EL PODER DE LA CONCIENCIA

  • Por Alex Noguera
  • Columnista
  • alex.noguera@nacionmedia.com

Después de mucho trajín, finalmente llegó el 2026. Todavía no estamos seguros de que si el 2025 estaba ansioso por huir lo antes posible o si prefería continuar para ver qué sucede más adelante. Pero la verdad es que el año que se acaba de ir ya había comenzado muy cansado con tanta pelea entre rusos y ucranianos y el gran bochinche que no terminaba nunca en Gaza.

Por el momento no nos vamos a meter con el 2026, que apenas comienza y todavía es inocente, pero del que tenemos mucho que decir es de enero. Sí, este es el que más mala fama tiene de entre los doce apóstoles del zodiaco al punto que los nacidos en enero ni siguiera tienen ganas de celebrar su propio cumpleaños. Más que un aspecto sentimental, es un problema financiero.

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Y es que después de gastar todo el aguinaldo de diciembre y con los excesos que le siguieron por “vacaciones” o por ir aunque sea un finde al arroyo para aplacar el agobiante calor o por el estrés al recordar que “los Reyes” todavía tienen que llegar y los niños cada vez son más exigentes, además está el problema de la lista de útiles, cuota, inscripción y hasta uniformes que ya comienza a picar el bolsillo.

No, enero no tiene nada de gracioso. Sin plata, con un calor que hasta los diablitos se encierran en el infierno para poder sobrevivir y los cobradores que recorren las calles en moto como si el combustible fuera gratis, enero se hace cuesta arriba para cualquier persona normal.

Si logramos escapar de alguna cuota, es más que seguro que los “ajustes” llegarán tocando el timbre de la puerta para anunciar las nuevas facturas del impuesto inmobiliario –que subió 4,1 %– o las matrículas escolares.

La depresión “pos fiestas” es típica de enero tras las celebraciones puesto que se toma conciencia de que hay que comenzar a remar todo un año. Atrás quedó diciembre con las lindas intenciones de cumplir nuevas metas. Todas se fueron a la basura con enero. Lo único positivo es el descanso, la sensación de paz luego de que todos los familiares buitres que dejaron pelada la heladera han emprendido el vuelo.

Algo bastante traumático suele ser regresar al trabajo después de las fiestas, volver lentamente a la actividad laboral como si la resaca todavía latiera dentro de la cabeza. Pero como dice el dicho, “siempre puede ser peor”, entonces los que no salen de vacaciones se quedan en la empresa cubriendo las tareas habituales de los demás y deben trabajar el doble.

Como si todos los males fueran pocos, se suma el clima. Y si no tenemos que refugiarnos de alguna tormenta o atarnos a algún árbol para que no nos lleve el raudal, el calor se encarga de achicharrar la tapa de los sesos al mejor estilo del terrorífico Hannibal Lecter.

Calor extremo, cansancio, tereré a full, problemas digestivos a causa de la cantidad de morfi que metimos en el buche en estos días, aumento de peso, sudor pegajoso y hasta los mosquitos que amenazan con dengue hacen que enero sea único, imposible de dormir, con el aire acondicionado a toda potencia y el ventilador que más que soplar, hace un ruido de espanto.

Si queremos ver el vaso medio lleno y ser positivos, podemos pensar que al menos la ciudad está con menos tránsito, pero claro, al mismo tiempo los colectivos se retrasan más que de costumbre, así como los servicios. No es lo mismo pedir una pizza en diciembre que en enero. En diciembre llega enseguida, pero en enero el delivery siempre tiene problemas con la moto o trae mal el pedido o hasta ni siquiera lo trae.

Todo este maleficio comenzó en el siglo VII a. C. cuando al rey Numa Pompilio se le ocurrió llamarle enero a enero. Claro que por entonces no se le llamaba enero sino “Ianuarius”, en honor al dios romano Jano. Dicen que a este personaje se le representaba con dos caras, una mirando el pasado y otra el futuro, algo así como el 2025 que se fue y el 2026 que acaba de llegar. Como una puerta que se cierra y otra que se abre.

Después de todo, por eso no es raro que los lunes en enero parezcan jueves y los viernes parezcan martes. Y no se termina nunca.

Etiquetas: #Curiosidades

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