En el tablero de la geopolítica actual, una parte de la izquierda radical y el socialismo del siglo XXI parecen haber extraviado su brú­jula ética. Lo que antes se presentaba como una lucha por la emancipación y los derechos humanos, ha mutado en un “antiimperialismo” reactivo que los lleva, sistemáticamente, a alinearse con los regímenes y organizaciones más represivos y violentos del planeta. La premisa es tan simple como peli­grosa: cualquier enemigo de Occidente, por teocrático o sanguinario que sea, es un aliado táctico.

ABSURDO IDILIO CON LA TEOCRACIA IRANÍ

Resulta paradójico que sectores que en sus propios países enarbolan las ban­deras del feminismo, el laicismo y los derechos LGTBIQ+, hoy se conviertan en escudos retóricos del régimen iraní. Irán no es una democracia; es una teo­cracia autoritaria que sofoca sistemá­ticamente las libertades individuales y castiga con la muerte la disidencia. Al apoyar a Teherán bajo la excusa de la soberanía nacional, esta izquierda ignora deliberadamente a las muje­res persas que arriesgan la vida por quitarse el velo. La ceguera es volun­taria: prefieren el autoritarismo teo­crático antes que admitir cualquier coincidencia con los valores democrá­ticos occidentales.

APOLOGÍA DEL TERRORISMO: EL CASO DE HAMÁS

Esta misma disonancia se observa en el conflicto de Oriente Medio. El apoyo –unas veces explícito y otras camu­flado de “resistencia”– a grupos como Hamás, revela una ignorancia suicida. Hamás no busca la convivencia, sino la aniquilación total del Estado hebreo, un objetivo plasmado en su propia carta fundacional. Es una ironía trá­gica ver a activistas occidentales e inte­lectuales de izquierda defender a una organización que, de tener la oportu­nidad, eliminaría sus estilos de vida por considerarlos “decadentes” o “infieles”. La defensa de la causa palestina es legí­tima, pero la capitulación moral ante el terrorismo yihadista es un síntoma de una profunda crisis de valores.

ANCLAJE EN EL FRACASO: CUBA Y VENEZUELA

El análisis no puede obviar el componente regional. En las redes sociales, catedráti­cos y periodistas “ilustrados” continúan operando como altavoces del régimen cubano y del chavismo/madurismo. A pesar de las evidencias del colapso eco­nómico, la represión política y el éxodo masivo de millones de ciudadanos, estos sectores insisten en culpar exclusiva­mente a factores externos. Se defiende la “justicia social” de regímenes que han empobrecido a sus pueblos hasta la mise­ria, mientras los propios defensores dis­frutan de las garantías de libertad de expresión y consumo que solo la demo­cracia liberal occidental les permite.

EN EL LADO INCORRECTO DE LA HISTORIA

Al final, lo que prevalece es un resen­timiento contra Occidente que actúa como un filtro deformador. Para esta izquierda radical, el “antiimperialismo” es un cheque en blanco que justifica dic­taduras, teocracias y grupos terroristas.

En su afán por destruir lo que conside­ran el “orden establecido”, terminan defendiendo sistemas que son la antíte­sis de la democracia. Defender la forma de vida occidental no es defender la per­fección, sino proteger el único marco institucional que permite la disidencia, el debate y la libertad individual. Aban­donar esos principios para abrazar a sus verdugos no es progresismo; es una claudicación moral frente a la barbarie.

Dejanos tu comentario