• Por Matías Ordeix
  • Socio del Club de Ejecutivos.

Estamos atravesando tiem­pos de alta volatilidad política y económica global. Fuera de nuestro horizonte, la situación externa, con amenazas alta­mente presentes. Ello, por un presidente norteamericano, con altísimo peso mundial, cada día más imprevisible y errático. Increíble, sus accio­nes parecen depender de su humor diario. Amenazas de invasión y anexión, partici­pación en guerras e intro­misión donde se le ocurre. A esto le sumamos una guerra de aranceles feroz, con idas y vueltas, subas y bajas. O sea, la constante global es el cam­bio, la incertidumbre moneda de cada día.

Por otro lado, todos festejá­bamos que luego de 25 años cerramos al fin un acuerdo con la Unión Europea, y 24 horas después vemos nuevamente empantanado el mismo por parte del Parlamento Europeo. Festejamos un día y al otro vol­vemos a punto muerto. Aunque, en principio, provisoriamente.

El mundo está acelerado, cam­biante, altamente desafiante; y para afrontar esto debemos estar preparados. De hecho, Paraguay viene preparán­dose y mejorando año tras año. Porque un mundo complicado necesita países sólidos, con pilares de cemento que no cedan fácilmente ante las tor­mentas y huracanes políticos/económicos mundiales.

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Nuestro gobierno debe ajus­tarse el cinturón, cuidar las finanzas y el déficit. Por favor, avanzar ya en la reforma de la caja fiscal, un agujero negro de no acabar. Porque, solo con estructura económica sólida podemos hacer frente a los vai­venes de la economía global.

Ahora el empresariado ¿qué rol juega, que riesgos corre? En un mundo hiperconectado, con fronteras abiertas, la competiti­vidad de nuestras empresas es clave para el desarrollo y cre­cimiento privado (motor de la economía). Debemos enfocar­nos en producir bienes y servi­cios con alto valor agregado, de calidad, distintos a los commo­dities que cualquier gran país puede producir. La industria es clave, la alimentaria prin­cipalmente, aprovechando las ventajas de nuestra fértil tierra, abundancia de energía y costos. Pero a medida que la competen­cia no ve fronteras, la eficien­cia en nuestra gestión corpora­tiva es clave para atravesar las resiliencias. Resumiré en unas líneas algunas estrategias bási­cas que considero replicables para mejorar nuestra eficien­cia y competitividad empresa­rial. Primeramente, optimizar procesos y digitalizar tareas, el uso de software y la IA es clave para este paso. Apoyarnos en tecnología es imprescindible para competir.

Información precisa en tiempo y forma, KPIs vitales para monitorear nuestro des­empeño y planificar con infor­mación certera. Tercero, dife­renciar nuestra propuesta de valor, sobre todo tomando en cuenta lo pequeño que somos como país. ¿Cuáles son nues­tros principales diferenciado­res para poder competir glo­balmente?

Desarrollo del talento de nuestro equipo. Sin duda debemos invertir en nues­tra gente. Recordemos con­siderar que la capacitación es inversión, no gasto. En resu­men y, finalmente, innova­ción constante, entendida la misma no solo en un nuevo producto o servicio, sino mejoras a lo que ya tenemos. Porque innovar también es introducir mejoras en algo ya existente y comercializarlo de mejor modo.

Levantémonos cada día, pen­sando e inspirándonos, en cómo podemos mejorar nues­tras empresas, ganar eficien­cia y desarrollar nuestro que­rido Paraguay.

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