• Marcelo Pedroza
  • Psicólogo y magíster en Educación
  • mpedroza20@hotmail.com

Una de las formulaciones más radicales y exigentes de la libertad en la filosofía contemporánea la despliega Jean-Paul Sartre (1905-1980), y lo hace en su obra “El ser y la nada”, en la cuarta parte, la cual identifica con el título “Tener, hacer y ser”.

Lejos de concebirla como una facultad psicológica o como un atributo añadido al sujeto, el filósofo francés la sitúa en el núcleo mismo de la realidad humana.

Cuando afirma que “la condición indispensable y fundamental de toda acción es la libertad del ser que actúa”, no describe una capacidad eventual, sino una estructura ontológica, desde donde el ser humano no actúa porque es libre, sino que es libre en tanto actúa.

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Para el profesor Sartre, la acción no se explica por una cadena causal de motivos preexistentes. Por el contrario, es la acción la que instituye retrospectivamente sus móviles y fines.

“La acción decide acerca de sus fines y sus móviles”, sostiene, subrayando que el para-sí no encuentra el sentido de su obrar dado de antemano, sino que lo produce en el mismo acto de comprometerse con el mundo. La libertad no se ejerce sobre motivos ya constituidos, sino que los configura.

Esta concepción conduce a una tesis decisiva considerando que la libertad no es un estado interior ni una experiencia puramente reflexiva, sino una praxis.

Y afirma “la libertad se hace acción” y solo la alcanzamos a través de las acciones que ella misma organiza. Entonces, el hombre se descubre libre no en la introspección, sino en la situación, en el vínculo concreto con el mundo. Por consiguiente, la libertad es siempre situada, encarnada, comprometida.

En este marco, la voluntad ocupa un lugar específico. La voluntad no funda la acción ni garantiza su autenticidad, la modaliza; es “una manera de ser con respecto a la libertad”. Decidir voluntariamente no significa ser más libre, sino adoptar una forma reflexiva y deliberada de una libertad que ya estaba en juego.

Esta ontología de la libertad ha tenido una influencia decisiva en el desarrollo de la psicología existencial y humanista, sus voces retoman la idea sartreana de la responsabilidad radical del sujeto frente a su propia existencia, reconociendo que el individuo no es un mero producto de determinismos internos o externos, sino un agente activo en la construcción de sentido.

Dándole paso a la noción de proyecto vital, a través del desarrollo de la capacidad del sujeto para orientarse, decidir y asumir su vivir.

Desde esta perspectiva, la libertad no es una abstracción filosófica, sino una experiencia concreta. Asumir la propia libertad implica asumir la posibilidad de una vida auténtica.

Etiquetas: #praxis#libertad