- POR RAQUEL DENTICE,
- socia del Club de Ejecutivos
El Paraguay atraviesa hoy un momento histórico. La exportación de servicios de valor agregado se ha consolidado como el motor más dinámico de nuestra economía moderna. Más allá de nuestras fronteras, el mercado global ya no busca únicamente eficiencia en costos, busca socios que ofrezcan una combinación excepcional de talento humano con una estabilidad energética y una visión de negocio resiliente. En este escenario, nuestro país ha dejado de ser una promesa para convertirse en un activo de seguridad estratégica de primer nivel para las multinacionales que buscan excelencia en la experiencia del cliente (CX) y en el outsourcing de procesos (BPO). La transformación que hoy vivimos no es casualidad. Es el resultado de entender que el mundo se mueve, donde la confianza y la afinidad de valores bajo el concepto de friend-shoring dictan las nuevas reglas del comercio internacional.
En este complejo escenario, el posicionamiento estratégico de Latinoamérica en la economía mundial hace que nuestra región se vuelva críticamente relevante. Ello, por su capacidad de respuesta y alineación cultural. El sector de servicios globales se está consolidando en Paraguay al aprovechar la alineación con las zonas horarias de los grandes mercados de consumo, costos funcionalmente competitivos y, en lo fundamental, una base de talento joven con una capacidad de adaptación que asombra a los inversores extranjeros. Pero nuestra oferta no se agota en la logística. Nuestros recursos humanos y la estabilidad del país constituyen hoy nuestra mejor oferta exportable.
Exportar servicios desde Paraguay hoy implica entender que nuestro “activo” más valioso es el talento humano en interacción con la tecnología, permitiendo que el país se integre a las cadenas globales de valor sin las limitaciones físicas de nuestra mediterraneidad. Cada interacción gestionada desde Asunción para un cliente en cualquier lugar del mundo es, en esencia, una exportación de materia gris paraguaya que fortalece nuestra balanza comercial y diversifica nuestra matriz productiva hacia la economía del conocimiento.
Sin embargo, para escalar este modelo hacia un verdadero hub regional de exportación, debemos enfrentar desafíos estructurales con la urgencia que el mercado y la conectividad demandan. Como he sostenido en diversos foros, el idioma y la formación técnica especializada son hoy los mayores desafíos para crecer. La tecnología, que en este 2026 alcanza su “realidad operativa” a través de la inteligencia artificial generativa, es apenas el vehículo. Informes de consultoras internacionales advierten que la calidad del servicio global corre el riesgo de desplomarse si las empresas sobre-automatizan sin una base sólida de empatía y criterio humano. El cliente actual busca resolución y comprensión, no solo velocidad algorítmica. Por ello, en Paraguay hemos entendido que la inversión en bilingüismo y habilidades de gestión emocional es la infraestructura invisible que debemos construir hoy para cosechar las divisas del mañana. A esto se suma un diferencial que el mundo corporativo comienza a notar con asombro: nuestra soberanía energética. Mientras otros centros globales de servicios lidian con costos energéticos asfixiantes y restricciones severas de carbono, Paraguay ofrece energía 100 % limpia, renovable y estable. Este factor es vital al momento de priorizar cargas de trabajo críticas, como grandes centros de datos y operaciones de soporte de alta densidad, a regiones con estabilidad operativa y soberanía digital.
Con una proyección de crecimiento del 4,2 % para este año según el Banco Central, ofrecemos un ecosistema de riesgo país bajo y una capacidad de escalabilidad que pocos vecinos pueden igualar. Pero la oportunidad de ser un referente en la exportación de servicios no espera. Nuestro sector hoy genera más de 12.000 puestos de trabajo directos, siendo la principal puerta de entrada al primer empleo joven y al empleo adulto, y un pilar fundamental de la empleabilidad femenina, que hoy representa el 65 % de nuestra fuerza laboral.
El mensaje para los inversores, para el Gobierno y para la sociedad civil es claro: en un mundo que busca confiabilidad, Paraguay ofrece soluciones reales. No somos solo un centro de contacto: somos el socio estratégico que garantiza la experiencia del cliente y la continuidad de los procesos ante cualquier escenario. Debemos asumir con orgullo y responsabilidad nuestro rol como el motor de servicios que el mercado global está buscando. Porque, como siempre digo, la tecnología es el vehículo, pero las personas son el destino final. Así, el Paraguay tiene hoy la oportunidad histórica de liderar la exportación de talento, estabilidad y futuro.
*) Directora Ejecutiva CFP – Connection For People