DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- marianonin@gmail.com
A veces me paro a mirar cómo miramos cuando nadie nos ve. No lo que vemos, sino cómo nos detenemos, o no, frente a lo que pasa. Con qué prisa pasamos de largo. Con qué facilidad registramos el dolor como si fuera parte del paisaje cotidiano.
El otro día vi un accidente sobre Cacique Lambaré. Hubo un golpe seco, de esos que te dejan sin aire por algunos instantes. La escena quedó suspendida entre el ruido de los autos y los gritos.
Pero lo que más se me quedó fue otra cosa: la gente acercándose… no para ayudar, sino para filmar.
Celulares en alto. Pantallas encendidas. Manos firmes para grabar, pero no para socorrer. Y mientras tanto, alguien entre hierros retorcidos gritaba de dolor pidiendo auxilio. Alguien que necesitaba una mano más que una cámara.
Las imágenes comenzaron a circular. En minutos ya estaban en las redes. Se multiplicaron los comentarios, los “me gusta”, las reacciones, como si fuera que el dolor también pudiese medirse en clics.
Y ahí, en ese contraste, vi algo que venimos arrastrando sin darnos cuenta hace tiempo, más allá de que la tecnología llegó para acercarnos, nos aleja de la humanidad.
Hoy estamos más conectados que nunca. En Paraguay, como en gran parte del mundo, el celular ya no es un lujo: es una extensión de la vida cotidiana. Nos informa, nos comunica, nos acompaña.
Pero también, lentamente, nos va desplazando de lo esencial.
Así, mientras miramos a través de una pantalla, ya casi no nos miramos a los ojos. Mientras compartimos lo que pasa afuera, no registramos lo que pasa al lado nuestro. Mientras más acumulamos contactos, más crece una sensación silenciosa de soledad.
Es una paradoja incómoda. Una especie de progreso que, en el fondo, nos vuelve más solos.
No es que la tecnología sea el problema. Sería demasiado fácil decir eso y ni siquiera soy experto.
Pero creo que el problema es lo que hacemos con ella. O lo que dejamos de hacer mientras la usamos.
Hay algo profundamente humano que no se puede delegar. Ni automatizar. Ni subir a la nube. El gesto de acercarse. La decisión de quedarse. La simple acción de estar.
Y eso es lo que, poco a poco, parece estar perdiendo espacio.
Las máquinas pueden facilitarnos la vida. Pueden ordenarla, optimizarla, incluso anticiparla. Pero no pueden reemplazar lo que sentimos cuando algo nos toca de verdad.
Al final, entre tanta pantalla encendida y tanto contenido que se acumula sin pausa, lo que realmente importa sigue estando en otro lugar, quizás al lado nuestro.
En lo que vemos y hacemos cuando nadie nos está mirando. En lo que somos cuando no hay un botón de “compartir”. En lo que elegimos hacer cuando la vida, de golpe, nos pone frente a alguien que necesita algo más que un “me gusta”.
En ese momento, habría que dejar el celular.
Pero esa es otra historia.
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Apostala combina fútbol, datos e inteligencia artificial de cara al Mundial
Por: Adelaida Alcaraz
Apostala apuesta por convertir la emoción del máximo evento deportivo global en una experiencia interactiva, en la que la tecnología y la inteligencia artificial transforman la pasión del hincha en decisiones, participación y conexión con la marca.
En la previa del Mundial, el fútbol deja de ser solo deporte para convertirse en un fenómeno económico, cultural y tecnológico que moviliza audiencias, marcas y decisiones de consumo en tiempo real.
En ese cruce entre emoción y negocio, Apostala despliega una estrategia que busca capitalizar el momento de mayor intensidad emocional del país con una narrativa centrada en la convicción del hincha.
“El Mundial es mucho más que un evento deportivo para Paraguay; es uno de los pocos momentos donde todo el país se alinea emocionalmente bajo una misma pasión. Es identidad, orgullo y pertenencia”, afirmó Lucas Cabrera, gerente de Marketing de Apostala.
En términos de industria, esa alineación masiva representa uno de los picos más altos de atención y engagement del mercado local, donde la emoción se traduce directamente en interacción, consumo digital y actividad comercial.
