DESDE MI MUNDO

  • Por Mariano Nin
  • Columnista
  • marianonin@gmail.com

El lunes 26 de enero sufrió un infarto. Un tipo joven, lleno de vida. Así, de golpe.

Lo llevaron al IPS después de una carrera contra el tiempo que no debería ser: la de la insistencia, los llamados, la de pedir que se cumpla un derecho como si fuera un favor. Casi como una súplica más que como algo elemental.

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Entrar al sistema ya es una primera prueba de resistencia. Sobrevivir dentro, otra muy distinta. Todos lo sabemos y nos resignamos hasta que nos toca de cerca.

Le indicaron un cateterismo de urgencia. Urgencia, esa palabra que debería apurar relojes, mover engranajes, salvar vidas.

Pero no.

Primero había que comprar los insumos. Más de once millones de guaraníes. Sí, para un trabajador, así de repente, once millones que marcan la diferencia entre la esperanza y el resto de las cosas.

La familia hizo lo imposible. Pidió ayuda, juntó guaraní por guaraní el dinero que el IPS no cubre, pero exige. Y cumplieron. Como siempre cumplen los que no tienen otra opción.

Los que hacen polladas. Los que venden su casa o sacan préstamos que los van a terminar dejando en la calle.

Desde entonces lo mantuvieron en ayunas. Esperando. Esperando que funcione el equipo. Esperando que alguien haga su trabajo. Esperando que la urgencia sea realmente urgente. Pero el procedimiento nunca se hizo.

Hubo “desperfectos”. Así, entre comillas. Una palabra fría para explicar una demora que no admite explicación cuando hay una vida del otro lado.

Así murió Braulio, nuestro compañero de trabajo. Pero, sobre todo, murió un amigo. Un hermano. Un familiar más de esos que uno elige sin darse cuenta, compartiendo horas de trabajo.

Entonces pienso: ¿y si no hubiera habido desperfectos? ¿Y si el sistema funcionara?

¿Y si la corrupción no se llevara puesto todo lo que toca?

No fue solo un infarto. Fue desidia. Fue indiferencia. Fue un modelo que naturaliza que la gente espere mientras literalmente se muere.

La corrupción no es abstracta. No es solo un expediente, un titular en los medios, una denuncia más. La corrupción mata. Esta es la muestra.

Mata cuando convierte a la salud en un negocio y al paciente en un trámite. Mata cuando nuestros aportes terminan alimentando un nido de robo e indiferencia.

No puede quedar impune y no es por venganza. Es para recordar. Porque en el nombre de Braulio Vázquez algo tiene que cambiar.

Descansá en paz, querido hermano. Ojalá tu ausencia haga el ruido que tu dolor no pudo hacer en vida. Y ojalá esta vez alguien escuche.

Pero esa… es otra historia.

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