- Arturo Peña Villaalta
Hoy la calle está tan fría, pero tendrás que salir a vender tu mercancía... Mitã’i te llamamos todos y nadie jamás pensó que en casa te llaman Pedro...
La conocida canción “Mitã’i”, escrita a mediados de los 70 por el poeta y músico Jorge Gómez Rodas se inspiró en Pedro, un niño que vendía golosinas por los pasillos de la Facultad de Derecho de la UNA por aquellos años.
El sitio portalguarani.com rescata la historia de la obra, contada por el propio Gómez Rodas, uno de los fundadores del recordado Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero. “Pensé en las criaturas que queman su infancia sin ser niños y solo se los conoce como mitã’i. Pensé en chicleros, lustrabotas y vendedores de toda clase.
Este mitã’i que se llamaba Pedro eran todos los otros mitã’i”, dice el poeta. Con esta emotiva canción, el grupo Coral 6 ganó el Festival Universitario de la Canción de 1976. Ese mismo año grabó el disco titulado “Mitã’i”, haciendo trascender la historia de sacrificio del pequeño Pedro.
Desde entonces –así como lo pensó su autor–, Pedro es la historia de cada uno de esos niños que abandonando su infancia tienen que salir a las calles a ganar el pan.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (Encuesta de Hogares Continua 2024), más de 51.000 niños, niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años se encuentran bajo régimen de trabajo infantil, es decir, alrededor del 6,2 % de la población total del país en esa franja etaria. Los datos publicados muestran también que el sector de comercio, restaurantes y hoteles concentra la mayor cantidad de ocupación de niños, niñas y adolescentes realizando tareas.
Mientras que otro sector, el de la construcción, a pesar de tener un menor número absoluto, muestra la proporción más alta de trabajo infantil. Según el Ministerio de Trabajo: “Es considerado trabajo infantil toda actividad económica realizada por un niño, niña o adolescente, que le impide desarrollarse dignamente, restringe su participación y derecho a la educación y le causa perjuicios en su salud, su condición física, mental y moral.
En Paraguay, los menores de 14 años no deben trabajar y los adolescentes mayores de 14 hasta los 17 años pueden hacerlo, en condiciones de protección especial”. Más allá de los tecnicismos, el problema del trabajo infantil es preocupante y no va en retroceso. Su rostro más visible es el de la presencia de menores vendiendo todo tipo de cosas en semáforos o mendigando, incluso en horas de la madrugada.
Según el Ministerio de la Niñez y Adolescencia (Minna), una de las formas más comunes de trabajo infantil es la exposición en la vía pública. En 2023, se reportaron 2.000 casos de este tipo, mientras que en 2025, las denuncias subieron a 2.700 casos.
Rudo golpe para tu edad tener que suplir jugar por el sudor de tus días... En tu alforja se te perdió el lápiz y el papel para elevar tu cultura…
“Mita’i” nos habla también de las graves consecuencias de la problemática del trabajo infantil: la deserción escolar y el bajo rendimiento educativo; la exposición a riesgos para la salud y la integridad física de los menores, o la situación de vulnerabilidad que abre la puerta a la explotación y el abuso sexual.
Pedro es también Tobías, el niño que semanas atrás falleció arrastrado por un raudal cuando estaba por las calles, vendiendo empanadas. Pedro es el niño que fue salvajemente golpeado una madrugada por dos hombres en una calle del microcentro de Asunción, uno de ellos usando un bate de beisbol.
Pedro seguirá siendo muchos niños más si como sociedad no tomamos conciencia y como Estado mayores acciones para erradicar el trabajo infantil, para que los mitã’i puedan jugar, estudiar y soñar, como les corresponde.