• Por Arturo Peña Villaalta
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El físico alemán Albert Einstein marcó un punto de inflexión con su teoría de la relatividad. Demostró que el tiempo y el espacio no son absolutos, lo que cambió totalmente la forma en que entendíamos la realidad. Con su afamado ejemplo de los trenes y los rayos que caen al mismo tiempo, Einstein le dijo al mundo que la relatividad estaba ahí, ante nuestras narices. Gracias a esta teoría, una herramienta tan cotidiana para nuestros días como es el sistema de GPS puede funcionar con la precisión necesaria para llevarnos a destino.

Referentes contemporáneos como el estadístico Kareem Carr, muy conocido en redes sociales, han instalado interesantes debates sobre la relatividad en el mundo de los números, partiendo de ejemplos sumamente simples para mostrar que no todo es tan absoluto como nos enseñan en las escuelas. “Nuestros números, nuestras medidas cuantitativas, son abstracciones de cosas reales subyacentes en el universo y es importante tenerlo en cuenta cuando usamos números para modelar el mundo real”, escribe Karr.

Plantea, entre otros ejemplos, uno muysimple: “Personas de pensamiento literal pueden a veces decir cosas como: pongo un gallo y una gallina juntos y vuelvo al año siguiente y hay tres de ellos (1+1=3)”. Y agrega:“Cuando alguien me dice ‘2 + 2 = 5’, siempre le pido más detalles en lugar de pensar que son idiotas”.

La expresión 2 + 2 = 5 es un ejemplo muy utilizado tanto para cuestionar afirmaciones sofistas como para replantear la maleabilidad de lo que asumimos como absoluto.

George Orwell la utiliza en su famosa novela “1984” para ilustrar de qué forma, en ese mundo distópico que describe –o más bien profetiza–, el Gran Hermano puede imponer su propia verdad mediante la manipulación de una población sometida, ignorante, incapaz de cuestionar su realidad: “Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo”.

Es fantástico cómo una operación aritmética que se muestra tan simple pueda decir tanto del mundo.

Semanas atrás, un diputado nacional generó un gran revuelo al expresar en una sesión que “3 x 6 sigue siendo 21”. La enigmática operación matemática pudo haber hecho referencia a otra anterior, la de una senadora, quien en un debate parlamentario plateó algo parecido: que “6 x 3 es 21”.

Siguiendo la lógica de Karr, lo que deberíamos hacer en este caso es pedirles más información acerca de sus postulados antes que pensar que son solo idiotas.

El avance de las ciencias demuestra hoy que en algunos contextos matemáticos 2 + 2 puede tener resultados distintos a 4. Suena probablemente absurdo si lo pensamos solo desde nuestros conocimientos básicos, pero es diferente si lo entendemos a la luz de la ciencia.

Por ello, es muy importante fomentar la formación científica, desde el escenario que sea (incluso desde el Congreso), sobre todo desde la educación formal. No significa necesariamente desechar modelos, sino enriquecerlos con nuevas y mejores herramientas científicas.

En un mundo en que la tecnología ya es factor central en prácticamente toda actividad humana, una formación de mayor nivel garantizará profesionales que podrán cumplir con un mercado laboral más exigente y, por qué no, dará también gobernantes mejor formados.

Un nuevo año escolar empieza. ¿En qué ha mejorado del anterior en cuanto a formación? ¿En qué ha mejorado en la última década? Si no nos hacemos estas preguntas, estaremos cada vez más cerca de 1984 que del siglo XXI.

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