- POR LAURA RAMOS
- Presidente del Club de Ejecutivos del Paraguay
Durante muchos años, el Club de Ejecutivos del Paraguay fue, principalmente, un espacio de encuentro. Un lugar donde líderes empresariales se reunían, intercambiaban ideas y construían relaciones. Ese rol no es menor: las relaciones han sido, históricamente, uno de los activos más valiosos del mundo empresarial.
Pero hoy el contexto exige más. El entorno en el que operan las empresas cambió. Es más dinámico, más competitivo y más exigente. En ese escenario, las instituciones también tienen que evolucionar. Ya no alcanza con conectar personas. El verdadero desafío es convertir esas conexiones en valor concreto.
Esa es la transformación que estamos impulsando en el Club. El concepto de networking, durante mucho tiempo, fue interpretado de manera amplia y ambigua. Para algunos, significaba conocer gente. Para otros, generar vínculos. Pero pocas veces se lo pensó como una herramienta estratégica, diseñada con intención y con resultados medibles.
Hoy, ese paradigma cambia. El Club está avanzando hacia un modelo de networking estratégico: espacios diseñados para que las conexiones no sean casuales, sino relevantes. Donde el valor no esté en cuántas personas se conocen, sino en qué ocurre después de ese encuentro.
La pregunta que guía esta evolución es simple pero exigente:
¿Qué valor concreto obtiene un socio por ser parte del Club? Si no podemos responder eso con claridad, la institución pierde sentido. Por eso, uno de los ejes centrales de esta nueva etapa es medir el impacto. No se trata de contar eventos, sino de entender resultados. Cuántas reuniones se generaron. Cuántas oportunidades surgieron. Cuántas decisiones se tomaron a partir de esos vínculos. Este cambio también implica reconocer algo fundamental: no existe un único tipo de socio.
Conviven en el Club perfiles muy distintos. Desde CEOs de grandes corporaciones, con expectativas de incidencia en el país, hasta ejecutivos que buscan conexiones útiles para su operación diaria. Diseñar una propuesta de valor relevante para todos requiere dejar atrás la lógica generalista y avanzar hacia la personalización.
En ese camino, el uso de datos deja de ser accesorio y pasa a ser central. Conocer al socio –su perfil, sus intereses, su trayectoria– es la condición necesaria para generar experiencias que realmente agreguen valor.
Pero la evolución del Club no se limita al socio.También implica redefinir su rol en el país. El Club de Ejecutivos tiene una característica única: es uno de los pocos espacios donde el sector privado, el sector público y la academia pueden encontrarse desde una lógica transversal. Ese posicionamiento debe ser cuidado y fortalecido.
No se trata de opinar sobre todo. Ni de convertirse en un actor político. Se trata de intervenir con claridad en aquellos temas que impactan el clima de negocios y el desarrollo del país. Energía, inversión, institucionalidad, formalización. Esos son los ejes donde el Club puede –y debe– tener voz. Desde ese lugar, la aspiración es consolidarse como el espacio donde ocurren las conversaciones que importan. Donde se anticipan tendencias. Donde se conecta al liderazgo paraguayo con una mirada más global.
Toda evolución implica decisiones. Y también renuncias. El Club no está llamado a gestionar intereses individuales ni a convertirse en un canal de negocios particulares. Su valor está en lo colectivo, en lo transversal, en lo que genera impacto sistémico.
La pregunta que va a definir esta gestión es simple: ¿Qué valor generó el Club para sus socios y para el país? Si la respuesta se limita a enumerar actividades, no habremos evolucionado.
Si, en cambio, podemos mostrar impacto concreto, habremos dado un paso real. Porque en un mundo donde todo cambia cada vez más rápido, las instituciones que perduran no son las que hacen más, sino las que logran ser relevantes.
Y la relevancia, hoy, se mide en resultados.