Desde Apostala, la estrategia no se limita a la publicidad tradicional, sino a la construcción de un ecosistema de participación. Al respecto, Lucas explicó que el objetivo es evolucionar el concepto de apuesta hacia una experiencia más profunda. “Ya venimos trabajando con iniciativas como ‘Camino al Mundial’, pero en esta nueva etapa estamos evolucionando hacia una narrativa más profunda, más emocional”, señaló.
La lógica detrás de la campaña combina storytelling, tecnología y activaciones dinámicas. En un entorno en el que la atención es el principal activo, Apostala busca convertir al usuario en protagonista. “La pasión sola no alcanza si no se traduce en participación”, sostuvo, marcando el eje central del enfoque: transformar espectadores en decisores.
Ese cambio tiene una lectura clara desde lo financiero y radica en pasar de audiencias pasivas a usuarios activos para incrementar la interacción, el tiempo de permanencia y la conversión dentro de la plataforma. “Trabajamos sobre una tensión muy humana: la duda vs la convicción. Y a partir de eso construimos experiencias donde el usuario deja de ser espectador y pasa a tomar decisiones”, explicó.
En ese proceso, la tecnología cumple un rol clave. La marca utiliza segmentación avanzada, automatización de contenidos, activaciones en tiempo real e inteligencia artificial para adaptar mensajes según comportamiento del usuario. Esto permite una personalización que optimiza tanto la experiencia como el rendimiento comercial de cada interacción.
“Sí, la tecnología es clave para hacer que esta idea cobre vida de forma personalizada”, afirmó Lucas destacando que cada usuario vive una experiencia distinta dentro de un mismo universo conceptual.
Esta línea de pensamiento también se extiende a múltiples canales. Redes sociales, promociones, experiencias presenciales y activaciones funcionan como un sistema integrado que traduce la emoción del Mundial en acciones concretas. En términos de marketing deportivo, la estrategia apunta a lo que en la industria se denomina “full funnel emocional”, es decir, desde el impacto masivo hasta la conversión directa.
En este escenario, la televisión sigue siendo un activo central. Apostala confirmó su participación en la transmisión del Mundial 2026 a través de Versus Sports emitidos por GEN, Trece y Unicanal con una lógica clara de posicionamiento. “El Mundial no es solo contenido, es contexto”, explicó. Agregó que “no es lo mismo impactar a una audiencia dispersa que estar presente cuando millones de paraguayos están viviendo lo mismo al mismo tiempo”.
Desde una perspectiva de mercado, esa decisión refuerza la búsqueda de presencia en momentos de máxima concentración emocional, donde la publicidad adquiere mayor recordación y valor simbólico.
Más allá de la estrategia comercial, el objetivo de fondo es construir posicionamiento de marca en torno a la convicción. “Nos gustaría que Apostala sea recordada como la marca que cambió la forma en la que vivimos este proceso”, afirmó Lucas.
Para finalizar, dijo que el aprendizaje que se lleva es que en eventos de alta carga emocional, la autenticidad se vuelve un factor decisivo. “Las mejores campañas no son las que más hablan, sino las que logran que la gente se vea reflejada en ellas”, concluyó.
En un Mundial que promete ser uno de los más globales de la historia, la competencia no se jugará solo en la cancha. También se definirá en la capacidad de las marcas para interpretar emociones, convertirlas en datos y transformarlas en decisiones.
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Paraguay se posiciona ante inversionistas y empresarios
Por: Alba Delvalle
El mercado de valores paraguayo no solo está cambiando en tecnología y escala, también en liderazgo. En un entorno el que las decisiones financieras fueron históricamente masculinas, figuras como Natalia Trinidad empiezan a ocupar espacios clave en la evolución del sector.
El mercado de capitales paraguayo atraviesa una etapa de transformación que está ampliando las oportunidades de inversión y financiación para empresas locales y extranjeras. Con nuevos actores, herramientas tecnológicas y una creciente adaptación a estándares internacionales, el ecosistema bursátil empieza a consolidarse como una alternativa estratégica dentro del desarrollo económico del país.
Para Natalia Trinidad, directora de Negocios de Cadiem, este crecimiento refleja un cambio estructural en la forma en que Paraguay se posiciona frente a inversionistas y empresarios.
“El mercado de valores de Paraguay está creciendo, está en un auge extraordinario. Recibimos visitas de muchos lugares y empresarios que quieren saber qué más pueden hacer en el país”, afirmó.
