• Por Gordon Kricke, embajador de Alemania; Javier Parrondo, embajador de España; Pie­rre-Christian Soccoja, embajador de Francia; Marcello Fondi, embajador de Italia; Danielle Dunne, embajadora del Reino Unido, y Katja Afheldt, embaja­dora de la Unión Europea

Tras cuatro años de gue­rra, 2026 debe ser el año en que la agresión contra Ucrania llegue a su fin. El pueblo ucraniano ha demos­trado una resiliencia extraor­dinaria frente a una brutali­dad constante. A pesar de los ataques diarios contra civiles y la destrucción de infraes­tructuras esenciales, Ucra­nia continúa resistiendo con determinación. Los ucrania­nos merecen la paz, una paz verdadera, justa y duradera.

La posición de la Unión Euro­pea y aliados es clara y firme: queremos la paz en Ucrania, y queremos que esa paz per­dure. Para que sea creíble y sostenible, debe estar funda­mentada en el derecho inter­nacional y respaldada por garantías de seguridad sóli­das. La experiencia demues­tra que los acuerdos débiles o

precipitados solo siembran las semillas de futuras agre­siones. Ningún arreglo de paz puede ser viable sin la parti­cipación plena de Ucrania, y ningún acuerdo que afecte la seguridad europea puede prosperar sin el compromiso activo de Europa.

Recompensar la agresión ten­dría consecuencias devasta­doras para la seguridad glo­bal. Si se permite cambiar fronteras por la fuerza, otros actores podrían verse tenta­dos a hacer lo mismo. La sobe­ranía, la integridad territo­rial y la rendición de cuentas no son conceptos occidenta­les ni europeos: son princi­pios universales consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y esenciales para la seguridad de todos los Esta­dos, grandes y pequeños.

PRINCIPIOS QUE IMPORTAN A TODOS

El modo en que termine esta guerra influirá en el futuro del orden internacional.

Si la agresión se normaliza, la estabilidad internacional se debilitará mucho más allá de Europa. En cambio, una paz justa y duradera en Ucrania reafirmará el valor univer­sal de la soberanía y del dere­cho de cada nación a existir y tomar sus propias decisio­nes. La Unión Europea man­tiene su compromiso de apo­yar a Ucrania en los ámbitos político, económico, mili­tar y diplomático. Al mismo tiempo, permanece abierta a cualquier vía creíble que con­duzca a una paz justa y dura­dera, basada en los principios del derecho internacional.

UNA CUESTIÓN GLOBAL

Aunque la guerra puede apare­cer distante aquí en América del Sur, es un problema glo­bal. Sus repercusiones se sien­ten mucho más allá de Europa. En el plano económico, el con­flicto ha alterado los mercados de alimentos y energía, con­tribuyendo al aumento de la inflación a nivel global.

En el ámbito político, la guerra ha profundizado las divisiones entre Estados y ha erosionado la confianza en las instituciones y nor­mas internacionales. La guerra ha incrementado la incertidumbre global y des­viado atención y recursos de esfuerzos colectivos esencia­les, como la cooperación en comercio, desarrollo y lucha contra el cambio climático.

El año 2026 debe marcar el punto de inflexión. Poner fin a la agresión y consoli­dar una paz justa en Ucra­nia no es solo una necesidad para Europa: es una respon­sabilidad compartida para proteger el orden interna­cional y garantizar la segu­ridad de todos.

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