• Por Jorge Torres Romero

En Paraguay hay escándalos reales. Y hay escándalos fabricados. El caso del fideicomiso del IPS y las colocaciones financieras de los últimos años revela con claridad cuál es cuál.

Durante semanas se instaló un discurso alarmista sobre la supuesta “irresponsabilidad” en la colocación de los fondos jubilatorios del Instituto de Previsión Social.

Titulares, editoriales indignados, análisis apocalípticos. Todo con el objetivo de sembrar sospechas sobre operaciones que, en los hechos, generaron resultados extraordinarios para los asegurados.

La realidad es mucho más simple y mucho más incómoda para algunos.

Las nuevas colocaciones financieras del IPS lograron mejores tasas de interés y generaron más de 200 millones de dólares en ganancias en apenas dos años. Es decir, dinero que volvió al sistema previsional, dinero que pertenece a los trabajadores y empleadores que sostienen el instituto.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué tanto escándalo?

La respuesta parece estar lejos de cualquier preocupación por la salud del IPS.

El grupo Zuccolillo ha desplegado una campaña sistemática contra la actual administración del instituto. Pero no por el funcionamiento del hospital, ni por la calidad del servicio a los asegurados, ni siquiera por la seguridad de las inversiones.

El verdadero motivo parece ser otro: la pérdida del control sobre el contrato fiduciario que durante 30 años permite al banco Atlas administrar recursos provenientes de los aportes obrero-patronales.

Ese esquema, según diversas denuncias y documentos que incluso llegaron a la Fiscalía, permite que alrededor de G. 160 mil millones mensuales quedaran bajo administración fiduciaria sin pagar un solo interés al IPS.

En otras palabras: mientras los asegurados financiaban el sistema con sus aportes, enormes sumas de dinero quedaban inmovilizadas bajo un contrato extremadamente conveniente para el administrador financiero.

Las irregularidades denunciadas no son menores. Investigaciones y presentaciones ante el Ministerio Público apuntan a que durante el gobierno de Mario Abdo Benítez se dilapidaron cerca de G. 828 mil millones bajo ese esquema fiduciario, en un proceso que habría contado con la complicidad de autoridades de la época.

Sin embargo, esos hechos no generaron portadas estridentes ni campañas editoriales interminables.

Hoy, cuando el IPS decide colocar fondos en condiciones más rentables para la institución, el escándalo aparece súbitamente.

Quienes ahora se presentan como guardianes de la transparencia parecen olvidar que durante años se administraron miles de millones de guaraníes del IPS con intereses irrisorios para los aportantes.

El debate real no debería centrarse en operaciones que generaron ganancias para el instituto.

El debate real es por qué un contrato fiduciario permite por tanto tiempo utilizar recursos de los trabajadores sin retribución financiera para el propio IPS.

El banco Atlas, en ese contexto, debe responder con claridad por el manejo de ese contrato.

En Paraguay existe un mecanismo demasiado conocido: la utilización de medios de comunicación como herramienta de presión política y económica. Cuando un grupo empresarial controla simultáneamente poder financiero y poder mediático, la tentación de usar las portadas como arma de desgaste se vuelve demasiado grande.

Es fácil construir campañas, instalar sospechas o destruir reputaciones cuando se dispone de diarios, radios y plataformas digitales. Mucho más fácil aún cuando el objetivo es preservar un negocio multimillonario.

Porque cuando se trata del IPS, no se está hablando de números abstractos.

Se está hablando del ahorro previsional de millones de trabajadores paraguayos. Y con ese dinero no debería existir ningún festín. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Dejanos tu comentario