- Víctor Pavón (*)
La compasión es un sentimiento de empatía y amor, pero, insuficiente para ayudar al pobre y desvalido. Los recursos son escasos. Hay que generar riqueza. Y solo hay un modo: la cooperación social de la libertad y la propiedad para el ahorro y la inversión.
Las enseñanzas cristianas si bien no establecen un sistema social o económico a seguir, sin embargo, promueven valores que conllevan el orden de la libertad. El capitalismo liberal considera al individuo con el derecho moral de vivir buscando su propia felicidad sin dañar a otros.
En los Diez Mandamientos leemos “no matarás, no robarás, no codiciarás”, reconociendo a la propiedad privada como parte del orden social. Esto es muy diferente al colectivismo. En su Manifiesto Comunista, Karl Marx dice: “La teoría de los comunistas puede resumirse en una sola oración: la abolición de la propiedad privada”.
El libertarianismo del capitalismo liberal con Murray Rothbard consagra la cooperación. El axioma libertario consiste en que ningún individuo o grupo tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza o la amenaza contra la persona o propiedad de otro, admitiéndose la legítima defensa.
A los socialistas nunca les interesaron los principios y valores. Quieren dominar a otros. Transformado en wokismo –ideología progresista radical coercitiva de justicia social, identidad de género y diversidad que amenaza los valores tradicionales– a la fecha es el mayor reto para la sobrevivencia de la civilización occidental.
El Estado es el medio idóneo por donde inoculan el resentimiento, la envidia y el robo. Por eso la izquierda practica la estatolatría, la adoración al Estado. Sin embargo, el Estado es un agresor criminal, capaz de enviar a otras personas a que mueran por el y confiscarle sus ahorros e inversiones sin consentimiento alguno.
El Estado, organización cuyo supuesto objetivo es evitar la violencia es autor, cómplice y coautor de las más detestables agresiones - peor que un delincuente común que ocasionalmente roba. El Estado roba todos los días el dinero que pagan los ciudadanos. ¡Tamaña injusticia y contradicción no se ha visto jamás!
Hasta una sociedad de santos, si esto fuera posible, está expuesta a sus enemigos y no debería dar la otra mejilla al socialismo del wokismo proveniente del Estado y para el Estado, porque si se diera sobrevendrá la destrucción de nuestra vida, libertad, propiedad y familia ante el altar del Hades del Estado.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