Parte de este avance se explica por la modernización institucional y la incorporación de estándares internacionales a través de la Caja de Valores del Paraguay (Cavapy) y la Bolsa de Valores de Asunción (BVA), que hoy operan con plataformas tecnológicas que fortalecen la transparencia y la confianza.
“Hoy tenés un tercero que custodia tus valores y otro que registra toda la información. Eso genera confianza”, señaló Natalia. En paralelo, el mercado ha comenzado a diversificar sus instrumentos financieros, abriendo nuevas posibilidades para proyectos de gran escala.
En ese contexto, los fondos de inversión ganan protagonismo como vehículos capaces de canalizar capital hacia sectores estratégicos. Desde Cadiem ya se impulsaron fondos vinculados a la producción de ferrosilicio y al sector ecoforestal, mientras avanzan evaluaciones en áreas como el desarrollo inmobiliario.
Detrás de cada iniciativa existe un trabajo técnico que puede tomar entre uno y dos años, desde el análisis del negocio hasta su estructuración financiera. Este proceso también exige capital humano preparado para diseñar instrumentos viables y adaptados a las necesidades del mercado, un factor clave para sostener el crecimiento del sistema, detalló la directora.
Lejos de competir con los bancos, el mercado de valores aparece como un complemento natural para el financiamiento empresarial. Mientras la banca responde a necesidades de corto plazo, el mercado bursátil ofrece soluciones de largo alcance. “Si querés financiamiento a corto plazo, vas al banco. Si querés a largo plazo, tenés la bolsa de valores, son dos sistemas que se complementan”, explicó.
Ese cambio también viene impulsado por una nueva generación de empresarios, más abierta a profesionalizar la estructura corporativa y a explorar mecanismos alternativos para captar recursos. Según Natalia, hoy existe mayor disposición a transparentar información y a incorporar herramientas que antes eran vistas con desconfianza.
Aunque el mercado de capitales paraguayo tiene apenas tres décadas de desarrollo, frente a los más de 200 años de experiencia en otros países, la oportunidad está precisamente en aprender de modelos ya consolidados y adaptar esas herramientas a la realidad local.
La evolución de Cadiem refleja ese avance: hace 15 años eran apenas 14 personas promoviendo conceptos básicos como bonos y acciones; hoy son más de 120 colaboradores en un mercado cada vez más familiarizado con estas opciones.
“De acá a cinco años espero ver muchísimas más inversiones internacionales. Esto recién empieza, y en unos diez años va a ser una revolución”, proyecta la ejecutiva.
Más que una tendencia financiera, el desarrollo del mercado de valores representa una oportunidad para democratizar el acceso al capital, fortalecer empresas y construir una cultura de salud financiera a largo plazo. En un país que busca nuevas rutas de crecimiento, aprender a mirar hacia la bolsa podría convertirse en una de las decisiones más estratégicas de la próxima década.
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Iván Lee, con Paraguay en el corazón
Por: Adelaida Alcaraz
Lejos de la figura clásica y estructurada de un diplomático de carrera, el embajador de Taiwán, Iván Lee, abre las puertas de su alma para demostrar la humanidad, los valores y una cultura milenaria aprendida de sus padres y aplicada actualmente en Paraguay. Conocé la historia del embajador que volvió por tercera vez al país.
Era domingo 26 de abril, Día del Periodista, una de esas jornadas que estaba predestinada a la calma, sin conferencias ni el ruido habitual que empuja las coberturas. Y, sin embargo, la historia apareció sola, en un parque de la capital, junto a senderos de tierra, hojas secas típicas de un otoño crujiendo bajo los pasos, pájaros rompiendo el aire todavía fresco de la mañana. Entre todo eso, un hombre caminaba solo.
Era Iván Lee, embajador de Taiwán. Y en esta ocasión no había protocolo ni comitiva. Solo un recorrido lento, casi íntimo, en el que el sonido de los pasos sobre la tierra y el viento entre los árboles reemplazaban cualquier formalidad.
El cruce fue casual, el saludo breve, y luego una pregunta que en periodismo abre puertas inesperadas: si podíamos acompañarlo en su caminata. Respondió que sí, mostrando la cercanía esperada, como lo haría un compatriota más.
El día de las revelaciones. Mientras avanzaba, hablaba sin apuro y enseñando la habitual sonrisa que lo caracteriza. A veces esquivaba raíces, otras, levantaba la mirada hacia los árboles que filtraban la luz del domingo, dejando entrever su admiración por la naturaleza.
