DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- Columnista
- marianonin@gmail.com
Estos días cierro los ojos y me parece ver a don José, mi vecino, sentado en la vereda de su casa mientras hojea con cuidado las anotaciones de sus aportes jubilatorios.
Sus manos, marcadas por años de trabajo en oficinas públicas, tiemblan un poco mientras cuenta los años que le quedan para retirarse.
“Si esto sigue así”, me dijo, “no sé si algún día podré jubilarme con lo que necesito”.
Su voz llevaba la mezcla de preocupación y resignación que hoy escuchamos en muchas casas y oficinas.
La Caja Fiscal, el sistema que debería asegurar que los empleados públicos tengan una jubilación digna, atraviesa un momento crítico.
Esa es la realidad.
Cada año, el Estado debe destinar más recursos para cubrir los pagos porque los aportes ya no alcanzan. El déficit crece y con él la incertidumbre sobre el futuro de quienes hoy trabajan y mañana esperan descansar con seguridad.
No se trata solo de números, se trata de vidas. La reforma que hoy discute el Congreso propone ajustes en la edad de retiro, en las contribuciones y en la administración de los fondos.
Son cambios necesarios para equilibrar ingresos y gastos, y para garantizar que cada paraguayo que dedicó años de su vida al servicio público pueda jubilarse sin depender únicamente del presupuesto estatal.
Los expertos advierten que, si no se actúa ahora, las jubilaciones podrían volverse insuficientes o demorarse. Y no es una predicción lejana: ya hay señales de alerta en los balances financieros de la Caja Fiscal. Cada año que pasa sin reforma, la carga para las nuevas generaciones aumenta y con ella la injusticia de un sistema que se vuelve insostenible.
A veces pensamos que las soluciones son complicadas, que los cambios drásticos asustan. Pero la verdadera complicación sería no hacer nada y permitir que un derecho esencial se deteriore por la falta de previsión.
Al final, la reforma no es un privilegio: es un acto de responsabilidad hacia quienes hoy aportan y hacia quienes vendrán.
Y así, mientras don José guarda su libreta, yo pienso que la política no debería ser solo cifras y debates, sino historias, rostros, manos que necesitan tranquilidad y seguridad.
La reforma de la Caja Fiscal no espera: es un paso imprescindible para que la justicia social no quede solo en palabras, sino en hechos.
En el fondo se trata de proteger un futuro que ya está escrito en el esfuerzo de cada trabajador y de que nadie tenga que mirar atrás con miedo al día en que deba dejar de trabajar.
Pero esa es otra historia.

