• Por Nicolás Campos
  • Socio del Club de Ejecutivos

Mientras las exportaciones tra­dicionales siguen marcando el pulso económico, un nuevo motor emerge plausible y silen­ciosamente en Paraguay: la exportación de servicios y talento. Aunque hoy el país aún registra un peso menor al 1 % del PIB en servicios basados en conocimiento, la tendencia glo­bal y local muestra un potencial subestimado para reposicionar al país en la economía del siglo XXI.

El sector tecnológico encabeza esta transformación. Con alre­dedor de 300 empresas de sof­tware, Paraguay ya exporta soluciones a mercados como Estados Unidos, Argentina y Uruguay, principalmente bajo el modelo de staffing, donde equipos locales desarrollan productos para clientes inter­nacionales. Este ecosistema avanza más allá del desarrollo tradicional: el país ya incur­siona en analítica de datos, pla­taformas digitales e inteligen­cia artificial, lo que confirma su capacidad para competir en nichos de alta demanda global.

Otro pilar clave es la industria de BPO, que se consolidó como un generador masivo de empleo juvenil y femenino. Reúne a más de 12.000 trabajadores, el 76 % de ellos entre 18 y 35 años, exportando servicios de aten­ción al cliente, soporte técnico, marketing digital y back office a América y Europa. Su factura­ción anual supera los USD 150 millones, con potencial de crecer hasta 50.000 empleos si oportu­namente se fortalecen las condi­ciones y preparación de las perso­nas, además de las negociaciones regionales y globales.

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A nivel macro, Paraguay exporta entre USD 2.455 y 2.505 millo­nes en servicios, lo que confirma que el sector ya tiene una base sólida desde la cual escalar. Sin embargo, para convertirse en un hub regional de servicios, el país enfrenta desafíos estructurales, tales como la baja inversión en educación técnica y digital, una brecha significativa en innova­ción y TIC, y la necesidad urgente de fortalecer su posicionamiento internacional como proveedor confiable. El Índice Global de Conocimiento 2024 ubica a Paraguay en el último lugar de Sudamérica en capacidades rela­cionadas a la economía del cono­cimiento. De igual forma, el país posee su mayor ventaja compe­titiva en el capital humano. La juventud y los costos competi­tivos forman un terreno fértil para convertir al talento para­guayo en un producto de expor­tación con alto valor agregado. Especialistas regionales desta­can que el bono demográfico es una oportunidad estratégica que debe aprovecharse con inversión acelerada y alta en formación y reducción de la curva de apren­dizaje.

Paraguay está ante una ven­tana histórica. No compite por puertos ni rutas, sino por conocimiento, innovación y personas preparadas. El desa­fío ahora es transformar este potencial en una política-país: apostar por educación, incen­tivos a la exportación de ser­vicios y visibilidad interna­cional. La competitividad del Paraguay del futuro no se jugará en los campos o en las fábricas, sino en la capacidad de su gente para conectar con el mundo.

Y aquí aparece el factor decisivo: el mindset. Ninguna estrategia público-privada será suficiente si no nos creemos capaces de competir globalmente. Para que Paraguay despegue, nece­sitamos desafiar creencias limi­tantes, abandonar la idea de que somos “demasiado pequeños”. Y, sobre todo, adoptar una ambi­ción acorde al talento que ya estamos demostrando. Expor­tar servicios no es solo una cues­tión técnica: es una declaración de identidad. Es confiar en que podemos crear valor desde acá para el mundo. Es animarnos a ir por todo.