• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA
  • Consultor Financiero

En una de mis columnas anteriores había señalado que se tornaba necesario que se pueda dar el apoyo que precisan estas industrias, para que a través de una mayor industrialización de soja en grano puedan fortalecer sus niveles de facturaciones dentro del mercado doméstico y crecer con mayor fuerza hacia afuera, que permitan a nuestro país la generación de un mayor flujo de ingresos en divisas, para que puedan ser cada vez más rentables y competitivas, permitiendo a su vez incorporar a la fuerza productiva un mayor caudal de mano de obra.

La Cámara de Procesadoras de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO) había señalado que prácticamente todas las industrias del sector se habían visto obligadas a suspender sus operaciones en forma anticipada debido a la falta de materia prima en la zafra 2024.

Señalábamos que, con un aprovechamiento al máximo de la capacidad instalada de producción, iría en beneficio directo de una mayor racionalización y atomización de costos y gastos operacionales y administrativos de estas industrias, generando por ende mayores niveles de rentabilidad.

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Felizmente en el 2025 pudieron ver con mayor claridad la “luz al final del túnel”, logrando alcanzar un récord con la mayor molienda de la década, permitiendo que el 33 % del valor exportado del complejo sojero local, haya correspondido a productos industrializados, según fuentes de la CAPPRO.

El año pasado la molienda de soja en grano en nuestro país fue de 3.191.809 toneladas (hasta noviembre/2025), impulsando la utilización de la capacidad instalada de producción en un 81 %, resultado altamente positivo para nuestra agroindustria, que estuvo fuertemente condicionado por factores coyunturales a nivel internacional, faltando en contrapartida la implementación de medidas estructurales orientadas a mejorar la competitividad del sector.

El buen comportamiento que tuvo en 2025 indica que a noviembre el volumen de molienda de soja en grano a nivel local ha sido muy superior a lo logrado en el 2024, permitiendo que nuestras plantas industriales trabajaran al 81 % de su capacidad productiva, equivalente a un incremento de 15 puntos versus lo alcanzado en el 2024, generando divisas por exportaciones de productos elaborados por USD 1.154 millones, llegando a unos 35 mercados externos.

Esperemos que para este año, al cierre del periodo nuestras plantas agroindustriales puedan trabajar a capacidad instalada plena, lo cual iría en beneficio directo de nuestra macro y microeconomía, con la posibilidad potencial de generación de más fuentes de trabajo.

Para la zafra sojera de este año se espera poder alcanzar volúmenes similares de cosecha a nivel país versus el anterior equivalente a no menos de 10 millones de toneladas.

Siendo la soja en grano un producto commodity, siempre estará sujeto a las volatilidades de precios en el mercado internacional, como ha acontecido en los dos últimos años, por lo que cada vez tenemos que apuntar con mayor fuerza a los procesos de industrialización, que podrían generarnos precios de ventas mucho más remunerativos, como los hacen Argentina y Brasil, siendo el primero de ellos nuestro principal comprador de soja en estado natural a fin de agregar a su cosecha doméstica, industrializarla y comercializarla como producto terminado.

Nuestro país sigue siendo uno de los mayores productores de la oleaginosa a nivel regional.

Teniendo en cuenta que cada vez más se van agregando mercados compradores en el exterior, contando a nivel doméstico con plantas industriales con tecnología de punta, potencialmente si este año logramos trabajar a capacidad plena, muy bien podríamos ir ampliando la capacidad productiva orientado a satisfacer la creciente demanda a nivel mundial de productos elaborados, siendo Paraguay uno de los países que resaltan a nivel mundial como productor de alimentos con creciente demanda y que no debemos desaprovechar.

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