En ese momento el embajador contó que para él, Paraguay es un país muy importante. “Aquí viví los años más valiosos de mi carrera”, afirmó mientras seguía caminando. Iván ya estuvo en Paraguay en dos períodos (2001–2007 y 2011–2017), y luego fue embajador en Nicaragua, Perú y México, pero Paraguay vuelve siempre a su relato como un eje emocional.
“Soy padre de tres hijos paraguayos, todos nacidos aquí. Por eso siempre lo consideré mi segundo hogar”, relató dejando entrever el porqué de su cariño y afinidad tan especial con esta tierra guaraní.
Un diplomático entre dos mundos. Su formación académica -licenciado en Lengua y Literatura Española y máster en Estudios Europeos- lo llevó a interesarse por la política internacional y los procesos de integración económica, pero lo que lo define, según su propio enfoque, es una filosofía cultural profundamente taiwanesa.
“Taiwán es un país muy libre y diverso, donde conviven múltiples corrientes de pensamiento. Sin embargo, creo que una característica central del pueblo taiwanés es el profundo valor que otorga a la amistad y a la gratitud”, reflexionó.
En ese sentido, dijo que cuando Taiwán “recibe apoyo, procura corresponderlo y mantener ese vínculo en el tiempo”. En ese marco, el vínculo con Paraguay se vuelve también geopolítico y afectivo ya que “Taiwán está profundamente agradecido a Paraguay por su firme apoyo en la participación internacional de nuestro país, así como por su respaldo a la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán”.
El lado humano. En su mundo, por lo general, las respuestas suelen ser estratégicas y muy comedidas. Sin embargo, en esta ocasión Iván eligió ser él mismo para responder fuera de todo protocolo.
Dijo que le preocupa mucho el bienestar de las personas mayores. Y que, si no fuera embajador, le gustaría trabajar en iniciativas orientadas a mejorar su atención y calidad de vida, ya que considera que son generaciones que sentaron las bases de nuestras sociedades.
Como dato que sorprende indicó que si tuviera la posibilidad de escribir un libro sobre su carrera lo haría y que no tiene dudas sobre cuál sería el capítulo más importante. “Estoy seguro de que Paraguay ocuparía un lugar muy especial en ese libro, probablemente el más profundo, ya que muchos de mis recuerdos más significativos y apreciados han ocurrido en este país”, precisó.
En su radar, la relación entre Taiwán y Paraguay no aparece como contraste, sino como complementariedad. Al respecto, destacó que “Taiwán es orden, tecnología y eficiencia. Paraguay es tierra fértil, energía y calidez humana”.
Por ello, indicó que durante su misión buscará profundizar la cooperación tecnológica entre ambos países. Por ejemplo, a través del proyecto de mipymes, con el que ya han introducido software de diseño 3D para mejorar la eficiencia productiva en emprendimientos textiles, así como tecnologías de Internet of Things (IoT) para optimizar el control de la producción lechera en varios departamentos.
El dato es contundente, teniendo en cuenta que Taiwán produce cerca del 60 % de los chips del mundo y alrededor del 90 % de los más avanzados. Ese liderazgo abre una puerta directa a Paraguay como socio estratégico en infraestructura digital.
“Creemos que existe un gran potencial para colaborar con Paraguay en áreas como la inteligencia artificial y los centros de datos, aprovechando las ventajas del país: abundante energía sostenible y recursos hídricos”, enfatizó.
En cuanto al comercio, señaló que buscan fortalecer aún más el intercambio bilateral. Taiwán es actualmente un mercado clave para la carne bovina y porcina paraguaya, ambas con acceso libre de aranceles y cuotas. De hecho, Taiwán ya es el principal destino del cerdo paraguayo, llegando a representar el 92,5 % de sus exportaciones en enero. Sin embargo, Paraguay ocupa apenas el cuarto lugar entre los proveedores de este producto en ese mercado, lo que revela un amplio margen de crecimiento.
“Además, próximamente se anunciará la exportación de carne aviar paraguaya a Taiwán, lo que abrirá nuevas oportunidades, considerando que hoy solo unos pocos estados de Estados Unidos tienen acceso a ese mercado. Si bien Taiwán no cuenta con una gran población, su alto poder adquisitivo -con un PIB per cápita que ya supera al de Japón y Corea del Sur- lo convierte en un destino altamente atractivo”, precisó.
