• Por Víctor Pavón

Las recientes discusio­nes en la Cámara de Diputados durante el tratamiento de la Caja Fis­cal reflejaron las ideas pre­valecientes en nuestro país. Intelectuales, formadores de opinión y autoridades en general siguen seducidos por el estatismo colectivista, una línea de pensamiento propia del mercantilismo contrario a la libertad y la propiedad.

A pocos les interesó que las cajas fiscales sean financia­das con los impuestos que la población paga todos los días. Resultó sorprendente, por ejemplo, escuchar decir que la Caja Parlamentaria es pri­vada. Además, el parlamen­tario está obligado a aportar parte de su dieta aun cuando no quiera hacerlo. La obliga­toriedad, de hecho, ocurre en todas las cajas estatales. Una perversión jurídica.

Para que un acto jurídico tenga plena existencia debe existir voluntad y consenti­miento, la plena aceptación de la parte obligada a hacer o no hacer algo. Lamentable­mente, el derecho adminis­trativo de base colectivista ( que hoy predomina) alteró los sanos principios del derecho y así nos va.

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Más sorprendente aún fue escuchar que si algún parlamentario no está de acuerdo con el aporte obligatorio, le bastaría que interponga la inconstitucionalidad de la misma. Otra manipulación de la ley. Los parlamentarios deben conocer que el alcance jurídico de las sentencias y de los acuerdos definitivos de la Sala Constitucional de la Corte Suprema tienen efectos interpartes y no erga omnes, esto es, se limita el alcance a las partes involucradas, no siendo vinculante para toda la sociedad. Un adefesio que perpetúa, para los demás, la vigencia de normas injustas.

Sobre el tema en cuestión, se debe proceder a una reforma de fondo para salir del actual sistema monopólico de reparto para crear el ahorro interno que tanto se necesita. Pero la lógica del poder no es la lógica económica. La céle­bre frase de James Madison en “El Federalista”, escrito conjuntamente con Hamil­ton y Jay, bajo el seudónimo de Publius sintetiza mejor: “Si los hombres fueran ánge­les, ningún Gobierno sería necesario”. Por cierto y a los amables lectores les digo que ahí dice Gobierno, no Estado.

Para los casos como el de las cajas fiscales y otros, final­mente, lo oportuno también es lo correcto y consiste en llevarlos a cabo al comienzo del mandato gubernativo cuando la expectativa ciuda­dana es alta. Más importante aún, el Gobierno debe contar con una estrategia comuni­cacional.

Caso contrario, su voz queda acallada por los que más gritan, dando pie a sus detrac­tores. Sin persuasión comu­nicativa especialmente en temas de reformas estata­les sucederá lo expresado en el título de este escrito: Si se roba a José para pagar a Pablo, habrá muchos Pablos.

(*) Presidente del Cen­tro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justi­cia y libre mercado”: “Car­tas sobre el liberalismo”; “La acreditación universita­ria en Paraguay, sus defec­tos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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