• Por Gabriela Teasdale
  • Presidenta de Transformación Paraguay.

Solemos mirar a nuestro alrededor y señalar con frecuencia los siste­mas que no funcionan como quisié­ramos. A veces nos enfocamos en las fallas de las instituciones, en las limitaciones de las empresas o en las crisis que atraviesan las familias. Sin embargo, a través de este espacio en La Nación, quiero invitarlos a una reflexión que nos incluye a todos. Los sistemas, sean públicos o privados, no tie­nen vida propia porque están hechos de per­sonas. Por lo tanto, la fortaleza de nuestro país depende directamente de las decisio­nes individuales que cada uno de nosotros toma en su metro cuadrado de influencia.

Paraguay atraviesa un tiempo de desafíos y oportunidades históricas donde el creci­miento no debe ser solamente económico o político, sino esencialmente humano. Para proyectar la grandeza de nuestra tie­rra hacia afuera primero debemos realizar un trabajo valiente hacia adentro. El cam­bio que anhelamos no depende de una sola figura o de un sector en particular, sino de la suma de responsabilidades comparti­das. Desde el funcionario público hasta el empresario, desde el docente hasta el padre de familia, cada uno debe comprender que sus acciones afectan de manera positiva o negativa a su entorno. No somos islas, sino que somos los hilos que tejen nuestro ñan­duti social paraguayo.

Como disparador de estas reflexiones, quiero poner el foco en el valor de la inte­gridad. Este concepto trasciende el simple hecho de cumplir las normas; representa la coherencia absoluta entre lo que pensa­mos, decimos y hacemos, incluso cuando nadie nos mira. Investigaciones de la Uni­versidad de Harvard han demostrado que la integridad es un factor fundamental de desempeño técnico y económico. Según estos estudios, honrar la palabra es una condición necesaria para que cualquier sistema, sea una empresa o una nación, sea productivo y eficiente. Sin integridad, la confianza se debilita y los procesos se vuelven lentos y costosos para todos.

Desde la Fundación Transformación Para­guay llevamos diez años sosteniendo una convicción profunda: los valores se pueden entrenar. Trabajamos con una metodología comprobada de fortalecimiento de habilida­des blandas de la mano del referente mun­dial John Maxwell. Durante una década, hemos entregado de forma gratuita entrena­mientos a empresas, instituciones y escue­las, convencidos de que el liderazgo basado en valores es el motor que permitirá un desa­rrollo real y sostenible para nuestro tiempo.

La invitación hoy es a mirar el espejo con honestidad. La integridad empieza en la mesa familiar, continúa en la oficina y se refleja en la gestión pública. Paraguay tiene el potencial de ser un referente de grandeza, pero esa construcción es una tarea colec­tiva. Te invito a que nos acompañes en este camino de introspección a través de estas líneas. Empecemos hoy por nosotros mis­mos, ya que cuando la persona se fortalece, el sistema entero se transforma. Nuestra integridad es el hilo más resistente que podemos aportar para asegurar la belleza y la firmeza de nuestro querido Paraguay.

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