• Víctor Pavón (*)

El Estado teocrático en Irán es una forma radical de organización social impuesta desde el poder. El Ayatollah, literalmente señal de Dios e intérprete máximo de la sharía o ley islámica, es la representación de la divinidad sobre la tierra. Sus impulsores se encargaron de proponer una idea fantástica, hasta diría genial, dado que nadie se animaría a rebelarse contra el mismo dios.

El dogma es indiscutible y obliga a todos. La mujer en esta visión de sociedad es un engendro que ni siquiera puede mostrar su rostro. El que se oponga a los dictados del Ayatollah y de sus clérigos terminará a latigazos y la muerte.

El Estado teocrático se extinguió, excepto en ciertos lugares como Irán donde rige a sangre y fuego y al parecer del mismo modo será su caída. Hay otras formas de organización social. El feudalismo, la monarquía, la tiranía y la misma democracia, son diferentes a un Estado teocrático dominado por los Ayatollah, pero, en el fondo guardan similitudes.

La democracia también es considerada como una divinidad. En los centros de estudios es sobre estimada. Como los gobernantes son elegidos por el pueblo, se pasa por alto su degeneración cuando que en los hechos produce una paradoja del número: una minoría domina a la mayoría haciendo uso y abuso de normas que ni siquiera deberían ser nombradas como ley, dado que ésta debe sustentarse en la justicia y la ética.

No es de justicia ni de ética obligar a otros a hacer algo que no harían si su libertad y propiedad estuvieran garantizadas. En la democracia la autoridad de los gobernantes no está apoyada en el consentimiento de los gobernados; más bien la autoridad se encuentra fundada en el interés de los grupos de poder desde y con el Estado sobre el individuo.

La actual guerra en Oriente Medio ofrece la oportunidad de percatarnos sobre las dos y solo dos formas de organización social. El ser humano ingresa a la sociedad de modo natural o lo hace por medio de la fuerza. Si lo hace de modo natural es para mejorar sus condiciones de vida con más bienes y servicios a su disposición y para preservar su seguridad y, si lo hace a la fuerza, es porque un grupo conquistó el poder para dictar decisiones no consentidas por los demás.

Notoria diferencia existe entre ambas formas de organización. Mientras que la primera es consecuente con los derechos individuales, motivo por el cual se logró salir de la pobreza mediante la cooperación de la libertad logrando la paz; la segunda manera fue hecha por medio de la coerción de unos pocos sobre muchos.

El mismo sistema educativo convertido en adoctrinamiento se encarga de divulgar desde la infancia sobre la necesaria existencia del Estado, todo lo cual no ha hecho más que exacerbar la violencia y división entre personas así como la guerra perpetua entre las naciones.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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