban de decir que no es la hora ni el momento. ¿Cuándo va a ser la hora? Ahora es el momento. Hay que largar, Pedro, sos un bendecido y mirá el pueblo que tenés. Si con este pueblo no salís campeón del mundo, no sé con quién vas a ganar. Les pido a todos ustedes que trabajemos juntos para que Pedro Alliana sea el próximo presidente de la Repú­blica”, manifestó con énfasis Horacio Cartes en su discurso ante más de 2.000 dirigentes de base de Honor Colorado, durante la plenaria realizada en la sede de la Conmebol, el pasado 29 de noviembre.

Más claro imposible. El ungido por el líder indiscutido de dicha corriente, que también lo es del partido político más importante del país, es el vicepresidente, no otro. Sin embargo, algunos medios comenzaron a difundir en las últimas semanas otras supuestas precandi­daturas del oficialismo, de variados perfiles.

Independientemente de la veracidad de las ver­siones periodísticas, que cobraron cierta fuerza en virtud del silencio de los actores a los que se adjudican tales pretensiones, la usina de rumo­res se alimenta de dos hechos fundamentales, a saber: el episodio de salud por el que atravesó Cartes, del que se está recuperando pero que aún lo mantiene alejado de la política activa, y los anuncios hechos por Alliana, difiriendo la decisión de su nominación para después de las elecciones municipales del mes de octubre.

La consecuencia práctica de lo antedicho es que el oficialismo, hoy por hoy, no tiene un candi­dato en la cancha, lo que genera desorden en sus filas. Pero eso no es todo. Los que están en la vereda de enfrente, léase Mario Abdo Benítez y su candidato Arnoldo Wiens, aprovechan que están solos en la cancha para avanzar y ocupar espacios que de otra forma les resultaría lógi­camente muy dificultoso.

Alliana afirma de manera sensata que toda­vía faltan dos años para las próximas eleccio­nes generales y que antes están los comicios municipales. Pero la realidad no siempre es respetuosa del calendario electoral y el dato cierto es que la campaña con miras al 2028 ya está lanzada.

Así las cosas, el presidenciable oficialista y su movimiento tienen la necesidad imperiosa de salir al campo de juego para, en primer término, darle certeza de su nominación a la dirigencia de base, lo que favorecerá al reor­denamiento del movimiento, y para afirmar su propio perfil político frente al bloque disi­dente, sea defendiendo los programas exitosos del Gobierno –a fin de darles continuidad en el futuro–, sea proponiendo ajustes y rectificacio­nes, como lo hizo en ocasión de la reforma del sistema jubilatorio del sector público.

El vicepresidente cuenta con todas las condi­ciones para hacerlo. Fue gobernador, estuvo al frente de la Cámara de Diputados en perío­dos difíciles, ejerció la presidencia del Partido Colorado y tiene el respaldo del movimiento hegemónico en la ANR. Y de su líder, Horacio Cartes, quien, por su enorme peso político en las filas republicanas, cumple el papel de “gran elector” del sucesor de Santiago Peña en el Pala­cio de López.

Pero como le dijera el propio Cartes, en opor­tunidad de la plenaria realizada en la Conme­bol a fines del año pasado, tiene que largar su carrera sin más demoras, porque la campaña para las presidenciales del 2028 ya está en pleno desarrollo.

Las palabras que pronunció entonces ante la dirigencia de Honor Colorado ahora resue­nan con más fuerza: “Ahora es el momento”.

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