En materia de inversión, Taiwán es una democracia en la que las decisiones de inversión son tomadas libremente por el sector privado. “Nuestro rol es visibilizar las ventajas que ofrece Paraguay y facilitar condiciones propicias para atraer capital”, apuntó.
Casi siete décadas de cooperación bilateral atraviesan su relato: salud, vivienda, educación e infraestructura. El embajador mencionó la Universidad Politécnica Taiwán–Paraguay, el sistema de salud digital HIS y los buses eléctricos que ya circulan en Asunción.
“Más de 300 egresados ya trabajan en proyectos importantes del país”, dijo con una serenidad que no suena a informe, sino a continuidad. También habló del Parque Industrial Taiwán–Paraguay, convertido en un polo tecnológico con conectividad 5G, energía inteligente e inversiones en marcha.
Para él, todo regresa a una misma idea: desarrollo a través del conocimiento. Recuerda el caso de su país, que pasó de economía agrícola a potencia tecnológica gracias a la educación y los semiconductores. “El camino fue la industrialización”, resumió.
Cuando se le pregunta por el futuro de Paraguay, su mirada se proyecta más allá del parque que ya quedó atrás. “Lo imagino como un país más industrializado, competitivo, con mayor valor agregado y liderazgo en energía y tecnología”, expresó.
Caminar junto a un embajador visionario no formaba parte de los planes para un domingo en que se celebraba el Día del Periodista, pero el fortuito encuentro reveló la esencia de quien ese día no hablaba desde un despacho, sino caminando entre árboles, viento y hojas.
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Dominion lleva los negocios con IA a otra dimensión
Por: Adelaida Alcaraz
Martín Ramírez, director ejecutivo internacional y CEO de Dominion en Paraguay, está al frente de un proyecto inédito en la región. Se trata de un data center subterráneo de inteligencia artificial. Los retornos de inversión anual son desde 35 %. Una vez completo el data center (1.000 máquinas) el ebitda estimado es de entre 100 y 200 % sobre la inversión. Ambos retornos se dan dada la demanda de mercado.
Bajo la superficie de una conocida ciudad de Gran Asunción comienza a tomar forma una infraestructura que no se parece a nada de lo que hoy existe en Paraguay ni en buena parte de América Latina. No se trata de un edificio visible, tampoco de alguna torre de vidrio y menos aún de un parque industrial. Es un data center subterráneo diseñado específicamente para inteligencia artificial, el primero de su tipo en toda la región.
El proyecto pertenece a la empresa estadounidense Dominion, que eligió Paraguay como punto de partida para replicar en América Latina un modelo ya probado en Estados Unidos.
FOCO conversó con Martín Ramírez, director ejecutivo internacional y CEO de Dominion en Paraguay, quien contó con emoción que este desembarco se da en primer lugar “por amor a la patria, pero además porque Paraguay tiene exactamente lo que este negocio necesita”.
Y cuando Martín remarca en lo que “exactamente se necesita” se refiere a energía limpia y abundante, a costos operativos competitivos, disponibilidad de terreno, conectividad suficiente y, sobre todo, un aspecto que atrae a muchos inversores, la seguridad jurídica.
Lo que resalta aún más del diseño del data center es que responde a la realidad latinoamericana. En lugar de megaestructuras que requieren años de construcción y cientos de millones de dólares, Dominion se enfocó en el desarrollo de un modelo estandarizado, modular y optimizado para países con gran disponibilidad energética, pero desafíos en distribución y clima. “Megadatacenters no son imposibles, pero requieren inversiones gigantescas y mucho tiempo. Nosotros diseñamos un modelo estándar pensado para la velocidad que requiere este negocio”, explicó el CEO.
Ese modelo se traduce en ocho contenedores que están bajo tierra en un predio de 1.500 metros cuadrados. No están simplemente tapados, ya que según comentó Martín, este se construye en un subsuelo o incluso una loma artificial encima para protegerlos de la humedad y de posibles inundaciones. “En Paraguay tenemos bastante humedad. Bien sabemos que el agua y las máquinas no van de la mano”, graficó.
Dentro de esos contenedores habrá alrededor de mil placas gráficas (GPUs) trabajando en paralelo. La tecnología proviene de NVIDIA y Dell Technologies, en tanto que todo el proceso de optimización de hardware y software fue desarrollado en Estados Unidos antes de aterrizar en Paraguay.
