- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
¿Qué está pasando con los hombres? Vemos cada vez más dañada la identidad del varón en las últimas décadas y con esto no me refiero a la heterosexualidad sino a su mentalidad, al carácter.
Hombres débiles emocionalmente que no quieren asumir responsabilidades y desean tener una vida egoísta (rehúyen al compromiso y prefieren tener mascotas que hijos, mujeres ocasionales más que una esposa, soltero sin compromiso más que formando una familia) temerosos de sufrir, aniñados, caprichosos, que prefieren dejar el liderazgo de la casa y la crianza de los hijos a sus mujeres mientras ellos se desentienden.
Repito, ¿qué pasó con los hombres? Dónde están los aguerridos, sin miedo al compromiso y el trabajo. Hombres responsables de sus obligaciones, proveedores, fuertes emocionalmente, líderes de sus familias (antes los papás tenían 12 hijos todos bien alimentados y a su mujer no le faltaba nada). Por otro lado, tenemos cada vez más hombres más preocupados por su imagen y por divertirse.
Las mujeres se quejan: “¿Qué lo que les pasa a los hombres?” Es su primera expresión de frustración. También dicen: “Hay que andarles detrás”, “no toman la iniciativa”, “parecen que tienen miedo”, “no quieren compromiso”, “no hace nada que su mamá no sepa”, “no me encara nunca, yo tengo que tomar la iniciativa”, “me habla más de su físico, dieta y perfume que de su visión de vida, sueños o trabajo”, “solo quiere llevarme a la cama”, “no termina de madurar, es demasiado caprichoso”, y así.
Últimamente se está poniendo de moda la palabra “princeso” y repito, no tiene relación con la sexualidad sino con el carácter. El “princeso” es un varón que tiene todas las características que exprese pudiendo ser un mujeriego lleno de músculos.
Según la IA, a la que consulté, las características de los “princesos” son: “Término jerga utilizado para describir a un hombre que actúa de forma egocéntrica e inmadura, esperando recibir un trato especial sin salir de su comodidad o esperando no hacer ningún esfuerzo en nada. Exige mimos, privilegios y atenciones constantes en la relación sin dar lo mismo a cambio. En una relación no son de tomar la iniciativa en nada, espera que la mujer gestione, se esfuerza e incluso pague las invitaciones. Tienen actitudes infantiles y buscan ser consentidos. Son hombres heterosexuales que han perdido los roles tradicionales de género como ser proveedores, sufridos, sacrificados, templados. Se quejan y lloriquean por nimiedades. No quiere tener responsabilidad afectiva y desgasta a su pareja por dejar que la mujer sea la que asuma la dinámica unilateral”.
¿Qué es lo que Dios tiene para él hombre? No es la cultura ni la educación lo que define la hombría de un varón sino su relación con Dios. El sistema podrá decir mil cosas y mil cosas poner de moda pero la Palabra de Dios y el ejemplo de Cristo es eterno.
Mirar a Jesús como ejemplo de hombría no es imitarlo por fanatismo a el fundador de nuestra fe sino que al estudiar su vida se puede ver todas las virtudes de un verdadero hombre de bien para cualquier cultura o época. En los evangelios vemos claramente su vida y característica.
Por ejemplo, solo en el Sermón del Monte vemos un carácter positivo, lleno de esperanza, una vida de contenido no superficial, influencia, autoridad, mansedumbre, dominio propio, compromiso, honestidad, confiabilidad, lealtad, misericordia, compasión, caridad, espiritualidad, pureza, trascendencia, fidelidad, contentamiento, justicia, amor, una vida de buenos frutos, y con fundamento, repito, esto solo en el Sermón del Monte. Estudiaremos más sobre su carácter y enseñanzas en más entregas.