Rompiendo esquemas. Lo peculiar de este data center es que este no almacenará datos, ni ofrecerá servicios de nube como los que ya se conocen. Al estar diseñado como un AI compute hub, es decir un centro de cómputo especializado en tareas de altísima exigencia, se le encomendará la misión de entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, inferencia masiva, simulaciones científicas, rendering 3D, fintech, salud digital, investigación científica y videojuegos.
“Dominion vende las GPUs a clientes, las aloja en Paraguay y luego las alquila a mercados internacionales que necesitan poder de cómputo. De esa operación, Dominion retiene un 30 % para cubrir energía, ingeniería y operación, y el resto es retorno para el propietario de la placa”, explicó el CEO.
Ante la pregunta de quiénes pueden acceder a este servicio, Martín respondió que las máquinas -compuestas por diferentes configuraciones de placas- tienen valores que van desde USD 3.500, USD 7.500, USD 15.000, USD 30.000 y hasta USD 50.000. “Pensamos esto en función de los salarios promedios de cada sector socioeconómico latinoamericano”, alegó.
Hoy, según analizó Martín, la placa de USD 3.500 está generando retornos desde 35 % anual en dólares.
El punto clave son las mil placas. Con esa capacidad, el data center puede ofrecer servicios a gigantes tecnológicos como Amazon, Google, OpenAI y Anthropic, que demandan volúmenes mínimos de cómputo para contratar servicios. “Con mil placas, la fuerza de cómputo ya permite proveer a esas grandes compañías. Y esas grandes compañías pagan más”, profundizó.
En términos de inversión, el proyecto es escalable. Puede arrancar con un módulo de 125 placas y crecer hasta las mil.
Un data center completo, con las mil placas instaladas, implica una inversión cercana a USD 4 millones y, según sus proyecciones, puede alcanzar retornos en alrededor de seis meses a nivel de infraestructura, mientras que cada placa tiene un retorno estimado de 22 a 24 meses.
La velocidad de ejecución es otro diferencial. Mientras otros proyectos regionales pueden tardar dos o tres años en entrar en operación, este modelo puede estar funcionando en un plazo de seis a nueve meses desde el inicio de la obra.
El impacto en empleo es también otro aspecto significativo ya que durante la construcción se proyectan entre 80 y 140 empleos directos y entre 300 y 500 indirectos en cadena de suministro y logística.
“En operación quedarán entre 20 y 60 puestos altamente calificados”, sostuvo.
Aclaró que entre el 70 % y el 85 % de la mano de obra será paraguaya, pero que para ello Dominion ya está pensando en lanzar una academia de formación orientada a operación de data centers, infraestructura GPU, cloud computing e inteligencia artificial. “No solo vamos a operar esto. Vamos a formar gente para el trabajo que viene”, afirmó.
Las áreas principales en las que se enfocarán son: construcción civil, ingeniería eléctrica, operación técnica del data center, seguridad, mantenimiento y soporte administrativo. En cuanto a aquellas que requieren profesionales altamente especializadas (IA, arquitectura de sistemas o diseño de infraestructura GPU), se contempla una fase inicial con participación mixta internacional y transferencia progresiva, precisó el CEO.
Expansión planeada. La visión no termina en Gran Asunción. Recientemente, se ha hecho otro lanzamiento en Pergamino, Buenos Aires. Hoy día ya existen pedidos para replicar el modelo en el sur y este de Paraguay. Y fuera del país hay conversaciones avanzadas con otras ciudades tanto de Argentina así como de otras de Latam, además de negociaciones en Europa y Medio Oriente.
El proyecto Dominion AI Paraguay Underground se plantea en tres etapas: infraestructura subterránea y seguridad crítica, despliegue de alta densidad GPU con refrigeración avanzada y expansión modular orientada a servicios globales de inteligencia artificial. La inversión proyectada puede escalar desde USD 5 millones hasta USD 250 millones en los primeros años, según la demanda.
Así que, si durante décadas Paraguay fue visto como exportador de energía, hoy con este proyecto la idea escala y asciende a la necesidad de usar esa energía para exportar inteligencia artificial. Es decir, transformar kilovatios en poder de cómputo. Convertir una ventaja natural en una nueva categoría de industria digital exportadora.